Colombia

La ley de la jungla

Por: Monseñor Froilán Casas Ortiz

Nuestra cultura es una cultura marcada por la anarquía. Sale una ley y ya se le busca “la comba al palo”, o sea, hecha la ley, hecha la trampa y nos reímos de lo lindo. Tenemos un colectivo que nos enseña a buscar padrinos para que nos “salven” de la pena, -y sí que se encuentran por doquier: el concejal “amigo”, el diputado “cercano”, el funcionario venal, etc.-. Vivimos culturalmente en un salvaje Oeste, aquí tiene la razón quien tiene más fuerza. Cada quien hace lo que le venga en gana y no aparece la autoridad que imponga el orden y el respeto al otro. Le pagamos impuestos a un Estado ineficiente, un Estado permisivo y complaciente, un gobierno débil que se hace de la vista gorda frente al irrespeto de los más fuertes, más violentos. Para la muestra, las recientes marchas marcadas por el vandalismo y la violencia. La policía resulta inerme frente al poder de los que más gritan. Y el gobierno guarda silencio.

Tenemos una Constitución que está atiborrada de derechos y no aparecen ni por los forros los deberes. Aquí reina la ley de la jungla: ¡Sálvese quien pueda! Tenemos un Código de Policía tibio y ¡cuidado, ay de que alguien lo haga cumplir! Le llegan rayos y centellas y fácilmente es judicializado. Las ciudades resultan un caos total, cada quien ocupa el espacio público como se le da la gana; cada quien estaciona en donde quiera y no aparece ninguna sanción. ¿Dónde están los indicadores de desarrollo y de prosperidad, si el país está descuadernado? Según la ONG Trasparencia Internacional, Colombia sigue campeando en corrupción. Mucho discurso y poca práctica. Llevamos más de ocho meses sin fiscal General de la Nación y no pasa nada: ¡La omnipotencia de la Corte! Hay ciertas instituciones públicas que viven en permanente  paro,  deciden levantarlo y… entonces, entran en vacaciones colectivas. ¡Qué país tan disfuncional! ¿Por qué no hacen paro quienes sufren el desempleo pues ellos sí están sufriendo y al hacerlo no devengan salario? Claro, tan bonito hacer paro sin que se afecte el bolsillo y quienes trabajamos, seguimos pagando impuestos, que a propósito padecemos un Estado alcabalero –bueno, si los impuestos se tradujeran en buenas vías, buenos hospitales, alta calidad en la educación, buen servicio a la salud-, entonces sí que vengan los impuestos. Tenemos una mentalidad anárquica que busca siempre la ley del atajo. A todo buscamos esquivar la ley. Tenemos una cultura indómita en educación ciudadana. ¡Qué horror! La intimidad y privacidad del acto sexual entre humanos se puede hacer en un salón de clase y todo en favor del respeto al libre desarrollo de la persona.

Ahora los animales, los ríos, los bosques son sujetos de derechos y el ser humano está al servicio de los mismos. ¡Qué esperpento! Todo se ha convertido en axioma cultural. Los que pensamos distinto estamos resultando unos especímenes raros, -parece que vamos en vías de extinción-. Hemos llegado a una nueva tiranía, la tiranía del relativismo moral: lo que hoy es bueno mañana puede ser malo y viceversa. Definitivamente necesitamos un LEE KUAN YEW.