Colombia

Maradona, víctima del negocio del fútbol

El Mundial de Fútbol es el evento deportivo que mueve más gente, más recursos económicos y que desata más pasiones y emociones. Está por encima de las diferencias lingüísticas, ideológicas, religiosas y culturales y en esto radica su inmenso poder. Veamos algo de esta historia. La Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) nació en 1904 gracias a siete países de Europa interesados en promover este deporte; lentamente se fueron sumando otras naciones, sin embargo, en 1921 el francés Jules Rimet asumió la presidencia, consiguió reunir a 85 federaciones y organizó cinco mundiales de fútbol, pero atravesando dificultades económicas. Todo cambió desde 1974, en la presidencia del brasileño Joao Havelange, quien durante 24 años de su administración la convirtió en una empresa multimillonaria. Atrajo nuevas federaciones de Asia, África y Oceanía, e ingresaron enormes recursos por publicidad y por derechos de transmisión de los eventos.

En 1998 fue elegido el suizo Joseph Blatter y se empezó a vivir otra época de gloria por el avance de la tecnología, especialmente de la televisión; y la FIFA se convirtió en un estado supranacional, en un mundo globalizado, con más países afiliados que la ONU. Entonces el fútbol se transformó en el deporte más popular, en el mayor espectáculo del mundo y en una gigantesca empresa, donde todo se convierte en dinero: los jugadores son los reyes del mercado, la publicidad se toma todos los espacios y la venta de derechos de transmisión, la transferencia de jugadores y la preventa de entradas a los estadios, producen multimillonarios ingresos a la FIFA y a las cadenas de funcionarios. En esta danza de los millones aparecen la corrupción, el soborno, el tráfico de influencias y el lavado de dinero.

El Pelusa o el Pibe de Oro

Diego Armando Maradona nació en Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 30 de octubre de 1960, en un hogar humilde conformado por sus padres y ocho hermanos. Desde niño el fútbol fue su pasión y dejó los estudios porque permanecía haciendo malabares con el balón. En 1969 ingresó a las divisiones inferiores del Club Argentinos Juniors y cuando tenía 10 años el diario El Clarín destacó sus virtudes con una nota que decía: “Había un pibe con porte y clase de crack”. El 20 de octubre de 1976 inició su debut en la Primera División, con su equipo Argentinos Juniors; después del partido dijo, emocionado: “Toqué el cielo con las manos”. En agosto de 1979 debutó en el Mundial Juvenil, donde Argentina se llevó el campeonato. El capitán Maradona levantó la Copa.

La consagración

La fama lo atropelló en forma vertiginosa e inició su vinculación a los clubes europeos. En 1981 está en el Fútbol Club Barcelona, en 1984 en el S.S.C. Napoli y en 1992 en el Sevilla Fútbol Club. Con la selección de su país participó en cuatro campeonatos mundiales: España (1982), México (1986), Italia (1990) y Estados Unidos (1994). Alzó la Copa en México y logró el subcampeonato en Italia, pero en el mundial de Estados Unidos sólo participó en dos partidos porque dio positivo en un control antidopaje y fue suspendido y sancionado. Donde mejor brilló fue en México 86. En los cuartos del final Argentina enfrentó a Inglaterra (los jugadores de ambos equipos recordaban que cuatro años antes se había producido la guerra de las Malvinas entre sus países). El partido se jugó el 22 de junio en el Estadio Azteca de la ciudad de México. A los 51 minutos se produjo el gol de “la mano de Dios”. En el segundo gol Maradona partió desde su propio campo, eludió a seis jugadores antes de rematar y convertir el tanto. Este es considerado el gol del siglo.

Pero crecía su prestigio y se disparaban los problemas personales. El 26 de abril de 1991 se encontraba en su apartamento de Buenos Aires con algunos amigos cuando varios policías allanaron su vivienda y lo acusaron de posesión de drogas, pagó la fianza, lo liberaron, y la justicia le ordenó someterse a un tratamiento de rehabilitación. El 2 de febrero de 1994 atacó con un rifle de aire comprimido a varios periodistas y fotógrafos que hacían guardia en la puerta de su casa, en Moreno, fue condenado a dos años de prisión, quedó en suspenso, pero condenado a indemnizar a los periodistas.

