Colombia

Organización presidencial y gabinete

Difícil imaginar un cargo más demandante y complicado de ejercer que la Presidencia de la República. Por eso, a lo largo de décadas se han ido compilando experiencias organizativas para lograr el requerido equilibrio técnico y político.

En los años noventa se implementó en Colombia la idea de los cienciopolitólogos de acercar a economistas-abogados técnicos a las realidades políticas. Algunos salieron espantados al conocer la ‘mermelada’ requerida para pasar ciertas leyes en el Congreso. Otros entendieron que era preferible ejercer como tecnopolíticos en Colombia antes que el amargo autoexilio en Washington, añorando su lugar de origen entre expatriados.

El balance de la penetración tecnopolítica en Colombia ha sido relativamente exitoso. Se ha consolidado la democracia después del Frente Nacional (1958-1970), la pobreza se ha reducido al 28 % (la mitad de hace tres décadas), y se ha logrado expandir la clase media hasta representar el 38 % del total. Así, el modelo tecnocrático iniciado por Lleras Restrepo se fue consolidando con Barco y Gaviria para dar lugar a su expresión en la Constitución de 1991.

La clave de esos exitosos gobiernos estuvo en tener un norte socioeconómico claro que perseguía ganancias en competitividad global. No obstante, sus ejecutorias y las de ulteriores gobiernos han dejado mucho que desear en este frente de apertura comercial, dados los persistentes atrasos en infraestructura y la prevalencia de la mentalidad rentista que hemos venido señalando. En muchas ocasiones se ha tenido la voluntad política, pero se desfallece en el frente organizativo dentro del Gobierno.

La administración Duque da la impresión de enfrentar la doble problemática de falta de capacidad política para posicionar la requerida agenda, y carencia de adecuada organización interna. Frente a los graves problemas de sobrecostos laborales, energéticos y de transporte, el Gobierno ha venido cavilando en sus ‘retiros espirituales’ sobre las prioridades que deberá encarar tras los cambios en las carteras de Interior, Agricultura y Salud. Cabe aplaudir, en cualquier caso, que se haya virado en la dirección de buscar mayores apoyos partidistas.

Esperemos que no prevalezca en el Gobierno la línea temerosa de la legislación para satisfacer a la galería de ‘millennials’, en general desinformados sobre la problemática nacional. La mayor cohesión partidista debería servir para encarar los cambios estructurales, pues de lo contrario se agravarían la fragilidad fiscal, el alto desempleo-informalidad y el estancamiento en crecimientos, que tan solo ahora asoman al 3,3 % anual del último quinquenio.

Este segundo encuentro organizativo dentro de la administración Duque ojalá sirva para hallar un verdadero ‘chief-of-staff’ tras la sentida salida del Dr. Moreno. La tradición había sido que alguien con verdadero ‘seniority’, a veces proveniente de las vertientes políticas y otras del empresariado, guiaba en el día a día a presidentes inclusive más maduros que Duque. McKinsey ya le había recomendado a la Administración moverse en esa dirección hace un año, pero las acciones gubernamentales no han ido en esa sabia línea.

Rara vez un presidente dispone de suficiente tiempo para hacer seguimiento al cronograma y la consistencia de las tareas ministeriales, luego es allí donde el jefe de gabinete debe ejercer su comando por conocimiento, y no simplemente por presunción jerárquica. Si falla el factor organizativo en el mismo corazón del Estado, no deberá sorprendernos que no aparezcan claras frente a la opinión pública las prioridades de la agenda estructural ni su liderazgo ante los partidos políticos. La experiencia de los ‘tecnopols’ debería terminar imponiéndose frente a la liviandad juvenil.

SERGIO CLAVIJO