Colombia

Black Pumas: de tocar en la calle a ir tras el Grammy

Eric Burton, el cantante de los Black Pumas, acaba de salir de su meditación diaria. Está descansando en su casa en Austin, Texas, hogar de la banda alternativa de soul más importante y el festival más grande de música, cine y tecnología de Estados Unidos, SXSW. Tanto el festival como la carrera de Burton y de su banda —nominada al premio Grammy junto a Billie Eilish por su álbum debut— están en un incierto “veremos”, pero los ejercicios de respiración del día de hoy lo llenan de paciencia y de vida, y agradece, de alguna forma, la parálisis global, a pesar de afectarlo directamente.

“Ahora que estamos encerrados, también se nos ha obligado a estar en contacto con familia, amigos, novias… y en ese proceso, me ha obligado a entrar en contacto conmigo mismo”, dice, con el placer y la tranquilidad posteriores a la sesión.
A sus 29 años, la experiencia de Burton como músico callejero haciendo busking —término que se usa en inglés para lo que se conoce como “chisga” en la cultura de la música en vivo en Colombia— le brinda en tarima un talento en concierto que no se estudia en academias ni conservatorios.

Luego de diez años de cantar canciones de otros y de compartir espacios públicos con transeúntes y músicos por igual, el carisma y la conexión del cantautor con públicos de todo tipo encontró en el guitarrista Adrian Quesada —anteriormente de la banda texana Grupo Fantasma, ganadores del Grammy a mejor banda por su álbum El Existential, de 2010— al socio que su inspiración y destreza necesitaban.

Luego de conocerse en 2017 a través de un amigo con quien estaba organizando su propio estudio casero —los productores con los que había conversado para poner a andar sus propias canciones no habían convencido a Eric—, Quesada y Burton compartieron gustos y canciones y rápidamente establecieron la química que ambos estaban buscando.

Con una serie de maquetas y sonidos provenientes de la imaginación de Quesada y con la habilidad de Burton para escribir y cantar canciones, los Black Pumas editaron su primer álbum a mediados de 2019 y se ganaron el Austin Music Award a la mejor banda nueva en vivo ese año, y posteriormente hicieron un poderoso circuito de promoción por todos los grandes programas de televisión de Estados Unidos, incluyendo el de Ellen Degeneres, Jimmy Kimmel y Jimmy Fallon.

“Detenerse en medio del trajín del negocio de la música le da a uno la oportunidad de extrañar lo que se hace y de agradecerlo, también. La comunidad de músicos de Austin es una comunidad vibrante, a pesar de que todo está detenido”, dice, ya saliendo un poco del trance de la meditación. “Eso le da a uno fuerzas para que cuando todo vuelva a comenzar, sea a toda máquina”.

¿Es optimista?

Tengo mucho optimismo, creo que es bueno que se nos obligue a bajar el ritmo. Creo que está bien.

¿Cree que lo que nos está pasando es una manera de la naturaleza de devolvernos lo que le hemos hecho?

Hasta cierto punto sí. Tenemos una conexión importante con este planeta en el que vivimos, con ser de la tierra. Sí creo que es una respuesta de la Tierra frente al desbalance que como seres humanos producimos sobre ella. Y que por eso toca dar un paso atrás y ver lo más importante, ser mucho más honestos con quienes verdaderamente somos. Solo espero que sea una oportunidad para que esta especie, tan inclinada a buscar el placer, encuentre en este aislamiento forzado un nuevo camino de sanación.

Se puede ser el mejor músico o el mejor compositor del mundo, pero si se está tocando en la calle, así es como la gente lo ve a uno: como un músico callejero.

¿Cómo comenzaron?

