Colombia

Gabo, defensor de los derechos humanos

Sobre la obra de nuestro premio nobel Gabriel García Márquez se han escrito miles de artículos y ensayos, pero extrañamente casi nada sobre su extensa labor en defensa de los derechos humanos y del Derecho Internacional Humanitario. Destacados historiadores han pasado por alto su labor pionera en estas materias.

En 1973, García Márquez, donó al Comité de Solidaridad con los Presos Políticos 10.000 dólares que recibió como premio literario en la Universidad de Oklahoma; junto con el periodista Enrique Santos Calderón creó la primera organización de DD. HH. en el país, el Comité de Solidaridad con los Presos Políticos, en la que participaron organizaciones sindicales como la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, la Unión Sindical Obrera, el sindicato del Banco Popular y un grupo de abogados, artistas, pintores y activistas sociales.

Participó en el Tribunal Russell, al lado de Jean-Paul Sartre, Julio Cortázar y otros destacados intelectuales. Muchos de sus artículos y entrevistas denunciaron las violaciones de los derechos humanos en Colombia y otros lugares. En otras palabras, dedicó buena parte de su tiempo al tema.

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El propio escritor, tal vez por modestia, no contó en el primer tomo de sus memorias su permanente dedicación en este campo ni dejó testimonio de sus grandes aportes en favor de la paz.

Es posible que Gabo hubiera pensado escribir algo sobre estos temas en su segundo tomo de Vivir para contarla, que no alcanzó a terminar, si nos atenemos al texto inédito que autorizó publicar la Universidad de Texas, guardiana de los archivos del nobel, en el que relata el fugaz encuentro con el papa Juan Pablo II, con el fin de tratar de comprometer al pontífice en una campaña de averiguación sobre los desaparecidos por la dictadura militar en Argentina.

“Lo primero que me impresionó de él, y que sigue impresionándome cada día más en todas sus fotos, fue su parecido inquietante con el novelista checo Milán Kundera, y no solo por su físico sino también por los gestos y el timbre de la voz. Lo segundo que me impresionó fue la fuerza de la mano que me puso en el hombro para conducirme al escritorio (…) El cardenal Arns me había dado una copia de la carta con que había solicitado la audiencia, y yo le rogué al Papa que la leyera, no solo para acreditar mis títulos, sino porque allí había una síntesis compacta y convincente de mis propósitos en relación con unos diez mil desaparecidos en la Argentina. Aunque era una lectura dramática, no perdió ni un instante su buena sonrisa, y al final me devolvió la carta como si regresara de un viaje que conocía de sobra, y me dijo en un francés fluido: ‘Esto es idéntico a la Europa oriental’ ”.

El escritor solidario

Como miembro fundador del Comité de Solidaridad con los Presos Políticos, el narrador vivía pendiente de sus actividades; propició que en el primer acto público que se hacía en el país en torno a los derechos humanos estuviera presente el expresidente de República Dominicana Juan Bosch, quien era su compañero en el Tribunal Russell.

Este acto, realizado en el Teatro Atenas de Bogotá, el 6 de diciembre de 1975, contó con delegados de la mayoría de las regiones, en especial de organizaciones sociales, campesinas, sindicales, destacados abogados y dirigentes políticos.

El día anterior, estalló una bomba en la casa del periodista Enrique Santos; días antes había estallado otra en la sede de la revista Alternativa, acto terrorista que se entendió como una amenaza para intentar silenciar las denuncias de violaciones del DIH que se venían haciendo desde el Comité de Solidaridad y desde la propia revista, creada, entre otros, por García Márquez.

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A pesar de las tensiones y las preocupaciones por la seguridad de este evento público, hubo asistencia generosa y significativa, no obstante el silencio de casi todos los medios. Silencio que por fortuna fue cambiando con los años.

Como lo recuerda la Fundación Gabo, “hacia finales de 1978 Gabriel García Márquez fundó Habeas, institución con sede en México creada para proyectar con más fuerza la solidaridad mundial con los presos políticos, desaparecidos y exiliados de América Latina y del Caribe”.

Según la Fundación, él confesó que en las tardes, después de resolver sus asuntos literarios, se dedicaba a lo que él denominaba ‘cuestiones de solidaridad’. “Es lo que más hago, creo que aún más que escribir”, dijo en una entrevista en junio de 1981.

Silencio que por fortuna fue cambiando con los años

Un compromiso con la paz

De hecho, el nobel no se limitaba a hacer pronunciamientos en favor de la paz o de los DD. HH., ya que también hacía gestiones para defender la vida de personas amenazadas. Recuerdo que a comienzos de enero de 1999 fue amenazado de muerte públicamente el sociólogo Alfredo Molano por el jefe paramilitar Carlos Castaño.

Cuando lo llamé a manifestarle mi solidaridad, Molano me propuso que ayudara a impulsar una carta pública condenando dichas amenazas, como lo había hecho ya en otras oportunidades. Me dijo que ayudaría mucho que estuviera firmada por García Márquez y Plinio Apuleyo Mendoza.

