Colombia

Samper y la verdad en modo huepa-JEP

El jesuita De Roux, quien preside la Comisión de la Verdad, es un hombre de muy alta estatura moral. Es de desear que el material altamente tóxico que en virtud de sus funciones en la comisión le debe de haber pasado todos estos meses por sus manos no logre haberlo contagiado de radiación, que termine disminuyendo el nivel de vigilancia de su conciencia, de que el objetivo es conseguir la verdad verdad.

Por eso me extrañó que el día de la diligencia en la que Ernesto Samper fue a contar “su verdad” del proceso 8.000 y del asesinato de Álvaro Gómez ante la Comisión de la Verdad, De Roux se comunicara con Enrique Gómez, abogado de la familia, y con Mauricio Gómez, hijo del líder asesinado, para pedirles que no fueran ese día, para que no coincidieran con Samper, porque, según les dijo, una cosa era la verdad histórica, que aportaría Samper, y otra, la judicial, que aportarían ellos. El abogado Gómez accedió, no sin antes advertirle al padre De Roux que la verdad es una sola. Aplazaron su visita para mañana.

Es importante que el jesuita los escuche, porque si alguien quisiera destrabar las piezas procesales que reposan en la Fiscalía y que yo vi con mis propios ojos, este magnicidio ya estaría esclarecido, con base en los siguientes elementos: la participación del cartel del norte del Valle, aliado con policías corruptos y políticos muy cercanos electoralmente a Samper y a Serpa, como lo fue Ignacio ‘Nacho’ Londoño Zabala (q. e. p. d.), quien moriría años después asesinado en su propia salsa.

Esta versión, pues, está bien lejos de la de Samper. Para quien a Álvaro Gómez lo asesinó un grupo de conspiradores cuando este se negó a encabezarlo, y lo mataron porque “sabía demasiado”. ¿Cómo sabrá Samper que Álvaro Gómez se negó? ¿Sería que Álvaro, el único que podía afirmarlo con certeza, se lo contó? ¿O forma parte de la construcción fantástica del complot?

No es improbable que de lo que Samper llama complot haya habido remedos, en reuniones y tertulias de gente que se juntaba a hablar mal de él, como hoy de Duque; pero fueron complots infantiles, muy lejos de tener la capacidad de producir un golpe de Estado, y menos con uniformados de categoría y liderazgo suficientes para tumbar a un presidente. La ruta militar no solo era irreal, sino imposible.

Pero que la Comisión de la Verdad se vaya a quedar con la “verdad” de Samper de que la plata del cartel de Cali entró a sus espaldas obligaría al padre De Roux a abrir en sus archivos un capítulo de un fenómeno único en el mundo. Que en Colombia toneladas de billetes ilegales entraron a una campaña presidencial bajo la estricta condición de que su beneficiario, el candidato, jamás se enterara. Un gesto humanitario que los Rodríguez seguramente esperarán que les paguen en el cielo.

Pero quizás uno de los puntos más ofensivos, que raya en la mentira más crasa, tratando de enlodar a los demás, sea que, según Samper, en esta última versión la culpa del asesinato de Álvaro Gómez la tuvo el fiscal Alfonso Valdivieso, porque este se negó tajantemente a abrir un proceso contra la conspiración. “Quizás si lo hubiera abierto, Álvaro Gómez estaría vivo”, dijo Samper.

A la conspiración no solo se culpa de la muerte de Gómez, sino de la entrada de dinero a su campaña, del asesinato del chofer de Horacio Serpa y de las heridas que le hicieron a su abogado Antonio José Cancino, atentado al que le aparece un autor novedoso y bien interesante: según Samper, eso fue la DEA. Y preguntado Serpa acerca de ello, respondió escuetamente: “Me suena”, revelando una tremenda ligereza en cuanto a su apreciación de los hechos.

A esta verdad que afanosamente intenta reunir De Roux le vienen atravesando una montaña, que no es sino la inmensa fantasía de un complot sobre el que han montado las hipótesis, los corolarios y las deducciones sobre el origen de los hechos que de manera tan tremenda sucedieron en ese gobierno de Ernesto Samper.

El jesuita De Roux debería buscar esa verdad en EE. UU., con la desclasificación de documentos de la época, incluyendo las declaraciones del contador Pallomari. Pero si quiere ir más rápido, que vaya a la Fiscalía y pida el expediente de Álvaro Gómez. Eso sí, desocupe media oficina porque hay mucho papel muy documentado, y guarde tiempo para tramitar el asombro y respirar tranquilo, si puede, cuando lea lo que allí se dice que se descubrió, y que 25 años después tiene a ciegas a la justicia y completamente apagada a la verdad.

Entre tanto... Despelote ante las declaraciones de Aida. ¿Quién se tomará en serio la libertad de quien está presa de Maduro en Venezuela para contar la verdad?

MARÍA ISABEL RUEDA