Colombia

Santiago Mesa: fotografía y dolor en una ciudad herida

El fotógrafo antioqueño, ganador del Sony World Photography Awards 2020 por una imagen sobre represión policial, ha construido un registro sensible del conflicto urbano en Medellín desde la prensa de crónica roja. Con sus imágenes le recuerda a la ciudad que la suya es una violencia reciclada.

Al iniciarse la década de los noventa, Medellín era la ciudad más violenta del mundo. El narcotráfico, las ‘escuelas’ de sicariato y una profunda desigualdad social sumieron la capital de Antioquia en cuadros de terror que se fueron convirtiendo progresivamente en paisaje: uno de cada cuatro de los homicidios del país ocurría en la ciudad –según datos de la investigación ‘Medellín: memorias de una guerra Urbana’, en 2017–.

Para 1991, la ciudad acumulaba 6.810 asesinatos, 18 muertos diarios; el peor registro en la historia de la ciudad de la Eterna Primavera.

Al año siguiente de esta inimaginable cifra de muertos en Medellín nació Santiago Mesa, el hijo de una familia clase media alta y uno de los miles de jóvenes colombianos que crecerían viendo en televisión y fotografías la migración –y posterior expansión– del conflicto armado rural a las grandes capitales del país.

Mesa es fotógrafo, pero antes estudió Comunicación Social y Periodismo en la Universidad Eafit de Medellín. Su trabajo con imágenes periodísticas empezó en 2015, cuando decidió buscarle un norte a su inquietud por la violencia en la ciudad donde creció, y encontrarle matices a la conocida guerra entre combos que minaba la vida de jóvenes en los barrios populares de Medellín. Con eso en la mira llegó a trabajar en el periódico regional El Colombiano y, luego, al diario de crónica roja Q’hubo, de la misma casa editorial.

En ese momento veo que al hombre lo están atacando entre varios del Esmad, pero son muy agresivos. Me acerco y hago las fotos. Después, los del Esmad me jalan la cámara, todo un tropel

En 2015, Medellín salió del listado de las 50 urbes con mayores tasas de homicidios del planeta. Por ese tiempo Mesa comenzaba a recorrer las calles de Medellín buscando historias que retrataran la violencia urbana que aún vivía en los barrios.

Así hizo ‘En el centro de Castilla’, una serie fotográfica sobre un combo criminal de la ciudad. “El crimen ha mutado y han surgido nuevos métodos. Corre el rumor de que entre las pandillas criminales hay una paz hablada”, explica Mesa en el texto introducción de la serie.

El fotógrafo de 28 años, que pasa una temporada de seis meses de estudio en Alemania, fue premiado en abril pasado con el premio Sony en la categoría de fotografía callejera por una imagen que muestra la represión del Esmad en medio de una protesta en Medellín.

Ahora, cuando el mundo se ha consternado por la imagen de un policía blanco estadounidense asfixiando al afroamericano George Floyd, y que esta ha revivido profundas desigualdades e injusticias, las imágenes de Mesa resultan una crónica necesaria sobre la expresión de la violencia social (estructural) colombiana, pero también sobre las violencias recicladas de un país (y de una ciudad) que sigue dejando a diario hijos y hermanos muertos e impunes en las calles.

Su trabajo es de una línea de denuncia callejera y enfocado en el conflicto urbano en Medellín. ¿Cómo encontró este punto de partida?

Empiezo a hacer una historia sobre cómo funciona una pequeña facción de una pandilla de Medellín: los jóvenes que se ‘parchan’ en la esquina a vender al menudeo drogas y que cobran extorsión en el barrio. Estoy con ellos como ocho meses, los documento. Luego de ese año paso al periódico 'El Colombiano', ahí sigo interesado en estos temas y como por relacionarme más con ese interés pido que me pongan de lleno con el 'Q’hubo'. Eso me hace estar todo el tiempo en la calle y conocer las historias reales. Me empiezo a dar cuenta de que en Medellín todos los días hay homicidios; uno sabe eso, pero hasta que no está ahí en la calle, viéndolo todos los días, de verdad no se lo cree. Entonces empiezo a seguir varias de estas historias. Yo sabía que lo de la violencia me interesaba porque es una guerra de hace mucho en la ciudad, y siempre me he cuestionado mucho cómo es posible que la Policía sepa dónde están las plazas de vicio, dónde venden, quién es la gente y nunca pase nada. Y todo el día hablen de que capturaron no sé a qué persona, que cogieron no sé cuánta droga, pero las plazas siguen funcionando. Mi interés principal es la fotografía documental más que la periodística, porque la de un diario no te permite relacionarte de lleno con un tema, pues lo que hacés hoy es lo que sale mañana; mientras que en la fotografía documental vos seguís un tema durante un largo tiempo. Uno los temas los va construyendo por los intereses propios, pero también algo de azar, es algo fortuito también, se va creando a medida que uno va preguntando y cuestionándose las cosas.

¿Cómo fue acercarse con la cámara a un espacio más íntimo de la dinámica criminal de la ciudad?

Fue muy interesante porque me enfrenté con una realidad que vive día a día Medellín, que son estos jóvenes que se pueden ver en las esquinas en la mayoría de los barrios de Medellín vendiendo droga al menudeo, pero además de eso son seres humanos común y corrientes, que por distintas razones terminan involucrados en esta delincuencia, casi siempre tiene que ver con falta de oportunidades y ausencia del Estado. De alguna manera pude ver esa otra cara más humana.

Trabajando en el 'Q’hubo' tuvo que fotografiar decenas de homicidios, y sus fotos tienen un tono de ojo adolorido por lo que le toca ver. ¿Se considera una especie de testigo callejero?

