Colombia

Estampa de Luis Enrique Giraldo Neira

EL COLEGIAL DE NUESTRA SEÑORA

La muerte del doctor Luis Enrique Giraldo Neira ha sido expresamente lamentada y para los que  lo trataron, profundamente lamentable Porque fue un gran gobernador, un ejecutor, un estudioso, un gran conversador no obstante su timidez y prudencia, un hombre sencillo y serio. Y un caldense muy importante. Su existencia estaba bastante olvidada como suele suceder cuando los  afanes de la política, la cultura, y la historia responden a otros intereses y parecen responder ahora a distintas concepciones a las que todavía estaban vigentes hace medio siglo. Y las generaciones activas en la vida pública más recientes, nada o muy poco saben de él.

El destacado manizaleño nació el 11 de julio de 1937, en el hogar de don Berardo Giraldo, contador,  ilustre profesor de gramática, redacción y ortografía, y de inglés, en el Instituto Universitario y en el Colegio de Nuestra Señora y gerente muchos años del periódico La Patria, y  de doña Graciela Neira de Giraldo, muy apreciada por las  reuniones sociales y de beneficencia celebradas en su casa. Luis Enrique hizo sus primeros estudios, al igual que sus hermanos en el colegio de Nuestra Señora, en el que obtuvo su grado de bachillero en 1954.  En esas aulas dejó apreciar su afición por la escritura, y en la Revista que era anuario de la vida estudiantil, dejó entre otros, el testimonio de la experiencia que constituyó  el Paseo al Ruiz con sus compañeros, así como por su correcto manejo de la palabra,  se encargó de expresar a nombre de sus condiscípulos el discurso de  agradecimiento a sus maestros, y debió disputar con dos de ellos, César Hincapié Silva y Fabio Valdés Sánchez, que sobresalieron también  en  la economía, el periodismo y la política, el pronunciar el discurso de despedida, para el que fue designado el primero. Al año siguiente ingresó a la Facultad de Ingeniería Civil de la Universidad Nacional, sede Manizales.

EL 10 DE MAYO: UNIVERSITARIO Y PERIODISTA

Aún sin terminar su bachillerato y en sus primeros años de estudiante universitario, Luis Enrique Giraldo comenzó a escribir columnas y crónicas   en el diario La Patria. En ellas abordó  con frecuencia el tema político. Y ejerció el activismo estudiantil, que fue fundamental en la lucha contra la dictadura militar y en el derrocamiento de la tiranía, siendo un dinámico  protagonista en esos días de miedo, de clandestinidad, de resistencia, de manifiestos, de censura total, de tensiones, de paros,  de encarcelamientos, de sangre y sacrificio de vidas, que culminaron el 10 de mayo de 1957. La resistencia fue nacional y se dio en las principales ciudades y en muchas poblaciones de Colombia. Manizales no fue inferior a las demás. Y en ella, las universidades jugaron papel esencial. En los días previos, adhirieron al movimiento que propendió por la recuperación de las libertades y las instituciones jurídicas democráticas. Decretado el paro total y convocados los estudiantes en las Residencias Universitarias,  llevaron la palabra representantes de las facultades de medicina, derecho, agronomía, veterinaria, de la de Caldas, y de la facultad de ingeniería de la Universidad Nacional, el orador fue Luis Enrique Giraldo Neira. También, con  dos más,  formo parte de la Junta Central del Movimiento, compuesta por los portavoces de las demás facultades y del Instituto Universitario.

Y precisamente, este futuro ingeniero, sin cumplir 20 años, es el autor de la mejor crónica sobre esas jornadas heroicas de mayo en la capital de Caldas,  la que de inmediato le fue solicitada para hacer parte del libro que sobre ese hecho histórico-político, escribieron los periodistas antioqueños Abelardo Londoño Marín y Flavio Correa Restrepo, titulado “Soldados Sin Coraza…” (Historia de una Revolución), publicado en Medellín ese mismo año, por Editorial Bedout.

