Colombia

El Descabezado, un festivo rechazo a la violencia en Colombia

Han pasado 66 años desde su primera aparición en el Carnaval de Barranquilla, y el disfraz de ‘El Descabezado’ sigue sorprendiendo a niños, jóvenes y viejos que asisten a los desfiles de la fiesta, y que luego de pasar el susto no dudan en correr detrás de él para pedirle una foto.

Y es que no deja de impresionar ver la figura de un hombre de casi dos metros de altura que se balancea por la calle, con el cuello ensangrentado, un desafiante machete y sosteniendo la cabeza en la mano izquierda. El sobresalto sigue cuando lanza chorros de “sangre” al aire por una supuesta arteria seccionada del cuello expuesto.

La idea original es Ismael Escorcia Medina, un pensionado de las desaparecidas Empresas Públicas Municipales (EPM), quien el pasado 17 de febrero llegó a los 90 años de edad, y que la última vez que participó en un desfile de Carnaval fue en el 2006, pero que aún mantiene viva la tradición de este disfraz a través de su hijo, Wilfrido Escorcia Salas, de 66 años; el nieto, Wilfrido Escorcia Camargo, 29 años; y los biznietos Wilfrido Escorcia Ramírez, 5 años; y Rafael Toro Escorcia, de 3 años; quienes han tomado la bandera y este año estarán en la Batalla de Flores, Gran Parada y demás desfiles del Carnaval.

Ellos son ahora los que salen a asustar y hacer reír a los carnavaleros, pero todo bajo la batuta del abuelo, quien solo asiste a los conversatorios, charlas, reconocimientos y los acompaña a uno que otro desfile, pero su trabajo está en mantener la lucha por que se conserve el amor por este disfraz, que es su orgullo y legado patrimonial.

Hijo del carnaval

En el patio de su casa ubicada en la carrera 8 con calle 48 del barrio El Santuario, en el sur de la ciudad, es donde los primeros rayos del sol sorprenden por estos días de carnaval al viejo Ismael Escorcia, quien se mantiene ocupado fabricando disfraces. Allí sentando en una butaca, en camisilla y pantalón largo remangado, en medio de alambres, espumas, papel, pegantes, pinturas, icopor, pinzas, alicates, tijeras, destornilladores trabaja, mientras cuenta anécdotas, y deja escapar algunas carcajadas.

A sus 90 años de edad sigue siendo un hombre que mantiene un espíritu carnavalero intacto, el mismo que lo impulsa a trabajar con la ayuda de algunos sobrinos y nietos, en su disfraz y en otros monstruos que produce y que desfila su hija. Asegura que fue criado con leche que le servían de la misma teta de la vaca y comiendo bocachico. El martes pasado él solo tomó un bus, atravesó la ciudad, para llegar a la Vía 40 a la sede de la Aduana de Barranquilla donde le estaban rindiendo un homenaje al disfraz.

Tarantino

 Ismael Escorcia  trabajando en con la cabeza de Quentin Tarantino.

Foto:

Óscar Berrocal/EL TIEMPO

“Allá llegó como si nada”, cuenta en medio de la risa Wilfrido Escorcia, quien dice que su padre a la edad que tiene aún tiene fuerzas hasta para ir a los estaderos de salsa a meterse sus petacazos de ron blanco, el trago que ha tomado desde joven. “Los meseros ya lo conocen y atienden de manera especial”.

Ismael Escorcia Medina nació el 17 de febrero de 1930, en plena temporada carnavalera, en el municipio de Calamar (Bolívar) a orillas del río Magdalena, por eso dice que le gusta tanto esta fiesta. Para crear el disfraz se inspiró en los macabros cuentos del burro sin cabeza que le echa su abuela para obligarlo a comer, y como representación de la violencia de mediados del siglo pasado, protagonizada por liberales y conservadores, que cobró la vida del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948, situación que marcó su vida.

Es una catarsis y un festivo rechazo a la violencia que aún persiste en el país después de 66 años del disfraz

Cuenta que creció jugando en las aguas del río, en donde en más de una ocasión salió corriendo despavorido al ver pasar cadáveres flotando sin cabeza, de hombres y mujeres que eran masacrados por la lucha partidista. Esa violencia tocó un día la puerta de su casa, cuando su familia de descendencia liberal comenzó a ser perseguida por los conservadores, quienes dominaban el pueblo, lo que obligó a su madre a huir con él y dos hermanos, para evitar que los mataran. Se refugiaron en Barranquilla como desplazados, y pasaron muchas necesidades. (También le puede interesar leer las carrozas que desfilarán en la Batalla de Flores)

A sus 19 años de edad quiso registrar ese momento de dolor y de todas las víctimas de la violencia con disfraz en el Carnaval de Barranquilla. Aprovechó que trabajaba como pintor en los talleres de la EPM para armar la primera estructura de ‘El Descabezado’, moldeada con varillas, retazos de trapos y papel, la que se estrenó en el Carnaval de 1954, como homenaje al caudillo liberal, para lo que vistió al disfraz con la elegancia de saco y corbata que identificó a Gaitán.