Después del periplo por Europa, Maradona tuvo una etapa con muchos altibajos debido a los problemas de salud por su afición a las drogas. El 10 de noviembre de 2001 realizó el partido de su despedida en la Bombonera, entre la Selección Argentina y un combinado de estrellas donde jugaron Carlos Valderrama y René Higuita. Después del partido pronunció otra de sus célebres frases: “Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha”. Las tribunas estaban abarrotadas de gente llorando que gritaba y cantaba: “Maradoooooo, Maradoooooo”

Abandonó la actividad deportiva debido a los excesos de comida y al abuso de la droga, y llegó a pesar 120 kilos. En marzo de 2005 se sometió a una cirugía (bypass gástrico) en Cartagena de Indias, para controlar su peso, y en pocos meses bajó 50 kilos.

Superados los problemas de salud le ofrecieron conducir el programa de televisión “La Noche del 10”; para la primera emisión, 15 de agosto de 2005, invitó a Pelé, con quien mantenía un enfrentamiento en los medios desde hacía años. Se dio el lujo de invitar a personalidades de la dimensión de Roberto Gómez Bolaños (Chespirito) y Mike Tyson; para la charla con Fidel Castro viajó a La Habana y entrevistó a su amigo a quien conocía desde 1987; allí le mostró el tatuaje de su rostro que tenía en la pierda izquierda. La serie fue exitosa y resultó ganadora de los Premios Clarín Espectáculos 2005, en la modalidad de Mejor Programa de Entretenimiento y Mejor Producción. Además obtuvo el Martín Fierro en la categoría de Producción Integral.

Enemigo de los poderosos

Maradona se convirtió en símbolo, en heroe deportivo, pero sobre todo para los sectores populares. Además, tenía ideas de izquierda, amigo de Cuba, de Fidel Castro, de Hugo Chávez, pero crítico de la política hegemónica de George W. Bush. También se enfrentó a los poderosos dirigentes de las federaciones y equipos del norte italiano, como representante de los “oprimidos”, los pobres del sur de Italia.

Antes de que se iniciara la Copa México 86, habló con los jugadores de Italia y de Brasil para que se rebelaran contra la FIFA y cambiaran los horarios de los partidos, pues a las doce del día o a la una, con semejante sol, la contaminación y la altura, se iban a morir. Joao Havelange quedó resentido con el “Maldito Cabecita Negra” por el intento de rebelión, sin embargo le tuvo que dar la mano y entregarle la Copa del Mundo; ese día juró tomar venganza contra Maradona, castigo que se concretó en el Mundial de Estados Unidos, en 1994.

En la Liga Italiana lo suspendieron 18 meses acusado de haber jugado un partido con el Nápoles bajo los efectos de la droga. Dicen que lo castigaron porque era el capitán de los argentinos que eliminaron a Italia en el Mundial del 90, y la dejó por fuera de la Copa. Además fue culpable por recordarle a los italianos del sur que el norte siempre los había humillado.

En noviembre de 2005 Maradona fue protagonista por su participación en la Cumbre de los Pueblos, en Mar de Plata, Argentina, evento que se organizó en oposición a la IV Cumbre de las Américas organizada por la OEA. En la Cumbre participaron Evo Morales, candidato a la presidencia de Bolivia, Hugo Chávez, Silvio Rodríguez, Adolfo Pérez Esquivel y las madres de la Plaza de Mayo. Por todo esto los poderosos no podían ver a Maradona “con buenos ojos”, porque la Cumbre de los Pueblos se enfrentaba al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), firmado en Miami para excluir a Cuba; en este evento se repudiaba también el protagonismo de George W. Bush.

Por último, Maradona falleció el pasado 25 de noviembre y su muerte estremeció al pueblo argentino, pero también al mundo deportivo, especialmente a los amantes del fútbol ¿Cuál es la razón para semejante conmoción? Porque representaba a los pobres y a los desvalidos. Había ofrecido a los argentinos una salida a la frustración colectiva, después de tantos años de dictaduras y de crisis económica y social. El mismo pueblo lo transformó en ídolo porque el fútbol desata pasiones y emociones, por encima de las diferencias lingüísticas y culturales; todo esto se convirtió en un torbellino que atrapó sin piedad a Maradona. Solo ahora descansa en paz. Murió el ídolo y empieza la leyenda.

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