“Los autores de esta obra…, acogen en sus páginas apartes del relato hecho en el periódico regional La Patria, por el periodista Luis Enrique Giraldo Neira. Es un relato escueto, ágil, carente de adornos literarios y por lo mismo lleno de emoción y de entusiasmo patriótico. El periodista, con gran objetividad, captó en su crónica el estado de alma del pueblo manizalita, la agitación de un pueblo altivo y libre que se debatía bajo la tiranía, los sucesos más destacados de los días que precedieron al glorioso 10 de mayo. He aquí su relato:”

Tal la presentación que hacen estos  prestigiosos redactores de El Colombiano. Los nombres y los hechos que registra en esa narración  Giraldo Neira, la convierten en un documento histórico por los personajes manizaleños y de las otras ciudades del entonces Caldas unido, que integraron el  llamado Frente Civil, y por los estudiantes de los distintos colegios del departamento que formaron las comisiones, muy conocidos y sobresalientes profesionales en esa segunda mitad del siglo XX , por la detallada relación de los acontecimientos, en los que no fueron respetados ni sacerdotes ni jerarcas, ni damas, ni niños por el tenebroso SIC, y que dieron por resultado los sucesos trágicos en los que Jorge Chica Restrepo y Guillermo Bedoya cayeron bajo las balas oficiales.

Su párrafo final dice así: “La juventud estudiosa, que entregó a la tierra el tributo de dos de sus unidades más cimeras, acompañó al gigantesco cortejo fúnebre hasta el Cementerio Central, en donde llevaron la palabra los doctores Ramón Marín Vargas, Arturo Gómez Jaramillo y Jaime Villegas Velázquez, y los universitarios Alberto Gómez, Rodrigo Rivera y Javier Calderón. Se había cumplido la jornada que tenía que rubricarse con sangre, que es el propio espíritu de nuestros actos, y el semillero de los hombres sabios. Los dos jóvenes que ofrendaron sus vidas heroicamente, dejaron a la posteridad la verdad de su doctrina y el ejemplo de su sacrificio, mientras que Colombia rinde a la posteridad política, después de una difícil emergencia histórica, el ejemplo de sus fuerzas vivas, especialmente el de los jóvenes que lo dispusieron todo para que la patria recobrara su insigne perfil democrático. Loor a quienes llenaron las páginas de la historia.”

EL ORADOR

La Universidad de Caldas con la Universidad  Nacional, organizaron en 1961 un concurso de oratoria entre sus estudiantes. En esos años, todavía se ponían de modelo las Instituciones de Quintiliano y los discursos de Cicerón, en las clases de literatura y latín que recibíamos en la secundaria, ésta última desapareció poco después y algo más tarde las tres horas semanales de preceptiva e historia de las letras. Con la retórica, eran no solo conocimientos necesarios para escribir bien y  hablar en público, sino  indispensables para quienes aspiraban a entrar en la política. Luis Enrique Giraldo, de la Nacional, ganó  el concurso. El segundo y tercer puesto lo obtuvieron Augusto León Restrepo y Alberto Gómez Gómez, de la facultad de derecho de la de Caldas,  ambos pronto conocidos periodista, político y poeta uno, y también Gómez, periodista y economista destacado que ocupó  cargos administrativos de carácter nacional.

Este triunfo, el protagonismo universitario en la oposición al régimen de facto,  la actividad periodística en la que llevaba años, que trascendieron nuestros límites,  y otras circunstancias muy propias de las ciudades de provincia, explican naturalmente que no obstante su juventud, Giraldo Neira fuera una persona muy conocida en los medios estudiantiles, sociales, políticos, y de prensa en Manizales. Octavio, el mayor de sus hermanos, que fue un académico, se preparaba con los jesuitas y avanzaba sus estudios de psicología. Escribía  también  bajo seudónimo una deliciosa página de humor en una revista juvenil. Bernardo, estudiaba medicina, y Javier, muy menor, comenzaba a desarrollar la vocación que lo hizo popular y acreditó en el ámbito deportivo nacional,  trasmitiendo desde un barranco los partidos de los muchachos  de San Luis, en la cancha de su colegio. 

GOBERNADOR DE CALDAS

Una vez obtuvo el grado de ingeniero civil,  Luis Enrique Giraldo, tentado por la actividad política para la que había demostrado tener  todas las dotes exigidas hasta entonces, prefirió prepararse mejor y hacer una especialización en economía en una universidad norteamericana. Allá prestó servicios profesionales a varias firmas,  como ingeniero civil en el acueducto de  Nueva York, y estando en ésta ciudad trabajando para la firma Dupond, bien referenciado en las altas esferas nacionales y dadas las circunstancias políticas, fue llamado por el presidente Misael Pastrana Borrero para regentar los destinos del Departamento en 1970.

