Colombia

Cali busca el antídoto para frenar la 'epidemia' de hurtos

Amanda Valencia Jiménez la robaron esta semana. Sucedió a plena luz del día – las 8:30 de la mañana - a las afueras de la estación del MÍO de la Torre de Cali. Dos hombres la amenazaron con un cuchillo. En el argot criminal a aquella modalidad la llaman “coger de quieto”. A Amanda la “cogieron de quieta”.

Para evitar ser apuñalada, les lanzó la bolsa ecológica en donde llevaba todo: sus documentos personales y $500.000 que debía consignar. En Twitter, un familiar suyo pidió auxilio. Que por favor aparezcan los documentos. Dejó un teléfono por si alguien los encuentra: 3002750890.

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El mapa de hurtos a personas en Cali coincide con el mapa donde se ubican las estaciones del Sistema Integrado de Transporte Masivo, MÍO. Es decir: donde más roban – o por lo menos donde más denuncian – son los corredores por donde pasa el transporte público, además de sus estaciones y los buses. También el centro, especialmente la Plaza de Cayzedo.

Las denuncias por hurto a personas incluyen el robo de celulares y se cuentan por miles. En los últimos 4 años (2016 – 2019) 56.155 personas denunciaron haber sido víctimas de algún robo, según los datos de la Fiscalía, recogidos en un documento de la Secretaría de Seguridad y Justicia. La media es de 1170 denuncias de robos a personas al mes; 39 al día.


Aunque hay meses en los que las denuncias se disparan y hay un subregistro altísimo. Un estudio del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Icesi – Polis – dice que el 75% de los ciudadanos que son víctimas de robos no denuncian.

Cuando los investigadores de Polis les preguntaron por qué, el 45% de los encuestados aseguró que “las autoridades no hacen nada”. Otros consideran que los medios para denunciar no son efectivos. En resumidas cuentas, pese a esfuerzos de la Policía como la recuperación de teléfonos robados, un gran porcentaje de ciudadanos no confía en las autoridades.

Las estadísticas ofrecen otras pistas. El barrio donde más roban en Cali es San Pedro, en el centro. En los últimos 4 años allí se reportaron 1460 denuncias por hurto a personas. Le siguen los barrios El Calvario, San Fernando Viejo, El Lido, San Nicolás, Sucre, San Vicente, Guayaquil, Urbanización Tequendama y Lili.

La mayoría de los robos se cometen con armas de fuego, lo que incrementa la sensación de inseguridad. Según el Observatorio de Seguridad de la Alcaldía, los “días críticos” son jueves y viernes, entre las 6:00 de la tarde y las 9:00 de la noche.

En el centro roban sobre todo con armas cortopunzantes - cuchillos, machetes, navajas, aunque en ocasiones usan destornilladores - y los atracos se cometen sobre todo los lunes y los sábados, entre las 6:00 y las 9:00 de la mañana, cuando los caleños llegan a su lugar de trabajo o a hacer compras.

Como los celulares y el dinero en efectivo, las bicicletas parecieran golosinas para los delincuentes. Según el Observatorio de Seguridad de la Alcaldía, entre el 1 de enero y el 11 de diciembre de 2019 se reportaron 370 ‘burras’ robadas.

“Las comunas 19, 3, 17, 2 y 9 concentran el 53% de las denuncias por hurto a personas”, se lee en el informe de la Secretaría de Seguridad y Justicia.

robo farmacia

Robo afuera de una farmacia quedó registrado en video.

Especial para El País

Al secretario de dicha dependencia, Carlos Alberto Rojas, le llama la atención la gráfica de los hurtos a establecimientos comerciales en los últimos cuatro años. Es un zig – zag. Picos altos, y picos bajos.

– Quiero preguntarle a la Policía qué se hizo para lograr esos picos bajos. Me reuní con los comerciantes del barrio Granada y aseguran que los botones de pánico que se instalaron en algunos locales y restaurantes no sirvieron. No estoy seguro de eso. Se debe evaluar. Lo positivo es que hay una baja en este delito – dijo el Secretario.

