Colombia

Cuidar la matica del turismo

Señor Director:

Excelente la noticia del crecimiento turístico en Colombia, magnífico y necesario como un elemento más de ingresos para el país, pero ojalá no olvidemos que a ese fenómeno, como a las maticas, hay que echarle agüita para que no muera.

Nos falta mucha disciplina social y cívica para mostrar nuestro país dignamente. Los usureros de las playas cobran precios exorbitantes por un plato de sopa; el desaseo y mugrero de muchas calles de nuestras principales ciudades, los indigentes rodean los restaurantes para pedir un bocado y una limosna.

Así mismo, los vendedores de chucherías acosan al turista hasta el cansancio; los ladrones de celulares, carteras, dinero y maletas en los aeropuertos, los taxistas deshonestos que se aprovechan de los extranjeros por el desconocimiento del idioma, la proliferación de hostales de medio pelo ilegales y sin control de sus servicios... En fin, la lista puede seguir.

Lo malo es que son vicios eternos que siempre existen y seguirán existiendo. Hemos crecido con ellos desde que nos conocemos, sin que se les encuentre solución fácil y pronta.

¿Será que algún día tendrán cura? Lo dudo.

Jaime Cadavid Álvarez


Bogotá

Teusaquillo

Señor Director:

El pasado 24 de febrero dijeron que la personera de Bogotá ha solicitado a la alcaldía mejor protección para Teusaquillo, el histórico barrio que fue residencia de conocidos y fogosos líderes políticos como Laureano Gómez, quien se miraba en un espejo para preparar sus gestos y ademanes antes de sus coléricas diatribas parlamentarias contra el liberalismo.

Recuerdo que hace años organicé un elegante almuerzo político ofrecido por el entonces ministro de Salud para celebrar un arreglo conciliatorio entre dirigentes de las provincias de Boyacá, en el restaurante La Reserve de Teusaquillo, y a la hora del postre crêpe suzette, un comensal lo rechazó diciendo: “Para mí, cuajada con panela raspada de Togüí, únicamente”.

Miguel Roberto Forero García


Bogotá

Los vendedores y el espacio público

Señor Director:

Acerca de su editorial ‘Otro pico y placa’ (26-2-2020), me parece muy importante que la alcaldía esté tomando cartas en el asunto de los vendedores informales. Según ese comentario, unas 85.000 personas viven de vender en la calle. ¿De ellos cuántas personas dependen?

Es justo y necesario que la alcaldesa se preocupe por este tema, que tiene mucho de humano y de social.

Ellos tienen derecho al trabajo, pero también está la otra parte, que es el peatón, muchas veces sin tener por dónde transitar debido al comercio informal. El espacio público necesita ser defendido, porque es de todos y para todos. Por eso, lo ideal es que se hagan las cosas bien, en el justo medio, pensando en el interés común.

Este tema es fundamental para Bogotá. La 7.ª peatonal debe ser eso, peatonal.

Pedro Samuel Hernández


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