Se trataba del cuarto y el último mandato del pacto bipartidista del  Frente Nacional. La elección de Pastrana no había sido fácil, a pesar de que fue  el candidato oficial de los dos partidos. Esto por distintas razones. La primera porque la escogencia misma de su nombre dentro de  su propio partido, al que le tocaba el turno por los siguientes cuatro años, fue disputada en una convención con otros tres copartidarios muy reputados por su trayectoria política en el conservatismo y en la vida pública, Evaristo Sourdís por la Costa, Belisario Betancur por el centro, José Elías del Hierro por el sur, la que dejó resquemores en muchos de los dirigentes de provincia.  La segunda, porque las elecciones en las que resultó  triunfador frente al resurgente candidato de oposición, el ex general Gustavo Rojas Pinilla, caudillo de un nuevo partido, la Alianza Nacional Popular, ANAPO, que en un  momento de los escrutinios apareció como ganador,  dejaron grandes dudas que la historia no ha resuelto  de forma definitiva.

El nombramiento de Giraldo Neira sorprendió en Caldas porque eran otros los nombres que se rumoraban o barajaba cada grupo  que aspiraba a que fuera nombrado el de sus simpatías para la Gobernación.  Al Presidente Pastrana le fue sugerido en las altas esferas el nombre del joven ingeniero Giraldo Neira, por su pasado periodístico, su lucha contra la dictadura de Rojas y su temprano apoyo al Frente Nacional, su idoneidad profesional para el programa de obras públicas que se proponía y por estar lejos de las disputas del momento entre los grupos de esta comarca.  Era garantía de imparcialidad y de proyección ejecutora.

En Caldas se daba una gran puja entre los grupos de cada partido, y en especial, en el conservador. Entró con inesperada fuerza el movimiento de la ANAPO de Rojas Pinilla en el escenario político del país y en el regional  tuvo gran peso. El doctor José Restrepo Restrepo, propietario del diario La PATRIA y   senador en representación del  ala ospinista del conservatismo en Caldas, había optado en la convención conservadora por otro candidato distinto a Pastrana. Parte del sector laureanista, o alvarista, orientado por Rodrigo Marín Bernal, era belisarista. Y del viejo alzatismo que con la muerte de Luis Granada Mejía y la separación del Quindío, había quedado sin cabeza, comenzó a insurgir con gran impulso Omar Yépez Alzate, originario de esa misma región pero educado y residente en Manizales. Aunque diferente, no era menor la división en el liberalismo caldense.  Una lista diseminada entre varias disidencias en alianza, obtuvo mayoría sobre la oficial.

Estas circunstancias, en buena medida consecuencia de hechos históricos  graves, definidos y definitivos como la terminación del Ferrocarril de Caldas, poco mas de diez años antes, la partición del Departamento Modelo que lo dividió en tres, con la  segregación de los nuevos Quindío y Risaralda apenas cuatro años antes el primero  y tres el segundo, reduciendo la fisonomía de la cantada Mariposa Verde, y el territorio de lo que fue Caldas unido, más las nuevas fuerzas partidistas buscando acomodos y equilibrios generacionales, burocráticos,  presupuestales, de circunscripción y resultados electorales,  contrastaban con las que conocía y había dejado antes de su estadía en el exterior.

Por eso su posesión fue recibida con expectativa por los directorios, por los que  esperaban ser los dilectos, y por los decididos a hacer oposición al gobierno nacional y local. Para sortearla, escogió un  gabinete de jóvenes promisorios de no señalada beligerancia, que hoy llamamos técnico, sabedores de su oficio y con un criterio que ya  comenzaba a no ser bien recibido y a entrar en desuso. Al gobernador Luis Enrique Giraldo no le quedó fácil la aprobación de sus programas y de sus ejecutores en una  Asamblea Departamental con intereses inconciliables. Tratando de obrar por encima de los antagonismos, siguió  adelante con su  gran equipo, sin pretender plantearle problema a ningún sector.

