Colombia

El día que un barco con 100 toneladas de explosivos aterró a Cartagena

Cuando los hombres de la Policía Antinarcóticos y la Fiscalía colombiana revisaron el barco, en busca de droga, se encontraron con un cargamento que les hizo temblar y temer por sus vidas y las de sus seres queridos.

La vieja embarcación china, de nombre Da Dan Xia, había tocado aguas de Cartagena de Indias el 2 de marzo del 2015 y escondía en sus entrañas 100 toneladas de pólvora negra, dos millones de fulminantes, 3.000 casquillos para cañones de artillería y 99 núcleos de proyectil.

El doctor Vicente Guzmán, quien fungía como director seccional de la Fiscalía en Cartagena, recuerda que uno de sus subordinados le dijo: "Doctor, la ciudad está en peligro, si esto llega a estallar nos morimos todos".(Lea también: Profesor habría abusado a estudiante menor de edad en el colegio)

Esta tensión que se vivió en Cartagena en el 2015, en pleno proceso de paz en La Habana (Cuba), viene a la memoria tras la explosión de un cargamento de nitrato de amonio (fertilizante químico y también componentes de explosivos) ocurrida la semana pasada en el puerto de Beirut, capital del Líbano.

Este cargamento de explosivos había sido guardado durante dos años en un depósito portuario, cerca de barrios concurridos de la ciudad.


El brutal estallido ha dejado al menos 130 muertos, más de 4 mil personas heridas y unas 300 mil personas sin hogar.

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El pequeño capitán Wu Hong estuvo preso del encanto de Cartagena durante nueve meses.

El capitán Wu Hong estuvo preso del encanto de Cartagena durante nueve meses. Siempre recluido en un apartamento estrato 6 de la zona más exclusiva de la ciudad.

Foto:

Yomaira Grandett/ Archivo EL TIEMPO

Una bomba de tiempo estuvo anclada en Cartagena durante 50 días

Mientras el imponente barco Da Dan Xia, de 166,5 metros eslora y 27,75 metros de manga, cargado con 15 contenedores repletos de explosivos navegaba sobre la Bahía de Cartagena el peligro era inminente para la ciudad.

No se trataba solamente de la poderosa carga explosiva que estaba en la nave, sino la sensible zona industrial de Mamonal que rodea al puerto, con complejos como Reficar y un centenar de empresas más donde procesan químicos y materiales combustibles.

"La DEA venía siguiendo el barco por satélite, seguros de que escondía un cargamento de cocaína, pero por supuesto no conocían la verdadera naturaleza del contenido de la nave", recuerda el exfiscal Guzmán.

... necesitaríamos más de seis tractomulas para sacar los explosivos; pero además no teníamos en el puerto, ni en ningún punto de la ciudad, un lugar adecuado y seguro para confiscar el cargamento

El juicio a un capitán y un pulso diplomático

Fue precisamente el doctor Guzmán y su equipo de fiscales especializados y hombres del CTI quienes cargaron sobre sus espaldas, por dos meses, la responsabilidad de los explosivos y el juicio al capitán del barco: Wu Hong.

Un hombre silencioso y de baja estatura que era la pieza fundamental de un caso que, con el paso de las horas, se convertiría en un pulso diplomático entre Estados Unidos, China y Colombia, y que tendría ecos en Cuba, donde se negociaba la paz de la nación.

El Comando Sur de los Estados Unidos, a través de la Embajada Americana en Bogotá, así como sectores de la derecha exigían al Gobierno colombiano el decomiso inmediato del material bélico.

"Después de analizar la cantidad y el tipo de carga, llegamos a la conclusión de que necesitaríamos más de seis tractomulas para sacar los explosivos; pero además no teníamos en el puerto, ni en ningún punto de la ciudad, un lugar adecuado y seguro para confiscar el peligroso cargamento de pólvora", recuerda Guzmán.

Mientras Cartagena pasaba sus horas más inciertas, a 15.516 kilómetros de distancia (9.635 millas), el Gobierno de la República Popular China exigía que al barco se le permitiera seguir su rumbo con destino a la isla de Cuba, a donde debería llegar el poderoso arsenal.

Para el Gobierno Chino era una carga internacional normal y sin mayores complicaciones

"Para el Gobierno Chino era una carga internacional normal y sin mayores complicaciones", recuerda Guzmán.

