Colombia

La épica obra del Claustro Jesuita en Cartagena, ilegal en su época

Una placa en madera, centenaria y carcomida por el salitre, ubicada en la esquina de la Calle de la Ronda, en el Centro Histórico de Cartagena, es el preámbulo de una historia apasionante de más de cuatro siglos que enfrentó a la monarquía española con la iglesia católica.

Esta es la crónica de un litigio que solo pudo ser zanjado tras un siglo de cruce epistolar, a través de los mares, entre los reyes de España, una docena de gobernadores de la provincia de Cartagena de Indias y los padres jesuitas.

“Por haber sido construida la muralla en terrenos que les pertenecían, se autorizó a la Compañía de Jesús a levantar su colegio sobre ella. La solución no fue, sin embargo, del agrado de los imperios que amenazaron con demoler la obra de Dios que se mantiene incólume…”, señala en uno de sus apartes la vieja placa en listón, que recuerda esta historia que parece extraída de una novela macondiana.

El pleito, que duró más 100 años, dejó huellas en la ciudad, y los turistas que pasan por la calle de La Ronda, la única de la Ciudad Colonial ubicada entre dos murallas, evidencian el exabrupto arquitectónico con un claustro, de estilo conventual colonial, y sus extensos balcones, que descansan sobre una muralla de cuatro siglos.

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La obra duró un siglo y más y enfrentó a dos poderes: La Monarquía Española y a Los Jesuitas.

La apasionante historia de Cartagena recuerda que la obra duró un siglo y más y enfrentó a dos poderes: La Monarquía Española y a Los Jesuitas.

Foto:

John Montaño/ EL TIEMPO

Los Jesuitas inician su obra en Cartagena

Las obras para la primera casa de los jesuitas en Cartagena, sede del Colegio de la Compañía, fueron ejecutadas bajo la dirección del padre Diego Torres y se iniciaron en 1605, entre la Calle de la Salceda, hoy Calle San Juan de Dios, y la antigua Plaza del Muelle, donde actualmente se encuentra la Calle de la Ronda.

Allí atracaban, a comienzos del siglo XVII, los barcos repletos de esclavos provenientes del África, cuando las calles polvorientas del joven puerto aún olían a mortecino.

El proyecto tuvo un presupuesto anual de cuatrocientos pesos de oro, aportados por el obispo.

En 1620 se traza la construcción de la muralla, hasta aquel entonces en proceso, sobre el lote del colegio, dejándole sin posibilidad de ensanche a la institución, ante lo cual se genera un conflicto que lleva a la compañía a construir sobre la muralla parte de su colegio”, señala la diseñadora industrial y museógrafa Linda Zurek, asesora de la comunidad jesuita que actualmente realiza un proceso de restauración para la conservación del claustro.

El inicio de la obra de los Jesuitas en Cartagena coincide con el comienzo de la construcción de las murallas, en una época en que el puerto era uno de los más importantes del Caribe y entrada del comercio al continente.

En esos tiempos se comenzaba a construir el cordón de murallas que rodearía toda la ciudad, para protegerla del ataque de los piratas y corsarios que la habían saqueado varias veces.

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Esta vieja placa, ubicada la calle de La Ronda, la única de la Ciudad Colonial ubicada entre dos murallas, da fe de esta historia.

Esta vieja placa, ubicada la calle de La Ronda, la única de la Ciudad Colonial ubicada entre dos murallas, da fe de esta historia.

Foto:

John Montaño/ EL TIEMPO

“El ambicioso proyecto fue promovido por el Rey y estaba a cargo del ingeniero italiano Cristóbal de Roda, y avanzaba con paso firme por todo el borde de la costa alrededor de Cartagena, atravesando en su recorrido el terreno de los jesuitas”, agrega el arquitecto Gonzalo Zúñiga, curador del Museo Naval del Caribe, que opera desde hace tres siglos en el ala norte del Claustro.

Zúñiga es el autor del libro ‘Museo Naval del Caribe, reseña histórica del Claustro de los Jesuitas’, donde traza los detalles de historia sublime y real, y el cual se consigue en la entrada del museo.

Los curas contaban con el apoyo ciudadano, pero las reglas del arte militar eran precisas: se requerían como mínimo 10 metros de ancho para la muralla, y tres más para un camino de ronda detrás de ella.