En  un  momento determinado, el directorio conservador estuvo pasajeramente presidido por un intelectual y periodista,  el doctor Arturo Gómez Jaramillo, ex director largos años y por cuatro ocasiones del diario La Patria.  Pero esto  ya se veía  extraño, poco práctico o inútil. Era un estilo de dirigentes que comenzaba a desaparecer. Quienes integraron el gabinete del gobernador Giraldo Neira, y hay que decirlo, también el que acompañó a su sucesor, el jurista y ex decano de derecho doctor  Oscar Salazar Chávez, a mi modo ver la historia de Caldas de la que he sido testigo, fueron – salvadas sean las excepciones –  los últimos secretarios departamentales escogidos por sobre otras condiciones o avales, de acuerdo a la formación e idoneidad de  cada uno

NUEVOS MÉTODOS EN LA POLITICA

La geografía física del Departamento se empequeñeció y comenzó a empequeñecerse la política. El patriciado, cuya larga  trayectoria había orientado y ganado la confianza en sus respectivos partidos por años,  y cuyo peso se hacía sentir en la prensa, en el parlamento, en el foro, en los círculos académicos, cívicos y sociales, fue relevado no de forma tan “lenta e imperceptible” como fue de esperar. Dentro del nuevo estilo político, por ejemplo, la dirección del partido liberal estaba  en manos del abogado Jaime Chávez Echeverri. Al  poco tiempo, fue  desplazado por el joven político Luis Guillermo Giraldo Hurtado, ganoso, ambicioso y con ímpetus que lo llevarían por décadas a su jefatura única y exclusiva. Desde La Dorada, donde ejercía un autoritario y excluyente caciquismo el senador aguadeño Víctor Renan Barco, fue extendiendo sus procederes  por otras poblaciones de provincia y sus muy  propios métodos políticos fueron calando hasta generalizarse e imponerse también en los demás partidos, con los matices correspondientes al carácter de cada uno de los jefes.

Puesto que cada grupo  aspiraba a que los cargos fueran ocupados por los  de sus simpatías, a lo que se agregaba su proceder imprevisible para los políticos tradicionales, y sumado a ello la abierta y decidida oposición del diario La Patria en cabeza de su propietario el doctor José Restrepo, quien había perdido su  senaturía, lo que marcó su ocaso y posterior retiro de la política activa,  y en lo que nada tuvo que ver, dicho sea, el Gobernador,   la tarea gubernativa de Giraldo Neira fue algo entorpecida, pero superada  por el apoyo de los dirigentes regionales con los que ganó  popularidad gracias a la generosa asignación presupuestal para atender las necesidades de los pueblos apartados, especialmente en educación, la que llegó hasta lugares lejanos  donde antes no existía y avanzó en otros, con la decisiva colaboración de la Secretaría a cargo de la maestra normalista Dilia Estrada de Gómez, futura gobernadora, y con su plan de obras de infraestructura, apertura de caminos, mejoramiento de vías, con el rigor del ingeniero  y el compromiso que para sí  se hizo de sobreponer a la fractura de la entidad departamental, la unidad de los municipios  y la proyección de Caldas a su caracterizado prestigio nacional.

La separación de municipios vecinos entre sí, resintió  los intereses comunes y los balances electorales. El empeño del Gobernador fue abogar por que se mantuviera la unión departamental.  Los jefes de los partidos y dentro de ellos los grupos y facciones, fueron rodeándose de comparsas que buscaban protagonismo o fungir como los intérpretes de aquéllos, y  eran comparsas las que Giraldo Neira no podía saber ni querer manejar. Fueron éstas  las que empezaron a hacerle oposición en la Asamblea. Las miras de largo alcance y a largo plazo del mandatario, que por cierto se había posesionado sin compromisos previos, no coincidía con las cortas e inmediatistas de algunos diputados. Y no era posible darle gusto a todos los grupos.

La prudente objetividad frente a la disputa entre dirigentes de los sectores políticos, la rigurosidad puesta a su eficaz tarea de gobernante, acompañado de la calidad ejecutiva de los secretarios de despacho, además de serle aplaudida por los representantes cívicos de los municipios,  le fue reconocida hasta por sus contradictores políticos.  La satisfacción del Presidente Pastrana por las realizaciones de Giraldo Neira frente a la Gobernación de Caldas, lo motivaron para llevarlo a una entidad nacional, nombrándolo director general del Fondo Nacional de Caminos Vecinales. De la fecunda actividad que desempeñó en ese alto  cargo,  tuve el permanente testimonio de un gran amigo digno de todo crédito, que era apolítico y un agudo analista, distante de la tendencia que identificaba al doctor Giraldo y de indiscutible superioridad intelectual, que prestaba desde antes sus servicios profesionales en ese Instituto, el doctor Eduardo López Estrada.

