Colombia

Un panorama incierto

El choque desatado por la pandemia de covid-19 está impactando todas las áreas de la economía, en especial las finanzas públicas. Tanto las medidas sanitarias y las cuarentenas como las restricciones a buena parte del aparato productivo mundial han generado golpes a la oferta y la demanda global tan duros que han empujado las mayores intervenciones estatales en la economía en décadas.

Colombia no es la excepción. Tras un dinámico arranque en enero y febrero, la irrupción del covid-19 afectó y ejerce hoy una histórica presión, tanto sobre los ingresos como sobre los gastos públicos. El hundimiento de la actividad económica –un 20 por ciento en abril, según el Dane–, los desembolsos extraordinarios para enfrentar la pandemia, que alcanzan el 2,5 por ciento del PIB, y otros efectos, desequilibraron la planeación fiscal del Gobierno Nacional para 2020.

La crisis sanitaria y económica del coronavirus justificó la decisión de suspender el mecanismo de la regla fiscal para abrirle al Gobierno un más amplio margen de maniobra en gasto para enfrentarla. El documento del ‘Marco fiscal de mediano plazo’ (MFMP), publicado por el Ministerio de Hacienda, marca la hoja de ruta del Ejecutivo para manejar los efectos de la pandemia en las arcas públicas.

No generó mayor sorpresa que el nuevo déficit fiscal para este año haya alcanzado el 8,2 por ciento del PIB, una cifra sin precedentes. El ‘Marco fiscal’ pronostica un desplome de -5,5 por ciento del PIB nacional y una disparada de la deuda del Gobierno hasta el 65,5 por ciento del PIB.

No obstante, dadas las magnitudes del choque que atraviesa la economía, desplegar altos niveles de gasto anticíclico en hogares y empresas para limitar la debacle, acudir a mayor endeudamiento e ir reabriendo gradualmente los sectores productivos son las recetas que la mayoría de las economías, ricas y emergentes, están implementando. De hecho, según Goldman Sachs, los niveles de deuda global hoy se acercan a los picos de la Segunda Guerra Mundial.

Lo anterior no es óbice para señalar algunas alertas tanto en las prioridades del gasto público hoy como en los supuestos que sostienen los caminos para regresar a la senda fiscal pre-pandemia en los próximos dos años. Por ejemplo, el Gobierno podría ponderar un uso más focalizado de los recursos destinados a los apoyos empresariales. Priorizar una reactivación económica en los sectores como construcción e infraestructura, que más rápido generen puestos de trabajo en la emergencia, contribuiría a la protección tanto del tejido empresarial como del empleo. Los esfuerzos deben concentrarse en cimentar una recuperación, pero con generación de empleo, que mitigue la dolorosa secuela social que dejará la pandemia.

Además, no se puede olvidar que estos dineros no son ilimitados. La ruta de salida de estos subsidios gubernamentales debe estar clara porque el Estado no puede sustituir de manera permanente la actividad económica.

Otras alertas que ha despertado el ‘Marco fiscal’ tienen que ver con la naturaleza del rebote que el Gobierno está proyectando para la economía en 2021. Asumir, por ejemplo, que todos los gastos extraordinarios generados por la pandemia, 2,5 por ciento del PIB, desaparecerán el año entrante es una apuesta arriesgada. De hecho, la Casa de Nariño tendrá un duro reto político cuando empiece a cerrar la llave de los subsidios, las ayudas y las transferencias monetarias. Es probable que algunos de estos canales permanezcan más allá de diciembre.

Los recursos públicos para manejar esta emergencia no son ilimitados y deben ser destinados estratégicamente a mitigar el impacto social de la pandemia y a los sectores que generen empleos.

En esa misma línea está la idea de que “en 2021 los ingresos fiscales crecerán”, la deuda pública cae del 65,6 por ciento al 60,5 por ciento y hay un crecimiento del PIB de 6,6 por ciento. Asimismo, el Gobierno cuenta con ventas de acciones en Ecopetrol e ISA por unos 12 billones de pesos. Este es un monto considerable, mucho mayor que enajenaciones anteriores, donde también entrarán en juego pulsos políticos y las condiciones del mercado del momento.

Este complejo panorama, incluidas estas proyecciones, está construido bajo un alto grado de incertidumbre tanto del desempeño macroeconómico como de la evaluación de la pandemia. En otras palabras, riesgos latentes y probables hoy, como una continuación y endurecimiento de los confinamientos en el país, una lenta recuperación económica global o el empeoramiento de los choques sociales y laborales, empañarán aún más este sombrío escenario.

La responsabilidad actual es destinar ese gasto de manera estratégica y prudente para la recuperación con empleo y prepararse para el drástico ajuste, con reforma incluida y en año preelectoral, de 2 puntos del PIB para el 2022.

EDITORIAL


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