Colombia

Una verja para contener el COVID-19, Buenos Aires teme por las villas miseria

Villa Azul y Villa Itatí, dos villas miseria de la populosa área metropolitana de Buenos Aires, están separadas por una carretera, y ahora también por la valla que cerca a Azul, con la que pretenden aislar el COVID-19 y evitar que se propague a poblaciones vecinas, donde este jueves intensificaron los testeos.

“Estamos acá cerca, puede pasar también, la gente no tiene conciencia, los chicos andan en la calle, hacen lo que quieren”, afirmó a Efe Darío Ortiz, residente de la Villa Itatí, donde hasta este miércoles se contabilizaron 22 casos y hoy las autoridades comenzaron una campaña de pruebas masivas para conocer la expansión del virus.

Este vecino se mostró satisfecho por el aumento de pruebas y recordó lo difícil que es contener la pandemia sin las adecuadas condiciones de higiene (a su casa no llega el agua) y con una situación económica de por sí precaria que la pandemia agravó.

“Trabajaba en el Subte (metro), era vendedor ambulante, pero como no nos dejan laburar (trabajar), por el tema de la pandemia no podemos, estamos sobreviviendo con lo que nos da la gente, lo que nos da el presidente”, aseguró.

MIRANDO A AZUL

Los vecinos de Itatí, donde según el último censo de 2018 viven 15.142 personas, ven como a escasos metros un cordón policial y verjas metálicas impiden desde este fin de semana el acceso y salida de personas en Azul, una población mucho más pequeña de alrededor de 4.000.

El Gobierno de la provincia de Buenos Aires tomó esta medida ante el aumento de casos detectados en la villa, y el ministro de Seguridad provincial, Sergio Berni, afirmó que fue pensada para ese lugar en concreto, por lo que no todos los asentamientos populares seguirán la misma suerte.

“Los infectólogos entendieron que para este momento y con este paciente había que aplicar este tratamiento”, afirmó este miércoles Berni a los medios presentes en una de las entradas a Villa Azul, al que tampoco la prensa tiene permitido el acceso.

Las restricciones afectan también a los proveedores de los comercios que funcionan dentro de la villa, por lo que la mayoría de tiendas están cerradas y los vecinos sobreviven con los alimentos que las autoridades les entregan.

Graciela, una de las vecinas de Azul, recibió un paquete con suministros básicos que incluía “harina, aceite, arroz, azúcar, fideos, un paquete de sal, garbanzos y un bidón de lavandina (lejía)”, aunque afirma que en su casa, en la que viven tres personas, esos alimentos duran “como mucho tres días”.

“No nos dejan salir afuera, es mercadería, está buen, agradezco que me la dieran, pero si no tenés carne, no tenés verdura ¿Cómo cocinás?”, afirmó a Efe.

Esta vecina tiene internadas a su hija y a su nuera por coronavirus, y reclama que el grupo sanitario entre en la villa y realice los controles casa por casa, ya que asegura que ahora los vecinos tienen que acudir a la unidad de testeo que las autoridades instalaron en la entrada de la villa -a la que llaman “la salita”- para someterse a la prueba.

“Lo que queremos es que entre el grupo de sanidad acá adentro, porque si no nosotros tenemos que salir a la salita y en la salita hay 800 personas, ese es el miedo de la gente”, aseguró a Efe.

ESTIGMATIZACIÓN Y DESIGUALDADES

Graciela aseguró que se siente conforme con el dispositivo policial en la villa, aunque considera que el aislamiento contribuye a su estigmatización.

“Los que no viven acá pueden decir ‘bueno, si son unos negros de mierda, son villeros’, la gente pasa por el acceso, te mira como si tenemos un virus que le vamos a contagiar a 20 metros, y no es así”, destacó.

Gabriela Romana, otra de las vecinas, asegura que la villa se está utilizando como “conejillo de indias”, y denuncia las desigualdades que se viven adentro como resultado de una rareza urbanística: una parte del barrio pertenece al municipio de Avellaneda y otra a Quilmes, dos localidades que aportan de forma diferente.

“Nos vamos repartiendo entre los vecinos de acá, es injusto también que por sectores políticos puedan llegar cosas para esa gente y para la otra gente no, si somos todos Azul, acá nos divide una calle, somos todos una villa, todos tenemos el mismo derecho”, destacó a Efe.

Raúl Brites forma parte de la población de riesgo debido a una enfermedad renal crónica que requiere tres sesiones de diálisis semanales y que desde el pasado viernes no puede recibir.

“Eso es de vida o muerte”, señaló a Efe tras regresar a su hogar del hospital donde lo ingresaron este lunes para recibir una diálisis que nunca llegó.

“Estoy todo hinchado, no me suministraron medicamentos, esa es mi situación, tuve que venirme por voluntad propia”, concluyó.

El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, aseguró que aplicarán medidas de aislamiento en los lugares que sea necesario y que no es algo “exclusivo de los barrios populares”, aunque por ahora solo se produce en Villa Azul bajo la atenta mirada de la vecina Itatí.

EFE

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