EL RETIRO

Al retirarse de esta posición, con Omar Yépez, el jefe del sector conservador que percibía más próximo y del que recibió más apoyo en su pasada  administración, fue elegido Luis Enrique Giraldo Senador de la República por Caldas. Fue su  única vez, ya que fueron infructuosos uno o dos intentos más  para volver al Congreso. Algo más tarde, por 1980, ocupó el cargo de Vice ministro de Minas y Petróleos.

La nueva mecánica política y electoral, los sistemas de promoción  de quienes aspiraban u optaban a los cargos públicos y  a ser escogidos para integrar las listas en los cuerpos representativos de elección popular, y a buscar su reelección para permanecer en sus curules, volver a éstas  o ascender a la siguiente, cuando no aparecer en un renglón elegible para el Concejo, la Asamblea o el Congreso, sin el proceso escalonado o dando el salto sin precedentes, por imposición más que por admiración,  eran inéditos  y distintos a los  que se conocían por tradición, especialmente en un Caldas acostumbrado a ver en los altos cargos y a llevar a las corporaciones de elección popular a los más brillantes y representativos de sus conciudadanos.

Esto explica que el que en su tiempo fuera el gobernador más joven de Caldas, se apartara de la actividad pública y electoral hasta su definitivo retiro.  Eran precisamente sus dotes, las de la oratoria aprendida en los clásicos, el don de escribir, el frecuentar los libros, la autoexigencia del saber y el deber, el carácter, el conocimiento y la conciencia de la historia, el servir por sobre el ser servido, y una ética integral para trabajar con los mejores, virtudes que hasta entonces se consideraron las exigidas para una carrera política, las que  comenzaban a volverse  impedimentos. Casi totalmente invertidas aquellas, con el uso y buen recibo de penosas habilidades, salvo casos aislados, en la década del ochenta se generalizó el ejercicio con el que los tres  dirigentes únicos de los partidos y sus alas, mediante  alianza  dominaron  en Caldas. En la década siguiente,  pese al avance en derechos democráticos de  la Constitución del 91, y bajo el pretexto de la democratización de las oportunidades, desaparecieron los requisitos si ne qua non y   los títulos, la formación profesional, la  progresión potestativa, el tiempo de experiencia, casi que ni el grado de alfabetismo, lo son ahora para formar parte de las corporaciones de elección popular,  abriendo las puertas a la venalidad, el promeserismo, los compromisos, el  cambio de favores, etc. y con estos a la corrupción.

El doctor Giraldo se dedicó a la actividad de ingeniero constructor y a la consultoría  hasta los últimos años. De su legado en Caldas como mandatario del Departamento, senador y en los  cargos nacionales que desempeñó, quedaron no solo la huella de sus obras sino el acento mismo de su personalidad. La desaparición  del ilustre caldense el pasado 5 de octubre, a los 83 años,  nos hace rememorar una época, una historia y un estilo.

(Nota personal. He escrito esta estampa, no solo para manifestar mi admiración por un ilustre caldense y volver a reconocer su importante trayectoria, sino por la permanente y obligada gratitud personal  que le guardé al doctor Luis Enrique Giraldo Neira. No ocupé ningún protagonismo en su vida pública, profesional o particular, porque no fui propiamente amigo suyo. Me vincularon a él tres gestos nobilísimos muy significativos para mí. Por sugerencia de un amigo de mi edad, sin conocerme llevó a La Patria un primerizo ensayito juvenil que escribí para la Academia de mi colegio, el que fue publicado en la página literaria. Recién concluí mi universidad, por recomendación de un respetado intelectual y periodista, tuvo como Gobernador la osadía de nombrarme en un modesto cargo en su administración, temeridad que nunca ninguno otro nominador se atrevió hacer en Caldas por siempre jamás. En la siguiente, fue castigada desapareciendo el cargo. Y en un generoso homenaje que por la publicación de un libro mío  hicieron amigos en el Club Caldas en Bogotá, me enalteció con su repentina presencia.

La noticia de su muerte me entristeció de veras. Lamento su desaparición y expreso mi condolida solidaridad a su familia, a sus tres hijos, a sus hermanas Nelly, Graciela, Teresa y Olga, a sus hermanos, el doctor Bernardo, y muy  especialmente al  menor, mi recordado amigo y condiscípulo Jorge Hernán, y a su sobrino y apreciado discípulo Ricardo Gómez Giraldo.

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