No sé si un testigo, me parece una palabra que utilizan mucho los fotoperiodistas con la que no estoy muy de acuerdo. Yo creo que nosotros solo somos un medio para mostrar algo que está pasando. Obviamente, eso se ve reflejado en mis imágenes porque son personas que me duelen, somos personas que compartimos la misma ciudad, somos hermanos... Generalmente son jóvenes, casi siempre de mi edad más o menos, es una cagada. Es una guerra que estamos viviendo en la ciudad hace más de treinta años, que es la guerra contra el narcotráfico, y que el Estado sigue peleando y perdiendo de la misma manera, mientras los narcotraficantes siguen haciendo lo mismo de siempre.

Hace poco recibió el Sony Awards 2020 por una fotografía que tomó en medio de una protesta en Medellín ¿Cuál es la historia de esa fotografía?

Fue en diciembre del año pasado, en la madrugada, en el centro de Medellín. Los funcionarios de Espacio Público retiraron las ‘chazas’ y los puntos de venta de los vendedores ambulantes, y cuando ellos llegaron por la mañana no estaban sus puestos ni cosas, entonces se alborotan y se toman un par de calles de la ciudad que paran una circulación vehicular importante. Mandan al Esmad, y se enfrenta con ellos. Como acababa de pasar el paro nacional, todavía los estudiantes estaban haciendo marchas. Algunos de ellos se unieron, hubo varios enfrentamientos, un par de focos de revuelta. Y en esos momentos veo que a este hombre lo están atacando entre varios policías del Esmad, pero son muy agresivos con él: lo están pisoteando, le pisan los testículos, le pisan un pie. Me acerco con la cámara, hago las fotos. Después se me acerca a mí el Esmad, me jalan la cámara, todo un tropel.

Paro 21N de Santiago Mesa

Fotografía tomada en Medellín durante las manifestaciones del Paro Nacional que se extendieron por todo el país a finales de 2019, y publicada en el periódico 'Q'hubo' de Medellín.

¿Cree que al país le hace falta una fotografía más de denuncia social?

Creo que hay muchas fotografías hechas por colombianos que funcionan como denuncia, la mayoría de fotógrafos están enfocados en problemáticas sociales. Pero el poder de las fotografías llega hasta ahí, es muy raro que las fotografías sirvan para cambiar algo.

¿Tomar fotos como la del Sony Awards, con escenas de represión policial, no lo deja con una sensación de impotencia?

Claro que me deja una sensación de impotencia, sobre todo porque como fotógrafos no tenemos el poder para cambiar las cosas; que un trabajo fotográfico logre cambiar algo es muy difícil, pero tampoco creo que esa sea la función de la fotografía. No me parece posible que alguien pueda ver esta violencia tan cerca y no sentir muchas cosas. Y creo que la mejor manera de procesarlo es entender que es un proyecto que muestra una problemática muy grave y que puede servir para que la gente se enfrente a eso y que se dé cuenta que eso pasa.

Mucho de su trabajo es en la calle, con escenas de segundos. ¿Cómo ha ido elaborando ese encuentro con lo efímero?

Yo creo que eso es una mezcla de todo. Eso es como cuando un escritor está encontrando su voz. Igual pasa con la fotografía. Me he ido mucho por el periodismo del día a día, de los medios, entonces estos cinco años llevo disparando prácticamente todos los días, constantemente resolviendo fotos de manera rápida, ágil y sencilla. Además, también me he movido por el campo del arte, hice una maestría en Artes Plásticas y Visuales en la Nacional, entonces eso me ha ayudado a fusionar arte y fotografía, esta pausa que da el arte que no tiene el periodismo del día a día: de volver a pensar las imágenes.

¿Pero le angustia tener que cubrir hechos tan fugaces que es muy probable que no los vuelva a tener, o ya no?

Obvio, me angustia, y más si uno trabaja para un periódico que espera que lleve la imagen. Hay momentos en los que uno tiene que estar con el ojo del periodista, estar superatento a lo que está pasando y al instante preciso, eso es muy del periodismo; pero también lo documental y lo artístico te da esa pausa que te deja reflexionar y construir con otra intención.

¿Qué imágenes ha hecho estos días de pandemia?

Hay demasiadas imágenes, estoy abrumado de ver máscaras y máscaras y guantes... y, bueno, es un hecho que hay que documentar, obviamente. Aquí en Hannover (Alemania), la situación está muy tranquila, nunca han impuesto cuarentena obligatoria, se puede salir máximo de a dos, pero casi todo está cerrado. Yo estaba haciendo un poco de street photography, pero además, para una de las clases de mi beca tenemos que hacer un diario de coronavirus. Todo es un poco extraño, como que la gente está tranquila en la calle pero a la misma vez hay una tensión rara. En general, los alemanes son un poco reacios, no les gustan las fotos, es difícil acercarse a ellos… Me hace falta eso de Medellín.

KAREN PARRADO BELTRÁN - ESCUELA DE PERIODISMO MULTIMEDIA EL [email protected]

Football news:

This is the best Milan in years: superkambekom with Juve (3 goals in 5 minutes!) saved the intrigue in Serie A
Zlatan Ibrahimovic: I am the President, player and coach! If I had been in Milan since the start of the season, we would have taken the scudetto
Sarri on the defeat by Milan: we played first-class football for 60 minutes. Then-turbidity
Pioli on the victory over Juve: Milan became a team. We can play even better
Pioli beat Juventus for the first time as a coach
Vardy has scored 10 goals for Arsenal in Premier League matches. Only Rooney has more
Ronaldo scores or gives an assist in 17 consecutive Serie A matches, where he scored 25 (21+4) points