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Colombia

¡Pura paja!

El poder de la oración ha movido al planeta por siglos. Tan fuerte es la oración que funciona aun contraviniendo su esencia: ‘oratio’ (que en latín hace referencia a expresiones orales), pues quienes creen en ella como forma de comunicarse con su creador la practican también de manera íntima y silenciosa. La oración es el idioma que inventamos para hablar con divinidades que solo nos contestan en la medida en que creamos que lo hacen.

Antes de que el infierno cristiano fuera definido como un estado de vacuidad por la ausencia de Dios, durante siglos lo representaron con llamas que consumían al pecador condenado. En razón de ese mito (que millones hoy siguen considerando tan real como los de la costilla, el arca o la torre), parece natural invitarnos a orar por la Amazonía.

Sacerdotes y personas de fe vienen convocando a sesiones multitudinarias y cadenas de rezos por las selvas que arden en Brasil. Sí: por el infierno que amenaza a ese bosque tropical del que solo nos acordamos cuando lo vemos en documentales de la National Geographic.

Monseñor Sergio Gualberti, arzobispo de Santa Cruz de la Sierra, lidera a miles de bolivianos en la tarea de elevar plegarias al cielo. La idea es que, en su camino hacia el Altísimo, las oraciones perforen las nubes y se produzca un moderado diluvio sobre aquella región de la que todos hablamos como expertos, sin tener ni la mínima seguridad de saber si se escribe o no con tilde.

No hay oración que genere lluvia, al menos desde la perspectiva de las leyes de la física, pero que mucha gente se ponga de acuerdo para compartir pensamientos positivos no puede desestimarse. Orar no produce lluvia, pero tampoco hay evidencia de que haga daño. “Como cristianos –dijo Gualberti–, no podemos quedarnos indiferentes”.

Ese es precisamente el problema, monseñor: la indiferencia alrededor de lo que en la vida diaria podemos hacer para que el mundo no transite a cloaca. Manuel Rodríguez Becerra, para quien la defensa del medio ambiente es algo serio, recuerda que, mientras el presidente Iván Duque declara públicamente que “Colombia quiere ser líder de la protección de la biodiversidad y nuestra Amazonía”, la realidad es algo menos emotiva.

Cuidado: nada más peligroso que el fuego cuando se tiene rabo de paja

Hablando de presidentes, Becerra sostiene que la indiferencia de Jair Bolsonaro es trágica, pero el escándalo sobre el bosque tropical amazónico ha debido estallar hace años. De acuerdo con el Global Forest Watch, iniciativa independiente que ofrece datos en tiempo real de lo que pasa con espacios como la Amazonía, en un año la humanidad acaba con 17 millones de hectáreas de bosque tropical.

“Colombia tiene rabo de paja”, dijo Becerra en Caracol Radio. “Ahora estamos acusando a Brasil, y resulta que en 2017, los campeones mundiales en deforestación fueron Brasil, la República Democrática del Congo, Indonesia, Madagascar, Malasia, Bolivia, Colombia, Paraguay y Mozambique”. Somos alumnos aventajados en el selecto curso de países que destruyen los bosques, por lo que ambientalistas como Becerra sienten que la política de Duque en este sentido es tímida.

Loable el interés de Duque, pero presentar a Colombia como gran líder en la lucha contra la deforestación no es más que una oración (en el sentido gramatical) a la que le hacen falta un par de años de trabajo y resultados para saber si tiene más savia que saliva. Cuidado: nada más peligroso que el fuego cuando se tiene rabo de paja.

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Grima. Hay tantos generales pillados diciendo mentiras, como confirma revista ‘Semana’, que habría que invitarlos al polígrafo. Nos ahorraremos una licitación: el Ejército conserva los aparatos usados para ‘cazar’ a los uniformados que han denunciado irregularidades.

GUSTAVO GÓMEZ CÓRDOBA

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