Colombia

Gracias General Mora Rangel

26 de noviembre de 2020

Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Para ser exactos y recordar fechas y cifras, que son volátiles en la memoria, les recordamos a nuestros lectores algunas relacionadas con el denominado proceso de paz en Colombia. Comenzó en forma protocolaria en Oslo, Noruega, el día 18 de octubre de 2012, se declaró instalado el 19 de noviembre del 2012 en La Habana y se firmó el texto definitivo del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera en el Teatro Colón de Bogotá, el 24 de noviembre del 2016. O sea que cumplió el país, con todas las vicisitudes y la noche que llega, cuatro años de la dejación definitiva de las armas por parte de las Farc, de quienes firmaron y permanecen en el proceso. Las disidencias de las Farc y los paramilitares de la nueva generación, o degeneración, pertenecen sin lugar a dudas al tenebroso grupo de las bandas criminales que deben ser atacadas y repelidas con todo vigor por el gobierno actual y sus legítimas fuerzas represivas. Estas bandas, su supervivencia, no son fruto de los Acuerdos de La Habana ni del proceso de desmovilización de los paramilitares, sino de la inoperancia e ineficiencia ya inveterada de las fuerzas armadas y del fracaso de las operaciones en su contra. Hay que actuar en vez de dirigir la vista al retrovisor.

Sobre el proceso, su origen y sus consecuencias, se han derramado toneladas de tinta en los medios de comunicación, físicos y virtuales, y se han pronunciado infinito número de palabras por parte de sus defensores y sus críticos. Éstas, las que hoy escribo, ni quitan ni ponen. Solo tienen el mérito, si es que lo tienen, de que proviene de un vitalista, que ha defendido a ultranza, con miles y miles de cruzados el pregón de que LA VIDA es sagrada y que no se la deben quitar a los individuos por ninguna razón, llámese política, religión, ideología, intolerancia o como se quiera disfrazar o justificar el atroz crimen, que clama al cielo. Y que no ha dudado en respaldar cuanto proceso contemporáneo, basado en el diálogo, se ha intentado o llevado a cabo en este país masacrado, que es incapaz de sacar la muerte de su cotidianidad y la exhibe casi que como una trágica enseña o sangrienta bandera, que no debería enarbolarse en aras de las reivindicaciones ni de la imposición armada de ideario alguno. La muerte no es ética ni es moral.

Yo soy de la generación sin nombre, aun cuando hubo quienes la bautizaron como la generación del máuser (fusil alemán) o generación del Frente Nacional. Nacido en un pueblo de la provincia caldense, Anserma, desde que tuve uso de razón comencé a advertir las lágrimas en los rostros de viudas y huérfanos, vecinos o de las familias, cuando los muertos eran exhibidos como trofeos en las plazas cosidos a bala o a cuchillo y con un trapo azul o rojo cubriéndoles los ojos ya cerrados para la eternidad. Luego durante cincuenta años y hasta ahora, a diario, contemplando horrorizado las imágenes repetidas de la muerte asesina. Pero ya al borde de mi propia desaparición, soñando en que es posible derrotarla. El diálogo es el camino y lo que obtiene resultados.

Resultados que en apretada síntesis los presentó por estos días el diario El Espectador: la guerrilla más antigua de América Latina se convirtió en partido político; más de 13 mil excombatientes dejaron las armas, y el sistema de justicia transicional comenzó a esclarecer medio siglo de guerra. También, un grupo de excomandantes se rearmó, se hundieron las curules para las víctimas y ya son 242 los exguerrilleros asesinados en el país. Yo agregaría que, por primera vez, una exguerrillera, quien fue compañera del máximo jefe de las Farc, Griselda Lobo Silva, presidió las sesiones del Congreso de la República de Colombia. Y si bien no hubo fuegos artificiales ni se llenaron las calles de pendones ni de música para celebrar los cuatro años de la firma de la terminación del conflicto armado, en muchos hospitales y morgues hubo ausencia de cadáveres y heridos de soldados y guerrilleros. Gracias General Jorge Enrique Mora Rangel, ex comandante del Ejército de Colombia, por su contribución a este logro. Y a todos los demás que resulten de la implementación de los acuerdos con la guerrilla, que usted rubricó para la historia, la convivencia, la reconciliación y la paz.

Post scriptum: esta columna dejará de publicarse durante varias semanas. Salud para nuestros lectores y amigos.

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