Con estas medidas no quedaba espacio suficiente para continuar con la construcción del colegio jesuita.

La edificación de las fortificaciones avanzaba a paso firme con el trabajo de miles de esclavos africanos, mientras los jesuitas recurrían a las más altas instancias para proteger su inversión.

“Se quejaron ante el mismo Rey, a través del gobernador de Cartagena, don Diego Escobar. Aunque con la lentitud del manejo burocrático colonial de aquellos tiempos, la respuesta llegó de España por mar con la Armada de Galeones, ocho años más tarde, en 1626”, detalla Zúñiga en su obra.

En una misiva, El Rey Felipe III ordenaba rellenar parte de la Bahía de las Ánimas y mover la muralla 10 metros hacia el exterior de su trazado original para regresar así los predios a los religiosos.

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... una carta que viajaba en barco desde la Nueva Granada a España podía demorar tres, cinco años y más en obtener respuesta y retornar

No obstante, el mandato iba dirigido al gobernador que acababa de morir.

Este pleito duró varios años en parte por la obstinación del Gobierno local y de la compañía religiosa, y en parte ante la dificultad para las comunicaciones de la época, pues una carta que viajaba en barco desde la Nueva Granada a España podía demorar tres, cinco años y más en obtener respuesta y retornar”, sostiene el historiador Moisés Álvarez, director del Museo de Historia de Cartagena, antes llamado Palacio de la Inquisición.

Para dirimir el litigio se conformó una ‘Junta de Guerra’ que estudiaría lo ordenado por el Rey, pues la muralla ya estaba en pie y el acoso de piratas y corsarios era una amenaza constante.

A dicha junta asistieron los más altos dignatarios civiles y militares, presididos por don Luis Jerónimo Fernández de Cabrera y Bobadilla, ‘cuarto Conde de Chinchón’ y nuevo Virrey del Perú, máxima autoridad del continente, quien estaba de paso por la ciudad en su viaje hacia Lima.

También asistió el ingeniero Cristóbal de Roda, quien tenía una postura clara: ‘La muralla no puede ser movida: la prioridad de Cartagena es su defensa’.

Ninguno de los mamotretos que hoy reposan en el Museo Naval ni las postales históricas que cuelgan de las paredes, ni los papeles centenarios guardados en el viejo claustro revelan el veredicto que hizo la Junta de Guerra.

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para enmendar 'su error', los jesuitas construyeron una nueva muralla con un baluarte incluido.

Para enmendar 'su error', los jesuitas construyeron una nueva muralla con un baluarte incluido.

Foto:

John Montaño/ EL TIEMPO

No obstante, el mandato iba dirigido al gobernador que acababa de morir.

“Este pleito duró varios años en parte por la obstinación del Gobierno local y de la compañía religiosa, y en parte ante la dificultad para las comunicaciones de la época, pues una carta que viajaba en barco desde la Nueva Granada a España podía demorar tres, cinco años y más en obtener respuesta y retornar”, sostiene el historiador Moisés Álvarez, director del Museo de Historia de Cartagena, antes llamado Palacio de la Inquisición.

Para dirimir el litigio se conformó una ‘Junta de Guerra’ que estudiaría lo ordenado por el Rey, pues la muralla ya estaba en pie y el acoso de piratas y corsarios era una amenaza constante.

A dicha junta asistieron los más altos dignatarios civiles y militares, presididos por don Luis Jerónimo Fernández de Cabrera y Bobadilla, ‘cuarto Conde de Chinchón’ y nuevo Virrey del Perú, máxima autoridad del continente, quien estaba de paso por la ciudad en su viaje hacia Lima.

También asistió el ingeniero Cristóbal de Roda, quien tenía una postura clara: ‘La muralla no puede ser movida: la prioridad de Cartagena es su defensa’.

Ninguno de los mamotretos que hoy reposan en el Museo Naval ni las postales históricas que cuelgan de las paredes, ni los papeles centenarios guardados en el viejo claustro revelan el veredicto que hizo la Junta de Guerra.

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Hoy se construye un edificio en cuatro meses. En esa época las obras eran para la posteridad y un proyecto tardaba años, tal vez siglos, en ser finalizado...