Adrian y yo venimos de lugares muy distintos, pero compartimos el gusto por mucha de la misma música. Eso tiene mucho que ver con la razón por la que terminamos haciendo música juntos. Yo estaba trabajando como músico callejero con otro grupo, viajando hacia California, luego de una larga gira callejera por todos los estados y grandes ciudades de la costa pacífica. De vuelta a Austin, empecé a planear mi álbum como solista, luego de 11 años de carrera en la calle. Todas esas canciones que había escrito terminaron en manos de Adrian, quien tenía a su vez un puñado de pistas de soul en las que llevaba un buen tiempo trabajando. No creo que tuviera una dirección específica sobre qué tipo de música se iba a hacer con esta combinación, pero sin duda estaba muy inspirada en el soul y el hip hop y algo de rocarol.

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Adrian no sabía exactamente cómo “atacar” estas canciones. Probablemente me envió entre 15 y 17 instrumentales… Nos conocimos a través de un productor amigo llamado Brian Ray (Etta James, Paul McCartney), quien me estaba ayudando en aquel momento a superar la curva de aprendizaje del montaje de mi propio estudio. Estaba montando un estudio porque quería un sonido bien especial y luego de hablar con muchos productores, me di cuenta que no lo iba a encontrar, así que decidí buscarlo por cuenta propia. En ese proceso de la construcción de mi estudio en casa en Austin, invité a Adrian para que viniera y me ayudara con una canción, para ver su proceso de trabajo. Luego de eso, Adrian se fue con una de esas canciones y luego de unos meses, reconectamos para ver qué había salido. El resultado fue la grabación de las dos primeras canciones del disco, Fire y Black Moon Rising.

Siempre es asombroso ver cómo la conexión entre latinos y afroestadounidenses causa algo de conmoción. Cada que nos juntamos algo maravilloso pasa. Me recuerdan un poco a esa conexión entre Joe Bataan y Afrika Bambaataa que pasó en los años setenta, con la llegada del ‘hip hop’.

Definitivamente. Yo soy de Los Angeles, entonces me ha influenciado muchísimo la cultura latina de allá, así como a Adrian lo ha influenciado la cultura del hip hop de la que vengo yo. Aunque nuestros orígenes son distintos, es siempre increíble encontrar a alguien con quien se comparten esos vínculos de inspiración. Ahora, cualquier vínculo de esa naturaleza es válido, con quien se tenga: asiático, puertorriqueño, negro… cuando se halla ese vínculo, siempre da frutos de maneras encantadoras, sin importar de dónde venga o el color de la piel que tenga.

¿Qué cosas cantaba usted cuando estaba en la calle?

Mucho folk, hermano… Neil Young, escuchando a Bob Dylan (me gusta mucho esa capacidad de contar historias), tocando The Beatles…una de mis canciones favoritas para interpretar es Sitting On The Dock Of The Bay, de Otis Redding, y en el proceso tenía cuatro o cinco covers que toqué durante mucho tiempo. Usé la experiencia en la calle como una herramienta de composición, escribía las canciones y las cantaba para ver qué resonaba con el público, y lo tocaba una y otra vez. Como tocaba con otros músicos y compartíamos el dinero, dejaba que los demás hicieran sus covers, y cuando yo cantaba me atrevía a cantar mis propias canciones. Pero digamos que en la calle la canción que más me funcionaba era Fast Car de Tracy Chapman.

¿Cuáles son las ventajas y las desventajas de tocar en la calle en esta era moderna?

La gran desventaja es no poder concentrarse totalmente en la música como oficio, porque no hay tanto dinero en la calle, a menos que uno esté muy entrenado en el aspecto entretenido de pararse en una esquina a cantar. Eso implica cantar las mejores canciones, las que se sabe todo el mundo, también… pero yo nunca me involucré de esa forma. Me fui por el camino más difícil, el de no cantar las canciones que entretuvieran a la gente, porque se las saben.

No quería jugar al bufón callejero porque respeté siempre mi perspectiva artística, el intelecto que viene con no tocar lo que todo el mundo está oyendo. Otra desventaja es que tocar en la calle es también estar en el lugar más bajo de la carrera musical, y se puede ser el mejor músico o el mejor compositor del mundo, pero si se está tocando en la calle, así es como la gente lo ve a uno: como un músico callejero. Hay gente que es capaz de ver la belleza del arte musical un poco más claramente, con un espectro más amplio de lo que uno está haciendo, pero para la mayoría de la gente, si estás tocando en la calle, estás en la calle, y punto. Así lo perciben a uno, porque así es como uno se está mostrando.

