Colombia

Dilemas gubernamentales

Fuera de los efectos de todo orden en el comportamiento de las personas y las costumbres sociales, la crisis sanitaria que hoy se ceba sobre el planeta ha vuelto a sacar a flote eternos “dilemas” que enfrentan los gobernantes y las sociedades mismas.

No ha sido fácil hacer compatible la libertad integral del hombre con la necesidad de guardar un orden que garantice la vida en comunidad. Por ejemplo, en Colombia suele decirse que la Constitución del 86 privilegiaba la conservación del orden a toda costa y que la del 91 es la de la “libertad”. Pero tales afirmaciones no son necesariamente ciertas.

Bajo la Carta del 86 hubo claros abusos, pero también amplias expresiones de rebeldía social y política.

Y la actual, en esencia, conservó con otro nombre las facultades excepcionales al Presidente para mantener el orden público.

Una de las instituciones más “temidas”, sobre todo durante la Violencia, fue el ‘toque de queda’ que ordenaban los presidentes –y a veces los alcaldes– mandando a dormir a todos hasta el día siguiente –bajo amenaza de pernoctar en un calabozo– para evitar disturbios, o para proteger a la gente, como nos decían a los niños de entonces en el Tolima, de los ‘chusmeros’ y ‘chulavitas’.

Algunos mayores de 50 años recuerdan que el 20 de abril de 1970, el presidente Lleras Restrepo, en televisión y mirando su reloj dijo: “Son las ocho de la noche. En una hora no puede haber nadie en la calle. El Ejército tiene orden de disparar” ¡Quién hubiera pensado que hoy tendríamos toque de queda por meses, no por razones políticas o de orden público ni para protegernos a todos de hechos violentos, sino de la propagación de un virus mortal! En este caso la libertad de locomoción ha tenido que ser “sacrificada” en beneficio de la salud general.

Otro ‘dilema’ –el del tamaño del Estado– por años ha sido objeto de discusión. A pesar de que tenemos una Constitución que establece que la dirección de la economía está a cargo del Estado, poco a poco se fueron privatizando muchas prístinas funciones estatales como la salud, la educación, la prestación de los servicios públicos y hasta la seguridad.

Hoy, con la amenaza de la pandemia, lo que claman es que el Estado tome el manejo de la situación y en cierta forma se le pide ser el gran dispensador de la salud. Seguramente cuando todo esto pase volveremos a pensar en repotenciar el papel del Estado.

Parecidas consideraciones caben sobre el fenómeno Estado central vs. descentralización. Tras el régimen federal vigente entre 1863 y 1886, la Constitución conservadora de ese año diseñó la fórmula “centralización política y descentralización administrativa”. Y no obstante la descentralización política establecida con la elección popular de alcaldes y gobernadores, subsisten dos paradojas.

La primera, que gobernadores y alcaldes aún dependen de lo que “consigan” en el nivel central. En esta crisis del coronavirus he oído a esos funcionarios quejarse de que las pruebas tomadas en sus regiones deben llegar a Bogotá y esperar que el Instituto Nacional de Salud (INS) las envíe 15 días después. En esta emergencia, ¿por qué no establecer sedes del INS en las capitales para la pronta entrega de resultados? Valdría la pena tomar en cuenta la carta que le envió el procurador Fernando Carrillo al Ministro de Salud alertando sobre el hecho y advirtiendo que hay más de 10.000 muestras, en relación con las cuales no se conocen los resultados, con el consiguiente riesgo de propagación de la enfermedad.

Y la segunda, que en materia de orden público el Presidente puede dar instrucciones a gobernadores y alcaldes y hasta suspenderlos en sus funciones por desacato.

En todo caso, el ‘dilema’ entre salud y economía es falso. Pero como la pandemia puso al descubierto que millones de compatriotas solo viven del rebusque callejero, un inadecuado manejo de la economía puede llevarlos, por desespero, a incumplir el aislamiento, agravando la propagación del virus.

Este hecho también indica por qué no se debe desmantelar el Estado. Con seguridad el Gobierno y las fuerzas productivas encontrarán un equilibrio para enfrentar eficazmente la pandemia sin perjudicar la economía.

Alfonso Gómez Méndez

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