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Colombia

La Amazonia nos une

Junto con el dolor, las catástrofes suelen traer lecciones. La que por estos días tiene lugar en la Amazonia brasileña no es la excepción. La primera es que en materia ambiental no existen problemas limitados a un solo país. Así lo quiso mostrar en un principio el mandatario brasileño, Jair Bolsonaro, en una de varias salidas en falso en el marco de la crisis que hoy tiene en vilo al planeta. Y se equivoca.

Ya está suficientemente claro que lo que ocurra con este pulmón del planeta afecta a toda la humanidad, y no existe justificación para que un país decida su futuro a espaldas de la comunidad internacional. En este sentido, en medio de la impotencia y la desolación, algo positivo se ha visto: salvar estos bosques ha surgido como una causa común en el mundo, con respaldos muy diversos, en tiempos de fractura y polarización. Colombia tiene mucho que aportar: nuestras cifras de deforestación, que incluyen la Amazonia, siguen siendo muy preocupantes.

El caso es que Bolsonaro ya no podrá mirar para otro lado mientras otros convierten selvas vitales para el futuro de la especie en potreros a través del fuego y la tala. Ha recibido la advertencia de que millones en el planeta se movilizarán para impedirlo. Para recordarle que su cargo lo obliga a velar por el bien común y, en esa medida, no tiene alternativa distinta a actuar. Ciudadanos se lo han recordado, pero también gobiernos, como los que en días recientes le advirtieron de los costos que tendría que asumir Brasil en términos de comercio internacional –por lo pronto– de persistir en la indignante y desafiante inacción inicial frente a las llamas.

La segunda lección pasa por la importancia de contar con instituciones robustas. El desencanto de los brasileños con sus instituciones y su sistema democrático –a causa, entre otros motivos, de los escándalos de corrupción– fue lo que le abrió las puertas de la presidencia a Bolsonaro. En el plano internacional, se ha demostrado que la presión de otros Estados es eficaz para contener a quienes creen que están solos en el mundo.

EDITORIAL


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