Colombia

Cuba, enhuesada

No me gusta que la situación con Cuba, por cuenta de la responsabilidad que nos achacan en su inclusión en la lista de EE. UU. de promotores del terrorismo, nos esté llevando a unas relaciones diplomáticas tormentosas, y nos alejen de las fluidas y colaborativas que veníamos teniendo en los últimos años, hasta donde se lo permite a su gobierno el culto a la revolución.

Inicialmente, según reconoce una nota verbal de protesta de la cancillería cubana, “desde el 8 de agosto del 2018, el actual gobierno de Colombia, al más alto nivel, mantuvo múltiples intercambios con Cuba y con el propio Alto Comisionado para la paz, señor Ceballos Arévalo, con el Eln, en aras de continuar con los diálogos, (…) constituyendo estos intercambios un reconocimiento tácito al papel de garante de Cuba y a la presencia legítima de la delegación en su territorio”.

¿Qué dice hasta ahí el comunicado de la cancillería cubana? Que el proceso con el Eln iba marchando en el gobierno Duque bajo los presupuestos en que lo había dejado enmarcado el gobierno Santos. “Pero esta situación cambió abruptamente a raíz del atentado ocurrido en la Escuela de Cadetes de Policía de Bogotá el 17 de enero de 2019”. ¿Qué pasó?

El gobierno Duque, ante la muerte de 22 estudiantes y un terrorista, consideró rotas las negociaciones preliminares y retiró a los negociadores su calidad de tales. Sendos jueces de la República emitieron órdenes de captura y fueron solicitados en extradición.

Cuba se ha negado rotundamente, alegando que ella es garante de unos protocolos que dejó firmados Santos aplicables en caso de que esas conversaciones se rompieran, como sucedió.

Pero para el Gobierno colombiano esto no fue cualquier rompimiento. Fue “un acto terrorista cuya responsabilidad fue reconocida por el Comando Central del Eln”.

Aquí arrancan dos corrientes de pensamiento sobre la validez de esos protocolos, ambas con tesis válidas. Los primeros sostienen que Cuba debe cumplirlos en estrictos términos jurídicos, ya que el protocolo tiene un objetivo específico: garantizar la vida de los negociadores en su regreso al país, si no hay un acuerdo. Si están sentados negociando, dicen, se sobreentiende que es porque existe un conflicto por resolver y que por eso es imposible pactar, como prerrequisito de los protocolos, la no comisión de ningún delito, mientras estén sentados a la mesa. De hecho, antes de la carnicería de la Escuela de cadetes, ya sentados en la mesa, el Eln siguió cometiendo sus barbaries: secuestros, voladuras del tubo, reclutamiento de menores. Y nada de esto había sido suficiente para romper conversaciones. Por el contrario, estas siguieron hasta el atentado. Que por grave, aleve y sangriento que hubiera sido, no convence a quienes así piensan, de que las garantías se desactivaron y de que, por lo tanto, Cuba debe extraditar a los jefes elenos.

Otros lo ven distinto. Piensan que los protocolos se escriben para que sean activados en el caso de un rompimiento, que de manera esencial se entiende como un “no poder ponerse de acuerdo” en uno o varios puntos que construirían el acuerdo pretendido. Algo va de ese desacuerdo en la agenda de negociación a un carro bomba que asesina 22 estudiantes.

Con el agravante de que en su nota verbal inicial, Cuba le reconoce a Colombia algo histórico, que parecería fortalecer sus argumentos. Que “las autoridades cubanas expresamente establecieron como condición, a la delegación del Eln, que se atuviera única y estrictamente al exclusivo propósito de su presencia en Cuba: negociar la paz en Colombia”.

¿Incumplió gravemente el Eln con la condición estricta de su anfitrión cuando planeó los terribles actos de guerra de la Escuela de Policía Santander? Cuba era garante de que el Eln construyera la paz, no la guerra, que fue lo que finalmente hizo.

Pero de llegarse a aceptar esta tesis, dicen los primeros, casi que se haría imposible en un futuro conseguir garantes internacionales, porque nadie querrá asumir la responsabilidad de que el Eln no vuelva a cometer delitos mientras esté negociando, y eso, siendo sinceros, es imposible.

Lo cierto es que ha trascendido que Cuba está molesta, incómoda y enhuesada con los del Eln. El costo de la movida de EE. UU. es fuerte para su gobierno. Y como la actual situación no tiene manera de volverse indefinida, aquí, de pronto, hay espacio para una nueva modalidad de negociación entre Colombia y el Eln, Cuba mediante, o cambiando los negociadores o enviando los de allá a negociar acá. Es cuestión de imaginación y de tantica ayuda del Nuncio Apostólico.

Entre tanto… Su semiautoría de los benditos protocolos hasta le costó la presidencia de Asocaña al buenazo del exministro Frank Pearl.

MARÍA ISABEL RUEDA

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