Colombia

Santos se salva

A Ernesto Samper jamás se le pasó por la mente que en 1994 iba a empatar en primera vuelta contra Andrés Pastrana, con 2’600.000 votos. La diferencia fue de 19.000 votos. Algo parecido, pero peor, le pasó en 2014 a Juan Manuel Santos con su reelección, cuando era absolutamente inimaginable que Óscar Iván Zuluaga pudiera ganarle en primera vuelta al Presidente en ejercicio. Pues le ganó. Logró sacarle cuatro puntos porcentuales, con 29,26 % sobre 25,68 %. En ambas campañas, cada una en su época, cundió el pánico. Había que enderezar la segunda vuelta, y para eso no hay sino una solución: plata.

Samper había rechazado los ofrecimientos de aportes que, desde sus inicios, venía haciéndole el cartel de Cali. Creía que podía ganar sin esa ayuda. Pero las circunstancias cambiaron drásticamente en la segunda vuelta, y la campaña terminó abriéndoles resignadamente sus compuertas a las fortunas de los hermanos Rodríguez Orejuela.

Siguiendo con el paralelo, Santos tampoco tenía en segunda vuelta los fondos necesarios para derrotar al uribismo. Y apareció Odebrecht, que para el momento todavía no era el actual símbolo de podredumbre corporativa. Es decir: los Rodríguez Orejuela eran los buenos de los malos y, en cualquier caso, no era tan grave como recibirle plata a Pablo Escobar. Por su lado, Odebrecht no era el narcotráfico, sino supuestamente una empresa respetable que podía aportar fondos sin problemas por debajo de la mesa.

Al cabo de los años, Samper fue acusado de recibir dineros del narcotráfico. El tesorero de su campaña, Santiago Medina, aturdido por el escándalo que subía como espuma, dijo alguna vez que si él pisaba el primer escalón de la Fiscalía, lo contaría todo. Cuando lo pisó, lo contó, en un detallado libro, La verdad sobre las mentiras, antes de morir.

Juan Manuel Santos no tiene a un Santiago Medina encima. Tiene a tres. Todos delatores o potenciales delatores. Uno de ellos, el empresario Esteban Moreno, quien supuestamente recibió y transportó más de 5.000 millones procedentes de Odebrecht rumbo a la campaña, ya dijo que si le tocaban una muela incendiaría al país. Los otros dos son el exgerente de la campaña Roberto Prieto, quien ofreció inmolarse por su jefe, siempre y cuando lo trataran pasito. Y el parlamentario apodado Ñoño Elías, quien consiguió parte de la plata de Odebrecht para comprar votos. Y quien estuvo de moda esta semana porque, en unas audiencias en el juicio contra el exdirector de la ANI Luis Fernando Andrade, demostró estar dispuesto a salpicar a la campaña y al gobierno Santos a cambio de una rebaja de pena.

El epílogo de la historia del presidente Samper es que fue absuelto por la Comisión de Acusación de la Cámara (o la ‘Comisión de Impunidad de Rebaño’, como ahora la apoda sarcásticamente la revista Semana). El caso Santos probablemente también llegará allá, a la Comisión de Acusación, donde lo más seguro es que le espere el mismo resultado. Solo hay una pequeña (¿o gran?) diferencia.

Cuando Samper fue juzgado por la Comisión, él era el Presidente y, como tal, manejaba los puestos y el presupuesto, que alcanzaron para repartir a diestra y siniestra entre los representantes a la Cámara, a muchos de los cuales se les compró descaradamente el voto. En cambio, Santos hoy es expresidente y, en materia de puestos y presupuesto, ya no tiene la sartén por el mango. Ese solo hecho haría que la dinámica de su caso en el Congreso pueda tener diferencias significativas, porque, a falta de poder maniobrar, lo de Santos puede irse más hondo.

Sin embargo, la vida enseña que muchas veces no importan las exoneraciones. A Donald Trump también lo absolvieron como presidente. Pero como expresidente, sus cuentas de impuestos podrían convertirse en la revancha que espera obtener el medio país que cree que Trump debe pagar de alguna manera por la violenta toma del Capitolio.

En el caso de Santos no hay fotos, no hay videos, no hay cheques. Incluso, su acusador, el exparlamentario ‘Ñoño’ Elías, cometió inconsistencias en esas audiencias, y dio varias versiones que, según admitió, solo sabía de oídas. Hasta llegó a llamar sus mentiras “estrategias de defensa”. Pero ni aun la forma brillante como el abogado del exdirector de la ANI, Albeiro Yepes, acorraló al ‘Ñoño’ alcanzó para avalar la cuestionada transparencia de la financiación de la campaña santista.

Probablemente Juan Manuel Santos también se salva, así como no hubo condena para Ernesto Samper. Pero en ambos casos, las declaraciones de los delatores serán el veredicto de la historia para la opinión pública.

Entre tanto... Según el robot explorador Perseverance, en Marte no pasa nada, pero pasa de todo.

MARÍA ISABEL RUEDA

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