Colombia

De cómo Google conquistó el mundo y los medios se diluyeron

El contenido diario de decenas de miles de medios de comunicación ha sido clave para el crecimiento de Google. Para decirlo de otra manera: el material generado por esos periódicos, cadenas radiales y noticieros a lo largo y ancho del planeta, durante tantos años, le sirvió como gran trampolín para convertirse en un coloso global.

Cierto es que en dicha relación simbiótica ambos se beneficiaron, pero la balanza se inclinó desmedida e incontrolablemente a favor de la empresa de Mountain View.

Hoy, Google, a través de su matriz Alphabet Inc., es la quinta compañía más grande del mundo. Los medios, por su parte, pese a los millones de clics que llegan a sus portales a través del motor de búsqueda, luchan por su supervivencia. Miles de ellos ya ni existen. Atribuirles a Google o a las redes sociales la crisis de los medios sería la salida fácil. Es un asunto mucho más complejo. Si bien su cuota de responsabilidad no es menor, es en las malas decisiones, la falta de visión, el poco trabajo en equipo del gremio y un excesivo grado de comodidad por parte de estos últimos donde se comienza a entender su precaria situación.

Cuando los medios decidieron regalar hace más de 20 años su activo más preciado –la información–, sin saberlo le pusieron la cruz al equilibrio de su modelo de negocio. Poco a poco, el negocio publicitario fue migrando a esas empresas que, a punta de embelesarles los oídos con generación de clics, se quedaron con más del 90 por ciento de la tarta publicitaria.

Con invitaciones a Silicon Valley, foros rimbombantes sobre el futuro de las noticias y limosnas ocasionales envueltas en frases como “estamos dichosos de contribuir al desarrollo de los portales de noticias en la era digital y seguir apoyando el periodismo”, Google frenó cualquier sublevación que pusiera en riesgo su estrategia de crecimiento.

Los medios, cada cual jalando hacia su lado, terminaron timados y enredados en la compleja telaraña del gigante gringo.

Frente al escaso margen de maniobra de la prensa en este nuevo ecosistema, en los tribunales de competencia de algunos países se han dado pasos para tratar de reequilibrar la balanza. En Francia, por ejemplo, la Alianza de Prensa de Información General llegó a un acuerdo con Google hace unos días para que remunere a la prensa por concepto de derechos afines.

A esto se llegó, por supuesto, luego de una fuerte pugna en la que los medios demandaron a Google y este, de manera unilateral, comenzó a hacer menos visible el contenido de los periódicos que se negaran a permitirle seguir explotando gratis sus noticias. Los medios recularon y ahí es donde entró la Autoridad de Competencia.

En Australia, el regulador culminó un trabajo de 18 meses que llevaría tanto a Facebook como a Google a negociar un precio justo por el uso del contenido noticioso y enlaces generados por los medios locales. El asunto, que ya está en el Parlamento, ha desatado la ira de Google, que amenazó con eliminar todos sus servicios de ese país. El Gobierno, de momento, no se ha dejado chantajear. “Australia es la que establece las reglas de lo que se puede hacer en Australia”, ha dicho el primer ministro, Scott Morrison.

Aunque ambos hechos son un hito importante, ninguno de estos ejemplos va a resolver el problema que enfrenta la prensa. Su dependencia de Google es inclusive peor que la de un adicto a su ‘dealer’. A los medios, el motor de búsqueda se les volvió imprescindible para vivir y no son capaces de romper el vínculo. Y Google lo sabe, por eso abusa y se sabe poderoso.

Quizá llegó el momento de que el gremio de medios deba sentar una posición muy agresiva que a corto plazo pueda resultarle muy perjudicial, pero que a la larga le garantice no solo su supervivencia, sino posibilidades de crecimiento. Abandonar Google. Complejo, pero no imposible.

DIEGO SANTOS


Analista digital
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