De hecho, el ministro de exteriores chino de la época, Hua Chunying, defendía la legalidad del carguero y alegando que llevaba "suministros militares ordinarios para Cuba”.

"La cooperación no viola las leyes y regulaciones chinas, y tampoco las obligaciones internacionales con las que China está comprometida. China siempre pide a las compañías que operan en aguas internacionales que se sometan a la legislación local", indicaba Chunying en los apartes de una carta enviada al Gobierno colombiano.

La vieja embarcación, de nombre Da Dan Xia y bandera china, escondía en 15 contenedores 100 toneladas de pólvora negra, dos millones de fulminantes, 3.000 casquillos para cañones de artillería y 99 núcleos de proyectil.

La vieja embarcación escondía en 15 contenedores 100 toneladas de pólvora negra, dos millones de fulminantes, 3.000 casquillos para cañones de artillería y 99 núcleos de proyectil.

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La tensión que respiraban las autoridades de Cartagena también caló en la Casa de Nariño, en Bogotá, donde corrió el mal rumor de que el armamento iba para la guerrilla de las Farc.

La noticia se dispersaba justo en medio del proceso de paz que adelantaba el Gobierno del Presidente Juan Manuel Santos con esa guerrilla, y que había iniciado en septiembre del 2012, precisamente teniendo como sede de las conversaciones La Habana.

La embarcación había partido del puerto de Tianjin (China) con ruta Cartagena y luego Barranquilla para culminar su peligroso periplo en Puerto de Mariel (Cuba).

Después de que la Fiscalía hizo una larga exposición de los delitos y presentó las pruebas, el procesado le hizo saber a su abogado de oficio que no había entendido nada porque no hablaba castellano

El capitán chino que 'le mamó gallo' a la justicia colombiana

La verdad sobre el cargamento de armas la tenía Wu Hong, capitán del barco, un hombre de 1, 65 de estatura, pero con una capacidad para manipular a las autoridades colombianas tan grande como la nave que había conducido por tres mares.

Mientras su tripulación permanecía confinada en el barco Da Dan Xia, en la bahía externa, el curtido marino fue llevado ante un juez de control de garantías de Cartagena y la Fiscalía le imputó los delitos de tráfico, fabricación y porte de armas y municiones de uso privativo de las fuerzas militares.

Pero los extensos y mediáticos juicios a este hombre, que duraron varias noches con sus madrugadas en el complejo judicial de la ciudad, tuvieron un giro inesperado.

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"Después de que la Fiscalía hizo una larga exposición de los delitos y presentó las pruebas, el procesado le hizo saber a su abogado de oficio que no había entendido nada porque no hablaba castellano y por lo tanto las audiencias no eran legales", recuerda el exfiscal Guzmán, quien sufría la presión diplomática y sobre todo por la seguridad nacional que estaba sobre sus hombros y la de su equipo.

"El caso lo enfrentó la fiscal especializada Claudia Marcela Martínez Murillo. Ella abordó la odisea de conseguir al traductor de mandarín que exigió el capitán del barco para la realización de la audiencia. Después de llevar a varios traductores y varias audiencias fallidas, conseguimos en Pereira a una señora que hizo la traducción de manera virtual", subraya Guzmán.

Una ciudad de fiesta sitiada por una bomba de tiempo

En marzo del año 2015 todo era fiesta en Cartagena.

Mientras El Festival Internacional de Cine copaba la atención de cientos de visitantes y la ciudad brillaba bajo la canícula del Caribe colombiano, las fuerzas militares se tomaron las calles en un operativo solamente visto durante la cumbre de Américas, en el año 2012, cuando presidentes de todo el continente, incluido Barack Obama, llegaron para debatir sobre el futuro de la región.

En las esquinas del barrio Getsemaní nadie se preocupaba por el peligro de una tragedia en la zona industrial de Mamonal.

El diálogo callejero se centraba en los jugosos ingresos que le dejaba el festival de cine a la ciudad y en la historia del capitán de un barco chino que le estaba ‘mamando gallo’ a las autoridades y se hacía el desentendido para que no lo condenaran por tráfico de armas. Los miliares en las calles no le importaban a nadie en una metrópoli acostumbrada a estar sitiada debido a las continuas visitas de personajes ilustres.

