Colombia

Ospina y el Salsódromo

Las casualidades no existen. Existen las causalidades. No es coincidencia, ni capricho del destino, que al alcalde Jorge Iván Ospina le haya llegado la semana pasada el ‘chicharrón’ de tener que trasladar este año a otro lugar de la ciudad el desfile del Salsódromo.

Esta situación es, si se quiere, un simpático caso de ‘reclamación de paternidad’. Porque fue Jorge Iván el hombre que, hace doce años, le dio vida a ese ‘niño’ que hoy empieza a padecer los problemas propios de quien se asoma a la ‘pubertad’.

A este ‘chico’ -amado por unos, odiado por otros, desconocido e incomprendido por la gran mayoría- le llegó la hora de irse de su casa, en la Autopista Sur. Allí ya no puede estar. En ese lugar tan crítico para la movilidad de Cali ya no cabe, no puede crecer, genera conflictos con los vecinos, resulta peligroso, estorba.

Por una feliz circunstancia, que quizá tampoco sea una casualidad, en los últimos ocho años tuve la oportunidad de verlo crecer. Y de ayudarle, desde una instancia llamada Comité Conceptual, a comunicarse, a caminar, a interactuar con el mundo que le rodea.

Y por eso puedo decirle a Jorge Iván que la decisión que deberá tomar en estos primeros días de su segundo Gobierno, sobre ese ‘hijo’ llamado Salsódromo, no es un asunto menor. Todo lo contrario: es un arma de doble filo. O puede pasar a la historia como el mejor ‘papá’ del mundo, o ser recordado como uno de esos tipos vergonzantes que apenas si le da el apellido al niño, pero después se olvida de sus obligaciones y se esfuma para siempre.

Dejando las metáforas a un lado, frente a esta situación el Alcalde tiene hoy el chance de convertir un gran problema en una enorme oportunidad. Y para lograrlo, creo yo, es preciso definir acciones para resolver lo urgente, sin desatender lo importante.

Lo urgente es definir dónde se hace este año el Salsódromo. Hay un poco más de diez opciones en estudio técnico en este momento, pero sea cual sea la decisión que se tome, inevitablemente esa no será la solución óptima.

Hay quienes creen equivocadamente que un desfile de la magnitud del Salsódromo se puede organizar en una semana, cuando la realidad es que para hacerlo se necesitan diez meses de trabajo. Así las cosas, ahora solo hay tiempo para definir un nuevo sitio y asegurar una reubicación temporal lo menos traumática posible.

Pero lo importante es empezar a construir, hoy mismo, los cimientos de una solución estructural y definitiva a esa gran carencia que le resta competitividad a Cali: no contar con un espacio adecuado para la realización de grandes eventos públicos.

Como lo he sostenido desde hace varios años, Cali sí tiene el lugar para construirlo -el predio de la Base Aérea Marco Fidel Suárez-, pero la falta de voluntad de nuestra clase dirigente, la desatención de la ciudadanía y la falta de visión del estamento militar, sepultaron el año pasado esa opción.

Jorge Iván Ospina tiene el desafío de buscar una nueva. Y tiene las herramientas para lograrlo. Es preciso reconocerle que fue el gestor de la mayor transformación física que ha tenido Cali en los últimos años.

Y también que, durante la campaña, demostró entender claramente la poderosa relación existente entre espacio público, cultura, desarrollo y economía.

Innegablemente, la Feria de Cali evolucionó durante los últimos ocho años. Dejó de ser una fiesta parroquial para volverse un evento internacional. Pero es preciso admitir también que hoy tiene el reto de recuperar su conexión con los caleños como fiesta auténticamente popular. Ese niño llamado ‘Salsódromo’ es clave para lograrlo. Y para desarrollar todo el potencial socioeconómico que tiene la cultura de la Salsa. Ojalá Jorge Iván no olvide lo que significa ser buen ‘papá’.