La redacté, se la envíe a Gabo y a un grupo de politólogos y periodistas, incluido Plinio, quien de inmediato la firmó. A los tres días, me llamó para decirme que les había solicitado a algunos amigos de infancia que ejercían como políticos en regiones de influencia de los paramilitares, que le hicieran llegar el mensaje a Carlos Castaño de que, a nombre propio, le pedía respeto por la vida de Alfredo Molano.

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Continuó diciéndome que ya había hecho la gestión y que Castaño le respetaría la vida al sociólogo. Cuando enteré a Molano de esta intervención de Gabo, quedó muy agradecido con el nobel, quien no vacilaba en utilizar su prestigio en defensa del derecho a la vida y a la libertad.

Contrario a lo que algunos sectores piensan, García Márquez veía con recelo la degradación del conflicto; estaba decepcionado de que las Farc y Eln hubiesen despreciado la oportunidad de abandonar la lucha armada y de sumarse al proceso electoral que terminó con la Constituyente de 1991, producto de los acuerdos de paz con el M-19, Epl y Quintín Lame.

Esa misma decepción fue creciendo en importantes sectores académicos e intelectuales, y en antiguos militantes de la izquierda. En este contexto, me reuní con los sociólogos Álvaro Camacho y Eduardo Pizarro para redactar un borrador de comunicado, reprochándole a la coordinadora guerrillera la obstinación por continuar con sus prácticas violentas.

fue amenazado de muerte públicamente el sociólogo Alfredo Molano por el jefe paramilitar Carlos Castaño

Me comprometí a hacerle llegar estas reflexiones a Gabo. Respondió que estaba de acuerdo con las ideas, pero que él escribiría el texto con su propio estilo.

Dos días después me lo envió y entre varios nos dedicamos a recoger las firmas, que encabezaron: Antonio Caballero, Gabriel García Márquez, Nicolás Buenaventura, Fernando Botero, Eduardo Pizarro, Apolinar Díaz, Álvaro Camacho, Enrique Santos, Roberto Sáenz, María Jimena Duzán, Hernando Corral, Socorro Ramírez, Carlos Vicente de Roux, entre muchos otros. La carta fue publicada en EL TIEMPO el 22 de noviembre de 1992

gabonobel

En 1982 ganó el Premio Nobel de Literatura, por su novela ‘Cien años de soledad’ ha sido traducida a más de 40 idiomas

“Señores Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar: En nuestra condición de demócratas convencidos, contrarios a la violencia y a las opciones autoritarias, nos da el derecho moral de poner en tela de juicio la legitimidad y la eficacia de la acción que ustedes sostienen desde hace años. Estamos en contra de esa forma de lucha en el momento actual.

Creemos que ella, en lugar de propiciar la justicia social, como parecía posible en sus orígenes, ha generado toda clase de extremismos, como el recrudecimiento de la reacción, el vandalismo paramilitar, la inclemencia de la delincuencia común, y los excesos de sectores de la fuerza pública, que condenamos con igual energía.

No creemos que ustedes expresen una voluntad popular libre. Por el contrario, su acción ha fomentado un clima de confusión política e ideológica, que ha terminado por convertir a Colombia en un campo de batalla donde la libertad de expresión más usual es la de las armas. Una situación semejante no puede conducir al sueño común de una sociedad democrática y feliz. Su guerra, comprensible en sus orígenes, va ahora en sentido contrario de la historia.

El secuestro, la coacción, las contribuciones forzosas, que son hoy su instrumento más fructífero, son a la vez violaciones abominables de los derechos humanos. El terrorismo, que estuvo siempre condenado por ustedes mismos como una forma ilegítima de la lucha revolucionaria, es hoy un recurso cotidiano. La corrupción, que ustedes rechazan, ha contaminado sus propias filas a través de sus negocios con el narcotráfico, haciendo caso omiso de su carácter reaccionario y de su contribución al deterioro social.

Le sugerimos leer (De la Calle: 'Cojámosle la caña a la propuesta de Carlos Holmes')Las incontables muertes inútiles de ambos lados, los atentados sistemáticos a la riqueza nacional, los desastres ecológicos son tributos muy costosos e inmerecidos para un país que ya ha pagado demasiado. Es la hora de una reflexión patriótica profunda, de una rectificación radical de años de equivocaciones, y de la búsqueda seria de nuevas y novedosas formas de creación política, acordes con las realidades del mundo actual. Su guerra, señores, perdió hace tiempo su vigencia histórica, y reconocerlo de buen corazón será también una victoria política”.

Creemos que ella, en lugar de propiciar la justicia social, como parecía posible en sus orígenes, ha generado toda clase de extremismos

Nunca es tarde para escuchar al escritor, en especial en estos tiempos de incertidumbre, en los que la violencia no debe tener cabida, como sabiamente lo manifestó en sus escritos y acciones.

A los seis años de su muerte, Gabo no solo sigue vigente a través de su literatura y su periodismo; sino también como el más importante defensor de DD. HH. del siglo veinte y del presente en nuestro país.

HERNANDO CORRAL G. - PARA EL TIEMPO

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