Colombia

Cuando la muerte habla más de la vida que de ella misma

Ira Sachs se queda pensando, espera unos segundos y responde: “¿Qué aprendí sobre la vida al hacer esta película? Que en cada momento hay miles de historias, que en un instante puede haber una historia de amor, de fragilidad, de tragedia, de felicidad... Así es la vida, cada momento está lleno de emociones contrariadas, y creo que aprender a aceptar estas contradicciones es el reto de la vida. Y espero que quienes vean ‘Frankie’ aprendan eso, lo mismo que yo aprendí”.

‘Frankie’ pareciera más una historia sobre la muerte, de ahí que el director se sorprendiera con la pregunta, pero es que las mismas respuestas de él son reflexiones en torno a la vida. Y él mismo concluye que sí, que es sobre vivir. De eso trata esta película, que estará en cines del país desde el próximo jueves.

‘Frankie’ es la primera película europea del director norteamericano. Fue filmada en Portugal con un elenco de reconocidos actores de diversas nacionalidades: Isabelle Huppert, la ganadora del premio de la Academia Marisa Tomei, el nominado al Óscar Greg Kinnear, el actor británico Brendan Gleeson, el belga Jérémie Renier y Pascal Greggory, entre otros.

Tejida impecablemente como una partitura musical, ‘Frankie’ habla de las diversidades intrafamiliares y nuestras limitaciones humanas. Tres generaciones descubren que un día puede cambiar sus vidas en Sintra. Son sus últimas vacaciones antes de que su matriarca, Frankie, enfrente el último capítulo de su vida.

(Lea también: ‘Parásito’: un híbrido indescifrable que es todo un éxito en cine)

Fue estrenada en el Festival Internacional de Cine de Cannes en 2019, donde estuvo en competencia, y, posteriormente, hizo parte de la selección oficial del Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF).

EL TIEMPO habló con Sachs.

¿Por qué eligió a Isabelle Huppert para Frankie?

Yo conocí a Isabelle hace tres años. Me escribió cuando salió ‘Love is strange’. Empezamos a hablar de trabajar juntos y tuvimos una gran conexión creativa. Ambos estábamos descubriendo cosas nuevas. Para mí ella es una de las más divertidas, originales y arriesgadas actrices hoy en día. Fue emocionante tomar riesgos con ella.

¿De dónde surge la historia?


Yo estoy en los comienzos de mis 50 años, y en los últimos 10 años he estado más cerca de la muerte y la enfermedad de lo que había estado antes. Estuve en el último capítulo de la vida de tres mujeres que quiero mucho: mi abuela y dos amigas, y lo que me chocó de esa experiencia fue lo inesperada que fue, que lo que pensé que sería una tragedia en torno a la muerte, fue más sobre la vida, el disfrute y lo descomplicado. La muerte no opaca la vida.

¿Por qué eligió Portugal, y en específico, Sintra?

El coescritor Mauricio Zacharias es brasileño, pero su familia es portuguesa, y él sugirió Sintra. Recordé que yo había estado allá en unas vacaciones familiares cuando tenía 14 años, y estaba intrigado por la idea de Sintra. Pero en realidad, estuve más seguro cuando pasé un par de semanas allá y sentí una relación emocional muy fuerte con esa tierra. Sentí que había algo que tenía que decir y compartir con la audiencia sobre ese lugar.

¿Qué le gustaría que la gente se lleve de su película?

Espero que recordar. Es una película en la que la gente se refleja de formas sorprendentes e íntimas. Creo que también avanzar en la película es una experiencia intensa. Quiero que se sientan cómodos, que disfruten. Es una película sobre la familia, las relaciones, la intimidad y el deber, entonces espero que sea un placer.

La historia ocurre en un solo día, pero cuando uno la ve se siente muy cercano a los personajes, se genera una especie de conexión con ellos...

Sí, espero. Creo que en general en mis películas nunca trato de cucharear esa conexión entre los personajes y la audiencia en la medida de que aíslo a la audiencia al comienzo. La esencia es creer que hay un mundo que existe y que tiene su propio lenguaje y con el pasar del tiempo de la película tú aprendes ese lenguaje, aprendes cómo funcionan las relaciones. O sea, empiezas como un observador y a medida que pasa la historia terminas dentro de ella, eres parte de la familia. Creo que también tiene algo de documental, ya que la realidad existe antes de la película, espero que se perciba que hay una vida antes y después de la película.

Es una película en la que la gente se refleja de formas sorprendentes e íntimas. Creo que también avanzar en la película es una experiencia intensa

¿Aprendió algo sobre la muerte mientras hacía esta película?

Grabamos una película que ocurre en un solo día, pero estuvimos grabando por meses, entonces estábamos lidiando constantemente con las sorpresas que la naturaleza y la luz nos daban. Ocurrió el primer huracán en los últimos 200 años en la región mientras estábamos grabando, hubo un incendio forestal, hubo toda una serie de eventos naturales épicos, y lo que descubrí es que yo no podía controlar estos eventos, y el proceso de hacer la película fue un proceso de aceptación. Tuve que abrazar la naturaleza y todo lo que nos traía en lugar de resistirme. Y creo que eso es una verdad que uno solo puede aceptar en un momento, siempre se cree que uno controla las cosas, pero en ciertos momentos pueden ocurrir revelaciones sobre tu falta de control de la historia que tu vida está contando. Ahora que lo pienso, esta es una película sobre la vida.

¿Frankie perdió su joya en el bosque?

(Risas) Sí, ella la perdió. Isabelle dijo que esta es una película muy aguda, con momentos brillantes, y ese es uno de esos momentos. Diría que, en cierta forma, eso es lo excitante de la película, se siente que es como un río que fluye suave, pero que ocasionalmente se encuentra con un vidrio y te puedes parar en él. Creo que esos momentos agudos son muy importantes para el impacto de la película.

En la última escena van a un lugar que es Fin da Terra, es muy simbólico...

Es cerca de esa colina. Aunque no es la versión turística de ese lugar, sí es el fin de Europa. Es el fin cuando la familia camina hacia allá, pero cuando regresan es cuando vuelven a la vida.

SIMÓN GRANJA MATIAS


Redacción Domingo