Colombia

La vida le sonríe en EE. UU. al 'niño ángel' del Chapecoense

Un viejo refrán que algunos padres le repiten a sus hijos dice que a quien bien actúa, bien le va y pese a que esto no siempre se cumple, hay excepciones como en el caso de Johan Ramírez.

En Colombia, y en algunos países del mundo, este joven es conocido como el ‘niño ángel’ del Chapecoense, pero a él ya no le gusta que lo llamen así porque dice que ya creció, que no es ningún niño. Eso sí, las críticas que sigue recibiendo por parte de personas que usan ese apodo para burlarse de él no tienen nada que ver. Nunca le importaron.

“Cuando yo le digo así por broma me dice: ya apá, soltala, despegala, yo ya soy un hombre”, cuenta entre risas Miguel Ramírez, su padre.

El pasado 2 de julio Johan cumplió 19 años y hace cuatro su vida le cambió para siempre por un suceso trágico que jamás imaginó presenciar, ni mucho menos auxiliar.

Un estruendo los despertó a él y a su padre en la noche del 28 de noviembre de 2016. Estaban dormidos en su rancho, ubicado en la vereda Pantalio del municipio La Unión, Antioquia, a pocos metros de donde cayó el avión que transportaba al equipo brasileño de fútbol Chapecoense.

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Dos años tragedia Chapecoense

Johan y su padre ayudaron a los rescatistas a sacar del sitio a los sobrevivientes del siniestro.

Foto:

Guillermo Ossa / EL TIEMPO

Apenas escucharon el ruido salieron a encontrarse con una dura realidad, pero sin pensarlo dos veces tomaron la decisión de ayudar a rescatar a los sobrevivientes del siniestro que le quitó la vida a 71 personas.

Johan y Miguel conocían de memoria la montaña y gracias a ello lograron guiar a los rescatistas para sacar de allí a las personas que aún quedaban con vida. El joven ayudó a tres jugadores y un tripulante. Su padre, por su parte, a la azafata y el periodista Rafael Henzel, quien falleció en marzo de 2019 por causa de un infarto.

Desde entonces, y especialmente cuando trascendió en los medios de comunicación la historia de Johan, este joven antioqueño se convirtió en una celebridad en su pueblo. En medio del luto que se vivía en Colombia y en Brasil por la tragedia, pasó a ser un héroe y la vida no ha parado de regalarle recompensas por la valiente ayuda que brindó cuando tenía apenas 15 años.

“Johan es un muchacho bendecido por Dios. No es porque sea mi hijo, pero qué muchacho para ser buen ser humano, buen hermano, buen amigo. De todos se hace querer. Yo me siento muy orgulloso de él, de su gran corazón. No necesito mentir, ese muchacho es todo”, afirma Miguel.

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Miguel Ramírez

Miguel Ramírez, el padre de Johan.

Foto:

Esneyder Gutiérrez / EL TIEMPO

Es innegable notar en su voz el cariño y admiración que siente este padre por Johan. Incluso dice que más allá de ser su progenitor, es su mejor amigo. Toda la vida han sido muy cercanos y la relación se afianzó aún más luego del lamentable suceso.

Pese a que antes pasaban los fines de semana juntos realizando las labores del campo en su casa, hoy están separados. El pasado 27 de septiembre, mes en el que habilitaron los vuelos internacionales en Colombia por la pandemia, Johan partió hacia la Florida, Estados Unidos, para cumplir otro sueño: estudiar inglés en el exterior.

Miguel narra que un día Johan llegó y le dijo: “Papá, le voy a hacer una pregunta: ¿Usted qué piensa de que yo me vaya a estudiar inglés? ¿Me apoya?”, a lo que su padre respondió: “Mijo, si eso le va a permitir a usted avanzar y cumplir su sueños, cuente conmigo”.

Yo me siento muy orgulloso
de Johan, de su gran corazón. Es un niño bendecido por Dios

En Colombia alcanzó a estudiar tres semestres de Administración de Empresas en una universidad de Rionegro, Antioquia. Entrar allí fue posible gracias a la beca ‘Jóvenes ciudadanos de paz’ que le otorgó el expresidente Juan Manuel Santos durante su gobierno como parte del reconocimiento para agradecerle su solidaridad.

Este agricultor, quien se dedica a cultivar y a cuidar cinco fincas en La Unión, admite que no ha sido fácil estar separado de su hijo por la fuerte amistad que mantienen. Sin embargo, asegura que la tristeza no es capaz de enterrar el orgullo que siente al ver que su hijo está creciendo personal y profesionalmente.

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A diario se comunican por WhatsApp y hacen videollamadas. Johan los llama a él, a su madre y a su hermanita de diez años, quien es su adoración. Ya les ha enviado algo de dinero de lo que ha conseguido en estos dos meses trabajando en las noches en un restaurante. “Siempre ha sido muy berraco para trabajar. No piensa en nada más que su familia y en sacarla adelante”, narra Miguel.

Johan planea estar en Estados Unidos al menos seis meses. O bueno, eso era lo que tenían planeado porque ahora, al parecer, el joven anhela con quedarse a vivir allá. Dice que en ese país “la plata sí se ve”.

Johan Ramirez
Foto:

Cortesía familia Johan Ramírez

A su padre le dijo que si quisiera podrían trabajar para que todos se fueran para allá, pero esa no es una alternativa para Miguel, quien dice que no se iría jamás de Colombia. “A mí que me deje acá con mis animales, mi legumbre y mi agricultura. Si él decide quedarse, lo encomendaré a Dios, pero yo por allá no me voy a vivir”, dice también entre risas.

Y mientras Johan descubre un nuevo mundo en Estados Unidos, Miguel permanece en Colombia haciendo lo que lo apasiona. Cuenta que aunque están separados, siempre estará ese pasado que los une y que es imposible olvidar, especialmente para él que frecuenta a diario el lugar del siniestro.

Cada tres o cuatro veces por semana debe pasar por ahí. Es una parada obligatoria en el camino que debe recorrer para visitar a su hija y a la madre de la pequeña, quienes viven en una vereda de La Ceja, Antioquia.

Se detiene, reza un padre nuestro y pide por las personas que murieron allí. Poco piensa en las escenas fuertes que tuvieron que ver ese día, más bien se le atraviesan por su mente los sobrevivientes que él, su hijo y el equipo de rescatistas ayudaron a salvar.

Con ellos no han tenido comunicación últimamente. Cada quien ya siguió viviendo su camino e intentando reconstruir la vida después de la tragedia.


En la vida de Johan, por su parte, un nuevo capítulo se sumó a esa lista de sueños y experiencias inolvidables que ha vivido: tener una casa propia, viajar a otros países, conocer a los jugadores del Real Madrid y a James cuando aún hacía parte de ese equipo, recibir la Orden de Caballero en Brasil y ahora, estudiar en el exterior.

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Aura Saavedra Álvarez
Redactora ELTIEMPO.COM
En Twitter: @AuraSaavedra_

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