En total, entre 2016 y 2019, en Cali se reportaron 11.542 denuncias a establecimientos comerciales; el 10% de las empresas y negocios registrados padecieron un hurto. Aunque efectivamente en el último mes de 2019 las denuncias bajaron. La Policía le atribuyó aquel logro a la desarticulación de bandas como ‘Los Juniors’.

San Pedro, en todo caso, también figura como el barrio en donde más roban al comercio, aunque ni siquiera los centros comerciales y sus alrededores están blindados. En 2019, en la Fiscalía reportaron 40 hurtos a establecimientos ubicados en la misma zona de un ‘mall’ del sur.

En el sector del Lili es donde los delincuentes se roban más carros. En 2019 se reportaron 2137 vehículos robados, una media de 153 al mes; 77 fueron hurtados en ese barrio; 216 desde 2016. Le sigue San Fernando Viejo; 29 carros se robaron allí el año pasado, la mayoría en el Parque del Perro. Es el mismo barrio donde, hace seis años, le robaron el carro al actual secretario de Seguridad, Carlos Alberto Rojas. Lo había dejado parqueado a las afueras de la Universidad del Valle, “con todos los seguros puestos”.

robo salón de belleza

El robo tuvo lugar en un salón de belleza del sur de la ciudad.

Especial para El País

Aunque el mapa de ‘calor’ de los vehículos hurtados en Cali en realidad son puntos azules en toda la ciudad.

La modalidad que prefieren los delincuentes para llevarse los vehículos es el halado. Las bahías de visitantes de las unidades residenciales y carros dejados alrededor de parques o sobre andenes son el blanco preferido. A veces se arriesgan un poco más. Del parqueadero – vigilado – de una pizzería de El Ingenio se robaron un auto de alta gama.

Los miércoles, jueves y viernes, entre las 9:00 de la mañana y las 3:00 de la tarde, son los horarios preferidos de las bandas dedicadas a este delito. El motivo quizá es que a esa hora no hay demasiados trancones, lo que les permite escabullirse.

El oriente, de otro lado, es donde más hurtan motos. En 2019 se robaron casi 3000. Barrios como Ciudad Córdoba, El Morichal, Valle Grande y Alfonso Bonilla Aragón lideran las estadísticas de denuncias.

En redes sociales circuló el video de un hombre que estaba con su esposa y su hijo en una farmacia en Alfonso Bonilla Aragón. De repente, dos jovencitos con cachucha ingresaron al establecimiento y mientras uno le apuntaba con un revólver, el otro le arrebató las llaves de la moto. Al salir hicieron un disparo a los pies de la víctima, quien solo atinó a saltar.

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Los caleños se sienten inseguros. Para ser exactos, el 64% de los ciudadanos percibe a Cali peligrosa, según el Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Icesi – Polis . Y el miedo es determinante en las decisiones que tomamos a diario.

Por ejemplo – dice Polis - en la ciudad existe un “grupo poblacional” que prefiere no salir de noche, como medida de prevención.

Otros deciden llevar menos dinero en el bolsillo y eso tal vez se explica con un dato: el 87% de los caleños se sienten inseguros en los cajeros automáticos. El miedo se propaga como virus con historias de hurtos que corren voz a voz o con hechos como los de esta semana: el robo, con explosivos, de un cajero de la Avenida Pasoancho.

– El crimen afecta la forma en que nos relacionamos. Lo vemos en el comportamiento de los ciudadanos en el mercado del usado. La gente evita comprar motos de segunda porque duda de su procedencia. O no cita a nadie en la casa para mostrar el sofá que está vendiendo porque siente temor de que el comprador sea un ladrón. Cali es una ciudad que desconfía. Incluso hay personas que se sienten inseguras en parques o en su lugar de trabajo – dice Lina Martínez, la directora de Polis, filósofa, experta en políticas públicas y a quien hace algunos años un delincuente, cuchillo en mano, le arrebató su bolso.

