Colombia

Inventando un nuevo país

En un país cuya historia ha sido la de la violencia, los acuerdos de paz surgen como una esperanza para la pacificación del país, para saldar las deudas con los territorios, con el campo y sus campesinos y como una forma de llamar a la cohesión social y a la reconciliación.

Como lo menciona la iglesia católica en “su capítulo undécimo de la doctrina social de la iglesia sobre la promoción de la paz”, la paz es mucho más que la simple ausencia de guerra que representa la plenitud de la vida, más que una construcción humana es un sumo don divino ofrecido a todos los hombres,” “La paz es la meta de la convivencia social” . En ese sentido urge apoyar la JEP y las instituciones creadas dentro del marco de los acuerdos de paz a fin de conocer la verdad, se fortalezca la institucionalidad democrática y se reconcilie el país de manera incluyente, con calidad de vida y en equidad.

El fortalecimiento de los territorios, su descentralización y desconcentración, así como la reforma rural integral, la sustitución de cultivos, la dignificación de la mujer y el respeto por su rol dentro de la sociedad, son temas que se plasmaron en los acuerdos de paz.

Si existiera voluntad política para la ejecución de los acuerdos, los territorios que forman parte de nuestra geografía no tendrían el trágico y triste panorama que viven en medio de una violencia generada por el accionar de estructuras criminales con intereses de algunos políticos para dominar estas regiones que consideran espacios vacíos abandonados por el Estado.

El país está perdiendo los inmensos recursos naturales y su riqueza por obra y gracia de la negligencia de un Estado inoperante que solo atiende a los intereses de unos pocos, abandonando a la mayoría de sus conciudadanos.

El pretender acabar con las instituciones que se crearon en torno a los acuerdos de paz como la Justicia Especial para la Paz, es robarle al país la oportunidad de reconciliarse, de vivir en la impunidad y en la injusticia, ahondando los resentimientos, el odio y la desesperanza.

Aquellos que pregonan la democracia, pretendiendo acabar con el poder legislativo volviéndolo unicameral, y reduciendo el poder judicial condenándolo a una sola corte, son los que desean que el país se hunda en la dictadura, cercenando la institucionalidad democrática, los derechos fundamentales y el estado social de derecho.

Un presidente que dice que no dialoga con grupos sociales porque tienen intereses políticos, entonces no representa a todo un pueblo, y desconoce lo que significan la democracia y la tolerancia.

Tenemos que llamar a la sensatez, para no dejarnos llevar por los odios y las viejas rencillas de la historia, sino unirnos en la voz del dialogo y la unidad nacional, para que en tolerancia y en un sentido de inclusión, entre todos podamos reconstruir el país que merecemos tener.

(*) Exdiplomática y escritora

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