Colombia

La carta del Gran Jefe Seattle

Ante la pandemia de multinacionales mineras en el suelo colombiano, la región del Suroeste, especialmente, no ha cesado de denunciar tan nefasta intervención y no ceja en defender su tierra. En general, son las voces de los colombianos que entienden la tragedia ecológica, ambiental y social que ello ha significado y sigue significando en nuestro suelo.

La buena noticia radica en que el propio presidente de Colombia, Iván Duque Márquez, viene apersonándose del tema en foros internacionales, cosa que lo muestra como defensor de los intereses colombianos (como tiene que ser en su calidad de presidente), pone en juego su credibilidad entre sus gobernados y lo compromete en grado sumo ante el mundo, pues todos reconocemos que el Medio Ambiente es tema de agenda mundial.

Vanguardia Liberal, en su edición del martes 22 de septiembre de 2020, reseñó ampliamente que: “El presidente de Colombia, en una vehemente intervención ante la Asamblea general de la ONU, se refirió a la defensa de los páramos, citando que Colombia es el hogar de la mitad de estos ecosistemas del mundo.

En su discurso, el mandatario habló de los avances de Colombia en temas de protección de la biodiversidad y aseguró que el país logró una reducción acumulada de 30,9 millones de toneladas de CO2, y hemos dado una lucha contra la deforestación como en ningún otro momento de la historia de nuestro país, por lo que incluimos la defensa del medio ambiente como un propósito de seguridad nacional”.

En su alocución, Duque aseguró que “se han recuperado más de 6.000 hectáreas de Parques Nacionales Naturales y se impidió que 23.000 hectáreas de bosque fueran deforestadas. Esto, mientras sembramos más de 35 millones de árboles, acercándonos a nuestra meta de 180 millones de árboles sembrados para agosto del año 2022″.

Y concluyó, ante la admiración de los asambleísta de la ONU: “Colombia es el hogar de la mitad de los páramos del mundo, y hoy los invito a que nos acompañen en la creación de una Estrategia Global para la Defensa de los Páramos, con la que garanticemos la supervivencia de estos ecosistemas y la sostenibilidad de las comunidades que los habitan. Los páramos son verdaderas fábricas de agua potable y el lugar de nacimiento de las cuencas hídricas, que irriga a gran parte de nuestro territorio”.

Semejante intervención y tamaña denuncia presidencial, auspicia que él será el primer soldado contra las intervenciones extractivistas de multinacionales que, está demostrado, sólo dejan ruinas, tierras arrasadas, pobreza, aguas contaminadas, problemas sociales y pírricas divisas al país, según lo ha denunciado el propio expresidente Cesar Gaviria Trujillo, su amigo de coalición con la cual llegó al gobierno.

Esta intervención del presidente Duque, y en general las jornadas sin descanso de exalcaldes, alcaldes, diputados, exdiputados y líderes ambientales del suroeste y de Colombia entera, hacen que vuelva a mi memoria la famosa Carta del Indio: sucedió en 1854. El decimocuarto presidente de los Estados Unidos, Franklin Pierce, de tendencia esclavista y expansionista, envió una carta al jefe Seattle, de la tribu Suwamish, para comprarle los territorios del noroeste que hoy forman el Estado de Washington.

La respuesta inmediata del gran jefe indio fue entregada en una carta histórica, que hoy se considera el primer gran documento histórico que llama a la protección del medio ambiente. En uno de sus apartes, dice la carta dirigida al presidente Pierce:

(…) “Deben de enseñarle a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de nuestros antepasados. Digan a sus hijos que la tierra está enriquecida con las vidas de nuestro pueblo, a fin de que sepan respetarla. Es necesario que enseñen a sus hijos, lo que nuestros hijos ya saben, que la tierra es nuestra madre. Todo lo que ocurra a la tierra, les ocurrirá también a los hijos de la tierra. Cuando los hombres escupen en el suelo, se están escupiendo a sí mismos. Esto es lo que sabemos: la tierra no pertenece al hombre, es el hombre el que pertenece a la tierra. Esto es lo que sabemos: todas las cosas están ligadas como la sangre que une a una familia. El sufrimiento de la tierra se convertirá en sufrimiento para los hijos de la tierra. El hombre no ha tejido la red que es la vida, solo es un hilo más de la trama. Lo que hace con la trama se lo está haciendo a sí mismo”. (…).

El jefe indio, visionario y defensor de su tierra y de su agua, tal y como percibió el mundo al presidente Duque en la Asamblea de la ONU, continúa así en su carta:

“Esta agua cristalina que escurre por los riachuelos y corre por los ríos no es solamente agua, sino también la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos la tierra, ustedes deberán recordar que ella es sagrada, y deberán enseñar a sus hijos que ella es sagrada y que los reflejos misteriosos sobre las aguas claras de los lagos hablan de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo del agua de los ríos es la voz del padre de mi padre. Los ríos son nuestros hermanos, ellos calman nuestra sed. Los ríos llevan a nuestras canoas y nos dan peces para alimentan a nuestros hijos”.

Creo que los amigos del Suroeste, y en general los ambientalista y defensores de esta hermosa tierra colombiana, pulmón del planeta, en la cual están puestos buena parte de los ojos del mundo, deben sentir, en las palabras del Presidente, un espaldarazo a la sagrada misión de preservar nuestros ríos, nuestras tierras, nuestras riquezas. Nosotros, que somos un país consagrado al Corazón de Jesús, y amamos nuestra bella geografía, entendemos plenamente el final de esa carta hermosa, esa carta firmada por un simple indio, que tenía el valioso diferencial de amar a su pueblo e idolatrar a su tierra. La carta finaliza así:

“Esta tierra es preciosa, y despreciarla es despreciar a su Creador y se provocaría su irá. También los blancos se extinguirán, quizás antes que todas las otras tribus. Contaminan sus lechos y una noche perecerán ahogados en sus propios desechos. Ustedes caminan hacia su destrucción rodeados de gloria, inspirados por la fuerza del Dios que los trajo a esta tierra y que por algún designio especial les dio dominio sobre ella y sobre el piel roja.

Ese destino es un misterio para nosotros, pues no entendemos porqué se exterminan los búfalos, se doman los caballos salvajes, se impregnan los rincones secretos de los densos bosques con el olor de tantos hombres y se obstruye la visión del paisaje de las verdes colinas con un enjambre de alambres de hablar.

¿Dónde está el matorral? Destruido; ¿Dónde está el águila? Desapareció. Es el final de la vida y el inicio de la supervivencia.

Hermosa lección la que le dio un simple indio al presidente de los Estados Unidos. Tremendo discurso el del Presidente de los colombianos, al mundo. Esperemos que el efecto de la arenga presidencial ante la ONU, tenga igual fuerza y valor histórico que ha tenido la Carta del gran Jefe Seattle. Nuestros páramos, nuestros ríos, nuestra geografía, y el verde, el verde llama.

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