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Y la ventaja es que si uno es bueno en sí mismo, y si está feliz disfrutando su vida en ese oficio, ya sea tocando puros covers o escribiendo música, al final del día, no va a importar si se hizo mucho dinero o si los factores externos de tocar están atados a la calle. Si a uno le gusta lo que está haciendo, cómo o dónde lo hace no es necesariamente importante para ser feliz.

Tocar en la calle es sin duda una experiencia que construye humildad, en la medida en que ayuda a formar el arte que uno está haciendo. En el proceso de tocar en la calle uno aprende a leer muy bien el lenguaje corporal de la gente, porque ve uno cuando la gente se detiene o no a escuchar. Y eso ha mejorado mucho mi trabajo en tarima, así como la capacidad de escribir las canciones que creo que pueden gustarle a la gente y que me hacen el artista que soy hoy.

Es solo arte moderno, mi hermano. Acepto lo que digan, de todos modos. Respeto lo que la gente tenga que decir del arte que hacemos

¿Qué cosas viejas y nuevas influenciaron el sonido de los Black Pumas?

Sé que Adrian estaba oyendo mucho a Ghostface Killa y a los Temptations al tiempo, y eso construyó la instrumentación del álbum. Yo estaba oyendo de todo. Yo trato de referenciar muchas cosas de muchos artistas cuyos colores siento que me vienen bien a mí a la hora de cantar, así que, vocalmente estaba muy inspirado, en un principio, en esos artistas de folk. Eso fue un reto. Luego de estar cantando solo con una guitarra durante todo el tiempo, era difícil llegar a una banda, y traer mi voz de folk a este ensamble de soul me preocupaba, no sabía si le iba a hacer justicia a este grupo y a sus canciones.

Escuché mucho a Wilson Pickett, Otis Redding, Al Green… y me gustaba la actitud de Jimi Hendrix. Todas esas cosas conectaron, me hicieron quien soy en el grupo, al mismo tiempo rindiendo honor a la voz propia, a mi voz. Adrián, por su parte quería un disco que, entre otras cosas, admitiera de algún modo que el hip hop como género. La mayoría de la gente que se acerca al soul quiere hacerlo parecer a lo que sucedió en los años 60 y 70. Pero estamos en 2020. Queríamos que se viera la evolución de la música soul luego de que apareciera el hip hop.

Los llaman con mucha frecuencia una banda psicodélica, pero no me ha mencionado nada de ese tema, más allá de Jimi Hendrix. ¿Se siente parte de una banda psicodélica?

Hay cositas. Pero no suficientes para llamarnos una banda psicodélica. De pronto una que otra puntada de lo que hacemos puede referirse a ese tema, pero no creo que seamos realmente psicodélicos. Siempre he disfrutado la actitud de Jimi Hendrix, pero no creo que busque ser exactamente como él. Las referencias al tema psicodélico son muy sutiles, pero yo sí siento que lo nuestro es un soul alternativo y moderno. Es solo arte moderno, mi hermano. Acepto lo que digan, de todos modos. Respeto lo que la gente tenga que decir del arte que hacemos, y me gusta que exista ese espacio para que digan qué creen que es.

Nos quedamos con las ganas de verlos este año pero sé que se pospusieron las fechas para Suramérica, así que definitivamente espero que si todo vuelve así sea a un poquito de normalidad, en especial para quienes amamos los conciertos, que podamos verlos el año que viene.

(En español) Muchas gracias, Alejandro. Que tenga buen día, hermano.

-ALEJANDRO MARÍN


Para EL TIEMPO
​Director de la emisora La X 
Autor del libro Historia secreta de la música (2019).
​Para oír el pódcast de esta entrevista, haga clic aquí.

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