Colombia

Un Virgilio Barco del siglo XXI

Desde hace más de 50 años, cuando los castristas promovían los secuestros de aviones y enseñaban a los universitarios las técnicas de sabotajes para convertirlos en la romántica figura de “guerrilleros”. Desde esa época, Colombia vive hasta en los huesos la pesadilla, el riesgo permanente de caer en sus redes (como ya cayó Venezuela). Desde cuando comenzaron a promover los secuestros y las “liberaciones humanitarias”. Desde que se inventaron el rentable negocio de los “procesos de paz”, los comodines colombianos del castrismo, cada vez camuflados con diversidad de nombres, caracterizan las contiendas, poniéndonos a votar por los procuba, o votar en contra de ellos, en este último caso por un candidato que por malo que sea, al menos nos garantice las libertades y la oportunidad de votar nuevamente, cada 4 años.

Aquí ya no hay ideologías de partido, o se es procuba o se es anticuba, situación que ha dado fuerza al nuevo término del quehacer nacional, la “polarización”, profundizando los odios, la radicalización y el difícil retorno al entendimiento entre los colombianos. Como cuando nos matábamos por ser rojo o por ser azul.

La preocupación que vuelve a surgir es si en la elección presidencial de 2022 caeremos nuevamente en la trampa de los rótulos, por un lado, los procuba, izquierdosos o castrochavistas; por el otro los anticuba o paramilitares, extrema derecha o enemigos de la paz.

Estamos a tiempo para sepultar esos radicalismos, que cada vez nos hunden más en el desgobierno, en la corrupción (que por igual practican unos y otros), en la violencia, en la pobreza, en el desencanto por la política y por tanto en millones de votos perdidos. Hay colombianos de bien, de capacidades para gobernar, que desgraciadamente le han sacado el cuerpo a la política, en vista de los matoneos a que deben someterse, convivir con personajes poco recomendables… Entre todos debemos rescatarlos, estamos a tiempo.

Uno de esos colombianos que nos parece oportuno recuperar para las presidenciales es Alejandro Gaviria, a quien asimilo con el ex presidente Virgilio Barco, del siglo XXI: prudente, pero frentero, inteligente, ilustrado, respetable y respetuoso, no genera rechazos, trabajador, de excelente trayectoria y nada de comulgar con corruptelas ni con malas compañías. Cero politiquero, como lo necesitamos.

Ingeniero que ha practicado en la empresa particular. Economista que se ha destacado en Planeación Nacional, en el BID y en Fedesarrollo. Educador, dos veces en la Universidad de Los Andes, la última de las cuales como su rector. » Yo creo que educar es un parte importante de gobernar», dijo en alguna oportunidad, poniéndolo en práctica constantemente.

Como ministro de Salud (2010-2018) es gratamente recordado por haber creado el Instituto de Evaluación Tecnológica en Salud (IETS)​, llevando a cabo la compra de medicamentos de manera centralizada, a la vez que llevó a cabo la regulación de precios de muchos medicamentos, ahorrando costos al estado y a los ciudadanos. A través de una serie de entrevistas y conferencias, el ministro Gaviria iba explicándonos cada una de las medidas que iba tomada, de manera didáctica y Con honradez.

Qué bueno vivir una campaña presidencial en donde nos motivemos con un programa de gobierno enfocado a soluciones realistas y concretas para nuestros gigantescos problemas. Erradicando los temas de batalla como “volver trizas” el “acuerdo de paz”; el populismo de colectivizar la propiedad privada; el recurso de Uribe (y su nuevo, pero espumoso “uribito”) como supremo y único hacedor; el encantador recurso de los subsidios; generosas pensiones sin aumento de edad; generalización de transporte sin energías fósiles; más y más beneficios para las minorías étnicas; cero tributos para los estratos populares; oposición por oposición, etc., etc. Anulando a buena parte de los politiqueros corruptos y voltiarepas, para dar paso al voto de opinión.

La pos pandemia, mayor inseguridad y desempleo, el auge de la ola inmigratoria, la estanflación venezolana y el expansionismo de su dictadura, estarán coincidiendo con nuestra elección presidencial. Momento que exigirá de un presidente de la República que sepa dar tratamiento igualitario a salud y economía, como aspectos fundamentales de Gobierno. Un candidato y presidente que no se enrede en las tradicionales polémicas inútiles sumidas en agresiones, respetuoso y respetable, que supere el círculo vicioso de procuba o anticuba. Ese debe ser Alejandro Gaviria, o en últimas, alguien que se le parezca, un Virgilio Barco del siglo XXI.

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