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Colombia

Vestido de bodas

Como en tantas cosas de hoy, la anarquía se apoderó incluso de algo tan predecible como la pinta masculina en las fiestas de matrimonio. Hasta hace poco, las alternativas eran el esmoquin si se quería celebrar con elegancia, o vestido completo (traje de calle, en lenguaje protocolario) si la boda iba a ser más casual. Después estas tendencias se fueron matizando y allí fue Troya.

En una fiesta con esmoquin un querido amigo quien disfrutaba siendo diferente, decidió que nos iba a enseñar a los vallecaucanos como era vestirse bien y llegó de esmoquin tropical, con impecable chaqueta blanca y pantalón negro. Explicaba en cada mesa que así debíamos asistir a las fiestas con el cambio climático y que nuestros trajes negros eran para las frías temperaturas bogotanas.

En estas, se acercó un invitado y le preguntó a qué hora empezaba la orquesta. Un rato después, otro le dijo que le parecía haberlo visto en ‘Yo me llamo’. Una señora escurrida le indagó que si tendrían opción de platos veganos a la hora de la cena y como si lo anterior fuera poco, un prepotente gordiflón le metió un billete de veinte mil en el bolsillo y le dijo “Pa’ que me atendás bien, parne”.

Cuando sirvieron el mostrador, el dandy venía con su plato abundante en salsa pomodoro y en un hecho inexplicable se tropezó con un intrépido mesero quien con el codo le aplastó el plato en la inmaculada chaqueta. Bastaba ver la casaca y todos sabíamos qué era el bufete: crema de chontaduro, sofrito del Pacífico, tabule, alcaparrinas, goulash, etc. El saco parecía mantel de picnic de paseo de novios.

Vino la guayabera y fue peor. El sudor arruga espantoso la tela, la gente se ve sudada, las panzas levantan el frente de la prenda; no falta el de manga corta o los intensos colores que impuso Jaime Jordán, el querido notario, quien así demostraba que Prismacolor se había quedado corto en imaginación.

Los esmóquines también se llenaron de colores diversos y la competencia se hizo desigual entre aquellos que llegan del exterior con trajes de Dior o Armani mientras gran parte de los caleños llegan rentados por Orlando Marmolejo. Se nota.

Como si fuera poco, aparecieron los dress code más desconcertantes: Garden chic, Boho chic, Beach formal, Bow tie party, al punto que ante la lectura de la tarjeta y no entender, preferiríamos ir en pelota. En ese momento recordamos que somos invitados y no los novios.

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