La sensación de inseguridad repercute también en la salud mental. En los barrios del oriente, donde se concentra un gran porcentaje de los homicidios, hay mayores tasas de depresión, ansiedad y estrés. También de obesidad. La gente prefiere encerrarse en casa que salir al parque, según una investigación de Polis.

Aunque encerrarse sale costoso. En Cali, con tal de evitar ser robados, estamos dispuestos a comprar rejas, cámaras, alarmas, polarizados. El gasto promedio mensual en medidas de seguridad alcanza los $152.000.

“Los caleños que están dispuestos a pagar un impuesto para financiar medidas de seguridad pública, pagarían en promedio $65.000 mensuales, y esperarían que su dinero estuviera destinado a mayor presencia policial y más cámaras de seguridad”, se lee en el informe de Polis.

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El Secretario de Seguridad y Justicia, Carlos Alberto Rojas, asegura que está tomando decisiones para intentar disminuir los robos. Entre ellas ubicar policías infiltrados en las estaciones del MÍO y conectar el sistema de cámaras de las estaciones del masivo con el comando de la Policía.

También, continuar con una tarea que inició el secretario anterior, Andrés Villamizar: marcación de vehículos. Los delincuentes saben que un espejo marcado con el número de la placa del carro baja de precio en el mercado de lo robado, por lo que lo descartan.

El Secretario también solicitará que los recursos de la tasa de seguridad del departamento que pagamos en la factura de los servicios públicos se inviertan en la ciudad.

Con el Inpec está buscando alternativas para que los presos que no representan peligro para la sociedad por su estado de salud o por otros motivos terminen de pagar sus condenas en casa, y que los delincuentes de alta peligrosidad a los que les dieron casa por cárcel retornen a prisión. En Cali, un alto porcentaje de los delitos son cometidos por condenados que no cumplen la medida de prisión domiciliaria.

El economista con énfasis en políticas públicas, Álvaro José Pretel, hace unos meses Coordinador del Observatorio de Seguridad de la Alcaldía, propone además que Cali, para disminuir los hurtos, aplique el modelo que ha permitido la reducción sostenida de los homicidios: consolidar información sobre cómo, dónde, cuándo y a qué horas se cometen los delitos para planear las estrategias.

– En el caso de los hurtos es muy difícil consolidar la información. Mientras que a diario matan a tres personas en promedio, lo que sigue siendo altísimo, los hurtos se cuentan por decenas. Entonces el primer reto es crear un sistema de información que permita consolidar esos casos de hurtos, homogenizarlos en una base de datos, y a partir de esa información planear las intervenciones. Ese es un reto muy grande que en Cali se empezó a abordar desde la Alcaldía anterior, cuando se creó el Comité de Hurtos - dice Álvaro.

Que la mayoría de robos se cometan con armas de fuego, agrega, supone otro reto: controlar el mercado de las armas ilegales.

– Y otro tema a revisar son las armas cortopunzantes. Cualquiera puede ir por la calle con un cuchillo en el bolsillo y no existe ninguna sanción. Es un tipo de arma con la que se cometen demasiados homicidios y hurtos. Es una discusión que se debe dar a nivel nacional – dice Álvaro, quien tampoco se ha escapado de los delincuentes.

Cuando tenía 14 años, recuerda, lo robaron cerca de su casa, por el sector de La Nave, en Siloé. El ladrón se sentó a su lado mientras él esperaba el bus. Lo amenazó y le pidió el dinero: $2000. Hace unos meses lo intentaron robar en el semáforo de la Avenida Roosevelt con 39, pero alcanzó a percatarse de los delincuentes.

Cali es una ciudad donde todos sus habitantes tiene una historia por contar cuando de robos se trata.