Recoge la realidad 

En estos 66 años del disfraz son muchos los reconocimientos que ha recibido su creador por entidades como la Cámara de Representantes, el Concejo de Barranquilla, Carnaval de Barranquilla S.A, la Secretaria Distrital de Cultura, el Carnaval de las Artes, y en el 2009 Wilfrido Escorcia Salas, el hombre que hoy encarna la segunda generación del disfraz, fue escogido Rey Momo del Carnaval.

Pero también ha sido objeto del análisis y el centro de charlas de reconocidos investigadores y académicos de la cultura popular del Caribe colombiano y de los carnavales, que miran como el disfraz es una especie de memoria histórica de la violencia que ha sembrado luto y dolor en el país, y que hoy está representada por grupos paramilitares, guerrilleros y los mismos organismos del Estado.

El Descabezado

El Descabezado de Pedro El Escamoso es uno de los más aplaudido por la gente.

Foto:

Prensa Carnaval de Barranquilla S.A

La investigadora cultural y profesora de la Universidad del Atlántico, Mirtha Buelvas, recuerda que a través de los disfraces del carnaval se recoge una realidad, que en muchos casos es proyectada por los medios de comunicación y que estos gestores culturales la toman y transforman. “Los disfraces escogen los temas que están a la orden del día y es la comunidad la que los avala. Si tienen éxito se quedan”, señala al reconocer que El Descabezado representa un momento de esa era realidad del país. (Conozca los planes que puede hacer en los carnavales de Barranquilla).

Para el investigador e historiador Jairo Solano, este disfraz es una representación teatral que surge en un contexto de la violencia que se generalizó en el interior del país después de asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. “Es una catarsis y un festivo rechazo a la violencia que aún persiste en el país después de 66 años del disfraz”, dice.
Mientras que para Aura Aguilar Caro, PhD en Educación intercultural y docente e investigadora Universidad Simón Bolívar, El Descabezado en definitiva una forma de protesta desde lo cultural; que en el fondo gime por los derechos y la dignidad humana.

n definitiva la cultura a través del carnaval es un factor proyector que nos alienta la existencia; en esa hipnosis colectiva durante 4 días

“Nos enseña que en Colombia hemos connaturalizado la muerte, incluso, se puede estar muerto en vida; sobre todo cuando la inseguridad impide ser libres totalmente y siempre el colombiano tiene un chip a ultranza de la defensa personal; que nos hace resilientes en medio de la guerra. En definitiva la cultura a través del carnaval es un factor proyector que nos alienta la existencia; en esa hipnosis colectiva durante 4 días”.

Un proyecto cultural

Hoy en día ‘El Descabezado’ rinde homenaje a unos 15 personajes entre ellos, El Pibe Valderrama, Edgar Rentería, Joe Arroyo, Fidel Castro, Diomedez Díaz, Pedro El Escamoso, entre otros, los cuales son sacados de la realidad y la actualidad.

“Todos los años toca renovar e innovar y el personaje que esté de moda”, explica Wilfrido Escorcía, quien cuenta que este año una de las cabezas nuevas que saldrá es la del director de cine Quentín Tarantino, cuya visita se anunció el año pasado en el Festival de Cine de Barranquilla, lo cual fue falso, y en el que se le iba hacer un homenaje a El Descabezado.

Gran Parada

Este es uno de los disfraces de El Descabezado que sale en los desfiles del Carnaval.

Foto:

Vanexa Romero/EL TIEMPO

Todas estas cabezas permanecen expuestas en el Museo del Descabezado en el barrio El Santuario, carrera 7H con calle 47, a la vuelta de la casa del viejo Ismael Escorcia, en donde se encuentran todos los trofeos, medallas, diplomas, artículo de prensa y demás reconocimiento del disfraz.

Wilfrido lanzó la propuesta al Distrito de hacer una ruta cultural que permita tener muestras vivas todo el año del carnaval. “Que los turistas lleguen al museo y vean la actuación de los descabezaos, siguen para donde las marimondas, congos y demás disfraces, danzas y comparsas que se pueden presentar”, subraya.

LEONARDO HERRERA DELGANS
corresponsal de EL TIEMPO Barranquilla
En Twitter: @leoher69