Colombia

Sin odios ni rencores

Edelberto de la Ossa

La historia de Colombia tiene un común denominador copiado de la formación de los Estados: surgen, se desarrollan y generan formas de gobierno bajo la violencia, brotan con guerras, se mantienen en la guerra; así, hemos vivido de guerra en guerra, generado violencia y destrucción durante 210 años de vida Republicana, donde la paz es programa de gobierno.

Basta repasar nuestra historia, desde la independencia hasta nuestros días, sin mencionar el descubrimiento de América y la época colonial hasta la independencia: pura guerra; lo cual, muy seguramente, se lo atribuimos a los intereses personales de nuestros dirigentes, a la lucha por el poder y a la ambición del hombre; en fin, hemos desperdiciado nuestro potencial humano y la riqueza de nuestro país en todos los sentidos.

Colombia es un país en crisis, situación que es un hecho notorio, que no necesita diagnóstico de ninguna naturaleza, así las cosas, no es el momento de medir fuerzas políticas, es el momento de desarmar el espíritu, demostrar la grandeza de lo que estamos hechos los colombianos y hacer un nuevo contrato social, que traiga consigo grandes transformaciones en beneficio de nuestras comunidades, como cuota inicial de la gran deuda que tenemos con estas.

No podemos seguir enfrentados de extremo a extremo; enfrentamientos que solo desencadenan que el pueblo, nuestras comunidades, sean las únicas perdedoras. La polarización y el fanatismo nos han llevado a un callejón sin salida, teniendo como agravante los tiempos de esta crisis pandémica, en virtud del cual se han visto a flor de piel y se han traslucido en mayor forma las problemáticas sociales.

Los partidos y movimientos políticos, como también los grupos significativos de  ciudadanos, deben apartar sus egos, intereses, odios y esa lucha cruda por la conquista del poder, para atender la convocatoria urgente y agónica del pueblo colombiano; sería la hora de que los “coroneles” de esos partidos y movimientos, que por segunda vez, en la historia de Colombia, escuchen un grito desesperado que no sería el del General Simón Bolívar pidiendo auxilio, sino del pueblo colombiano haciendo un llamado urgente y necesario: “Coroneles salven ustedes la patria”.

En concordancia, y con el fin de aunar esfuerzos y no dejar toda la carga propositiva a estas instituciones, desde la academia proponemos que para “salvar la patria” debemos impulsar una verdadera reforma en la educación y un programa diseñado para una distribución justa y adecuada del ingreso familiar; propuestas destinadas a recuperar el tiempo perdido y el atraso que nos está significando la situación del Covid -19. Se trata de lograr consenso sobre lo primordial y prioritario, como dijo el líder conservador Álvaro Gómez Hurtado: “Hagamos un acuerdo sobre lo fundamental”. Hagámosle. “y a la carga”, como dijera el gran líder liberal Jorge Eliecer Gaitán.

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