Colombia

Atinar con la piedra

23 de octubre de 2020

Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

En el barrio no contábamos con un lago o un río cerca, ni lejos; en cambio las hordas de niños teníamos a disposición descampados inmensos sembrados de una zarzamora experta en adherirse a nuestras ropas, cargada además de unas espinas que atrapaban la piel de nuestros brazos como si se tratará de diminutos anzuelos; y barriales apenas cruzados por un esbozo de carretera. A estos últimos íbamos para jugar al canto, aunque entonces no sabíamos que era eso. Estaba claro sin embargo que el más valiente del día, el líder temporal de aquella pandilla de niños, era quien tirara más lejos la piedra, o lograra, como lo hubiéramos acordado, golpear, con la misma piedra, primero un objetivo y luego otro. Dar a dos piedras o más, con la misma, era un logro superior, era alcanzar la sabiduría suprema. Ninguno hubiera estado dispuesto a aceptar que en tal caso era la suerte la que lo había acompañado, aunque los demás le gritaran entre empujones que había sido mera chepa. Yo tenía suerte, pero obviamente nunca quise reconocerla, y atribuía mi eventual éxito a que había escogido bien la piedra que iba a lanzar; siempre estuve convencido de que en aquello residía la razón de mí triunfo: era capaz de recoger el canto más adecuado, el del peso y la forma apropiada, y pensaba que, sabiéndolo tirar desencadenaba aquella sinfonía de causas y efectos, hurtados al azar. Luego, habiendo logrado alguno el éxito o no, regresábamos triunfales a las mismas escalas de siempre donde nos sentábamos a narrar lo sucedido, como si regresáramos de haber librado una batalla, para olvidarlo todo en los siguientes minutos, cuando alguna de nuestras madres ordenaba el ingreso a casa.

Sí, creíamos que tirábamos aquellas piedras con la precisión necesaria para ser los causantes de los golpes subsiguientes. Como si se tratará del billar, que nunca aprendí a jugar, en el que las bolas son perfectas, la mesa plana, y el taco preciso. Como si todo fuera regido por la geometría, fundada en líneas, aristas y ángulos: bella, exacta y posible.

He pasado por la calle que era un esbozo, aquella en la que era un maestro arrojando piedras contra piedras. Ya no hay barro, ni bosques de arbolocos, ni zarzas, ni peñascos, ni peligros. Todo además esta limpio y no hay cantos rodados regados por la vía.

Elegid una vida al azar y estudiadla:/ alegra, complica y afecta a otras vidas,/ se extingue. ¿Qué es lo que queda?/ El destino arroja una piedra y el círculo de su vibración/ alcanza las orillas más remotas/ … si hubieran de seguirse todas las ondas, las huellas/ de una vida cualquiera …/ Y continuásemos más hasta contemplar no sólo las ondas/ expandidas/ y las vida afectadas, sino incluso los secretos ocultos/ de las personas de las que ni siquiera tuvo noticia,/ el mundo no podría albergar los libros/ que sería necesario escribir a fin de dar cuenta de las acciones,/ efectos, resultados, beneficios y pérdidas provocadas por su vida/ y su muerte…”, escribió el poeta norteamericano Edgar Lee Masters, cuando en Acta del juicio, intentó, porque además era consciente de que apenas era posible hacer el intento, narrar la vida y muerte de Elenor Murray.

A pesar de la belleza del canto rodado, de su lisura y forma, provoca un cataclismo, imprevisto e insondable, cada vez que se mueve, o lo mueven. La mano de quien lo arroja es apenas una herramienta secundaria, lo importante, realmente, es la piedra. Juan Forn imagina que sus columnas en Pagina 12 son: “…como esas piedras encontradas en la playa, puestas una al lado de la otra a lo largo de una absurda, inútil, hermosa repisa, que rodea un comedor en el que unos cuantos conversan y fuman y beben y distraídamente manotean alguna de esas piedras y la entibian un rato entre sus dedos y después la dejan abandonada entre las copas y los ceniceros y las tazas con restos secos de café. Y cuando todos se van yo vuelvo a ponerla en la repisa, y apago las luces…”.

Esas piedras luego las arroja Forn contra sus lectores, y los golpea, y después a otros, o al otro que seremos unos días después. Igual pretendió hacerlo Lee Masters con la historia de Elenor, así como pretende cualquiera que narre una historia, en un libro o alrededor de una hoguera; sabiendo incluso del fracaso al que se enfrenta, pero sin importarle. Y así sucede con nuestras vidas y nuestros pequeños gestos cotidianos. A veces somos el canto rodado que golpea, a veces el canto golpeado.

Seguiremos siendo aquellos niños que, triunfales, declaraban poder gobernar el destino, o al menos atinar con la piedra.

Manizales, 23 de octubre de 2020

Football news:

Holand continues to insist that he is a monster. Fastest in the history of the Champions League scored 15 goals (and added 16)
Koeman on the victory over Dynamo Kyiv: We achieved our goal-we reached the playoffs
Solskjaer on 4:1 with Istanbul: Manchester United played intensely, enjoyed the match. We want to be 1st in the group
Forward Ferencvaros Troll Cristiano: celebrated a goal in his style. Ronaldo responded with a goal and a very angry look
Morata scored 5 goals in 4 games in the Champions League for Juve. His best result is 5 in 12 games in the 2014-15 season
Holand has scored 15 goals in the Champions League the fastest. 7 games better than the record
Ludicrous omission of the Champions League match: the Brugge forward did not want to transfer to the bus, and he was kicked out