El Claustro Jesuita, una obra para la posteridad

Lo cierto es que el nuevo gobernador de Cartagena, Caballero de la Orden de Santiago y Maestre de Campo de los Reales Ejércitos, don Francisco de Murga, solucionó el conflicto de la manera más salomónica y autorizó la construcción del colegio jesuita de la muralla.

La providencia, que parecía un mal chiste, violaba todas las reglas de la estrategia militar.

Pero en los cálculos de Murga, esa frontera de la ciudad no era en vulnerable y la muralla tenía allí un carácter más simbólico que defensivo.

Bajo la dirección del arquitecto Juan Mejía del Valle, futuro constructor del Castillo de San Felipe de Barajas, el colegio se levantó entonces sobre la muralla militar.

La construcción inició en 1627 y culminó 11 años después.

Hoy se construye un edificio en cuatro meses. En esa época las obras eran para la posteridad y un proyecto tardaba años, tal vez siglos, en ser finalizado. Lo curas de la época sabían que no iban a vivir para ver la gran obra arquitectónica de los Jesuitas finalizada”, señala el padre Jorge Camacho, párroco de la comunidad de Jesús en Cartagena.

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San Pedro Claver de Cartagena

Hoy, el claustro, además de ser uno de los escenarios de la obra pastoral de la comunidad Jesuita, facilita actividades de grupos culturales y sociales ​

Foto:

Yomaira Grandett / Archivo EL TIEMPO

50 mil pesos oro tirados por la borda

El resultado final fue una suerte de fortaleza medieval con la obra de los hijos de Dios sobre una muralla construida para los guardianes de Ares.

Pero la felicidad les duró poco a los jesuitas, por lo menos solo 10 años.

Cuando el nuevo gobernador de Cartagena, Melchor de Aguilera, se bajó del barco procedente de España quedó aterrado.

Los ojos de Aguilera, militar consumado además, jamás habían visto una obra así, y menos en tiempos de guerra.

De inmediato presentó sus descargos ante la corte del nuevo Rey de España, Felipe Cuarto, y en una nueva misiva le hizo saber del desafuero a las normas militares que se estaba cometiendo en este puerto de las nuevas indias.

Pero además denunciaba cómo los jesuitas habían abierto dos puertas en la cortina de muralla debajo del colegio, lo que hacía vulnerable a la ciudad.

En 1638 regresó la Armada de Galeones a Cartagena, y en ella llegó una nueva cédula real que ordenaba la demolición del colegio, obra en la cual la Compañía de Jesús había invertido cincuenta mil pesos de oro.

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En 1620 se traza la construcción de la muralla, hasta aquel entonces en proceso, sobre el lote del colegio jesuita

¡‘Que los curas paguen la construcción de la nueva muralla’!

Desde España, el rey subrayaba que la orden para demoler el colegio montado sobre la fortaleza militar era inapelable.

No obstante, la obra más poderosa de los jesuitas no estaba escrita en roca, sino en la evangelización de millones de esclavos, y en la educación de los niños de la alta sociedad de la época, conformada por comerciantes, militares y servidores de la corona española, en la joven América.

Con esas credenciales le escribieron al mismo rey, y luego de ocho años recibieron, una vez más, una nueva cédula real en la cual el monarca ordenaba al nuevo gobernador, ahora don Luis Fernández de Córdoba, solucionar el largo litigio sin derribar el colegio.

El gobernador Fernández de Córdoba encargó del asunto a su ingeniero militar, el talentoso Juan de Somovilla Tejada, quien propuso cumplir con lo ordenado en la cédula real de Felipe Tercero años atrás, y construir frente al colegio una nueva muralla. Esta vez retirada hacia el exterior del recinto fortificado de la ciudad.

Sin embargo, el gobernador fue irreductible en su posición y furioso gritó desde la Plaza de la Aduana.

¡Que los curas paguen la construcción de la nueva muralla! -dijo.

Para los discípulos de San Ignacio de Loyola, quien había fundado su compañía en 1540 en el antiguo continente, el dinero no fue problema gracias a sus colegios y obras fundadas en el antiguo y nuevo continente, así como por su gesta evangelizadora.

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John Montaño
Redactor de EL TIEMPO
Cartagena

En Twitter: @PilotodeCometas

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