Caleños opinan sobre la sensación de seguridad en la ciudad

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El País

Medidas

“Vamos a pedirle el celular a los ciudadanos para verificar su procedencia”: Policía

El nuevo comandante de la Policía en Cali, el brigadier general Manuel Antonio Vásquez, advierte que no pretende justificarse, pero considera que en la lucha contra el hurto los ciudadanos tenemos una responsabilidad.

– La cadena criminal del hurto inicia por la ejecución de ese delito que afecta e intranquiliza a los ciudadanos, pero se hace exitosa porque hay receptación. Es decir: hay quien compre artículos robados. Lo vemos con los celulares. Todos queremos estar a la vanguardia de la tecnología. Por eso un teléfono de alta gama que lo ofrezcan en $500.000 pareciera una gran oportunidad para el bolsillo. Y mucha gente de buena fe compra sin verificar la procedencia del aparato. En algunos casos esos teléfonos pueden estar siendo investigados porque fueron usados para cometer homicidios o extorsiones. Además, técnicamente, son colchas de retazos, reparados con repuestos de segunda, aunque a simple vista luzcan bien. No hay garantía. Así que, tanto por las implicaciones legales, como por el funcionamiento, la compra de un celular robado ‘barato’ podría salir muy costosa.

Según el Comandante de la Policía de Cali, además de los operativos contra las bandas organizadas, y la presencia de agentes en puntos estratégicos como el sistema de transporte masivo como disuasión del delito, entre sus objetivos está hacer campañas para combatir “la cultura de la ilegalidad”.

Incluso, los policías están facultados para solicitarle el teléfono a cualquier ciudadano, y verificar con el número Imei si está reportado, o no, como ilegal. En caso de que esté reportado, se inicia un proceso judicial por receptación.

En muchos casos, insisto, uno se encuentra con personas de buena fe: estudiantes, obreros, amas de casa. Pero cuando un delito como el hurto de celulares toma tanta fuerza hay que implementar estas medidas. Lamentablemente la cultura de la ilegalidad se está multiplicando, y comprar estos artículos incentiva el hurto como empresa criminal - agrega el general Vásquez.

Álvaro Pretel, quien coordinó el Observatorio de Seguridad de la Alcaldía, considera de otro lado que una estrategia que se debe implementar para desincentivar el hurto es realizar controles “a diario” o “semanales”, en los locales donde compran artículos robados. Las autoridades ya los conocen. Cuando se han encendido los gps de algunos teléfonos hurtados, aparecen ubicados en el centro de la ciudad.

Lina Martínez, directora del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Icesi, Polis, advierte, sin embargo, que la problemática de la seguridad es tan compleja, que para lograr evidenciar resultados de impacto se requieren varios años de intervenciones sostenidas.

– Si se mira 20 años atrás, las condiciones que les tocaron a nuestros padres eran muy distintas a las actuales. Hoy estamos en un mejor país, tenemos más oportunidades, acceso a educación, pero necesitas 20 años de acumulado para mirar hacia atrás y ver esos cambios. Pasa exactamente en cualquier política pública, y en especial en lo relacionado con el crimen. Es un problema muy complejo. El crimen se volvió una empresa. Y hay un legado que dejó el narcotráfico muy triste: la ganancia fácil, rápida. Quizá si no hubiéramos padecido el fenómeno del narcotráfico hoy tendríamos una manera distinta de ganarnos la plata. O si tuviéramos un sistema de justicia más eficiente y una sociedad más justa. Es una interconexión de muchos factores. Entonces se necesita tiempo acumulado de intervenciones para ver mejoras, y puede incluso darse un empeoramiento de un año a otro, lo que desalienta. Los avances no van al mismo paso que los retrocesos.

Por último, agrega la directora de Polis, una tarea imprescindible en la lucha contra el hurto es evaluar las estrategias que se ponen en marcha y los resultados de las inversiones. Evaluar es la única manera de saber si lo que se está haciendo sirve o no.

– Los ciudadanos deben conocer los réditos que se lograron con los recursos públicos invertidos.