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Colombia

El inquisidor Naranja / El otro lado

RTVC Play y Canal Capital han sido innovadores en hacer audiovisual expandido con celulares y dispositivos digitales como táctica para encontrar a las audiencias que han decidido que su ambiente es el celular. Pero llegó la economía naranja y sus ideólogos creen que antes no existía nada. Buitrago y sus muchachos llegaron a crear en nuevo mundo, el de la mentefactura y los mentemprenderismos, y se han convertido en dementes del olvido.

El duquismo que quiere ser distinto del uribismo solo tiene como bandera la economía naranja, una vieja idea llamada culturas creativas o industrias creativas, reimpulsada vía las tecnologías digitales. Por ahora, la economía naranja no es más que ingenuo PowerPoint de fin de curso que no considera las condiciones culturales del país, un viceministerio de creatividad y economía naranja que no arranca, y una promesa de bajar impuestos por 7 años a quienes generen emprendimientos digitales y algún empleo.

El mentefacturador Felipe ‘Naranjito’ Buitrago, ahora viceministro de ‘Cultura’ (aunque esa palabra le causa alergias de sentidos e identidades), tuitió: “De Colombia para el mundo, ‘El inquisidor’: la primera serie de televisión hecha 100 % con celulares y dispositivos móviles. Una mentefactura que marcará un antes y un después en la #EconomíaNaranja”. Don Felipe: Antes de Ud., RTVC Play y otros ‘productores’ audiovisuales han hecho productos 100 % en celular; luego, no es novedad.

Eso de la mentefactura (además de fea palabra, y eso de la estética importa en la cultura) es una aberración política porque el patrimonio, la artesanía, las artes se basan en el cuerpo como entidad de creación y expresión, son manufacturas y de eso se tejen mundos e identidades. El asunto no es usar el celular o el internet, es de contenidos, narrativas, estéticas y soberanía cultural: y ahí, ‘El inquisidor’ es frondio, tonto, sonso y más ‘morboteca’, ‘pornomiseria’ y banalidad de la violencia.

Su realización, estética y actuación es televisiva, nada que ver con las narrativas digitales. Lo de grabar o no con celular es pirotecnia sin ideas.

Eso sí, ‘El inquisidor’ marca un antes y un después de la economía naranja, ya que demuestra que es una emoción por los juguetes TIC y un olvido de los contenidos, las estéticas y la soberanía cultural. Estos pensadores de WhatsApp y PowerPoint son queridos y han estudiado su curso de emprendimientos digitales, pero desconocen la memoria, la cultura y las condiciones políticas de Colombia.

Lo mejor de ‘El inquisidor’ es su nombre, ya que parece un chiste involuntario. ‘El inquisidor’ de una nos lleva a creer que fue inspirada en el senador Uribe, con dejos de Bieri, bendiciones de Ordóñez, electrochoques de Pachito. Y es que la economía naranja es la nueva inquisición cultural, el duquismo digital.

Buitrago y sus muchachos se han convertido en inquisidores culturales naranja porque creen que antes de ellos no había nada; se les olvida que RTVC-Play ya había hecho mucho, y están felices con el nuevo descubrimiento de indios por parte de Netflix, Apple, Claro, Google y Facebook.

ÓMAR RINCÓN


Crítico de televisión
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