Recuerdo que del caso se habló y generó suspicacias en la mesa de diálogos, pero no fue trascendental, ni generó crisis

Donde sí estaban preocupados por el cargamento bélico era en la mesa de paz de La Habana, donde cundía la tensión y las dudas entre los equipos negociadores.

"Recuerdo que del caso se habló y generó suspicacias en la mesa de diálogos, pero no fue trascendental, ni generó crisis", recuerda Frank Pearl, negociador del Gobierno Santos en la Habana.

Después de que la Fiscalía recurrió a más de cinco traductores de castellano al mandarín, finalmente el capitán Wu Hong, quien nunca aceptó los cargos, fue cobijado con medida de aseguramiento por los delitos de tráfico, fabricación y porte de armas o municiones de uso privativo de las fuerzas militares.

Según el juez que presidió la mediática audiencia, el ciudadano chino no solo había quebrantado el código penal colombiano y de fronteras, sino también cometió una violación a las normas de transporte comercial interoceánico, al transportar en una nave comercial con elementos bélicos de uso exclusivo de las Fuerzas Armadas.

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No obstante, la justicia colombiana fue respetuosa con los derechos humanos del capitán Wu Hong, y lo conminó a pagar sus delitos en un apartamento del exclusivo sector de Castillogrande con aire acondicionado y todas las comodidades, incluso con vista a la bahía.

El 22 de abril de ese mismo año, contra los planes de varios sectores de confiscar las armas en Cartagena de Indias, el Juez 12 Penal Municipal con funciones de control de garantías de la ciudad ordenó la salida de la nave con los explosivos:

"Este despacho ordena y autoriza, en aras de salvaguardar los derechos fundamentales, el zarpe de la embarcación Da Dan Xia, y la salida de 15 contenedores en los cuales almacenan los materiales bélicos, previo cumplimiento de las normas de seguridad para el conocimiento de las sustancias peligrosas".

Mientras el imponente barco Da Dan Xia, de 166,5 metros eslora y 27,75 metros de manga, cargado con 15 contenedores repletos de explosivos navegaba sobre la Bahía de Cartagena el peligro era inminente para la ciudad.

Mientras el imponente barco Da Dan Xia, de 166,5 metros eslora y 27,75 metros de manga, cargado con 15 contenedores repletos de explosivos navegaba sobre la Bahía de Cartagena el peligro era inminente

Sectores de derecha querían que los explosivos no salieran de Cartagena

Pocos días después de que el barco partiera de Cartagena, el suceso fue motivo de un debate en el Congreso de la República donde sectores de la derecha señalaban como un error que el Gobierno Nacional hubiera permitido el zarpe de explosiva la nave con rumbo a Cuba.

"Sorprende la incoherencia en los argumentos de la justicia para dejar zarpar un buque cargado de armamento ilegal. Comprobamos con estudios técnicos la capacidad del puerto de Cartagena y con declaraciones del contraalmirante Pablo Romero y del viceministro de Defensa, Jorge Bedoya, que las Fuerzas Armadas tienen plena capacidad para manejar y destruir el armamento ilegal que venía en el buque", increpó entonces el representante a la Cámara Federico Hoyos.

Para un grupo de congresistas, las 100 toneladas de pólvora y demás elementos bélicos debieron haber sido incautados y destruidos en territorio nacional por parte de las Fuerzas Militares.

Pero el ministro de la Defensa, Juan Carlos Pinzón, respondió que era imposible almacenar en Cartagena el material explosivo: por seguridad nacional, pero ante todo por la protección de la población civil.

En una época en que el país estaba seriamente afectado por el paso y tráfico internacional de armas, la cancillería de María Ángela Holguín dejó la responsabilidad del caso a la Fiscalía.



El pequeño capitán Wu Hong estuvo preso del encanto de Cartagena durante nueve meses.

Siempre recluido en un apartamento estrato 6 de la zona más exclusiva de la ciudad y observando lo que más amaba: el mar.

Recobró su libertad en diciembre de ese año y regresó a los mares, su hábitat natural. Cartagena sigue siendo una fiesta, pese a otras tragedias menos explosivas que un arsenal chino oculto en un barco mercante.

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JOHN MONTAÑO
Redactor de EL TIEMPO

Cartagena
En Twitter: @PilotodeCometas

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