Colombia

Así sobreviví al infierno de las calles, donde viví desde los 13 años

Cuando Alejandra Maya cumplió 13 años dejó atrás su infancia y se enfrentó a drásticos cambios. Decidió asumirse de una vez por todas como mujer, pese a que nació en el cuerpo de un niño. Se fue de su casa. Probó las drogas. Dejó el colegio. Fue víctima de explotación sexual comercial infantil en el centro de Medellín. Y engrosó las listas de personas en situación de calle en la ciudad.

Cuando Alejandra Maya cumplió 18 años su vida volvió a cambiar radicalmente. Salió de las calles. Dejó las drogas. Terminó el bachillerato. Y hoy, a los 20, es secretaria en la oficina de Luis Bernardo Vélez, presidente del Concejo de Medellín. Los cinco años que pasaron entre ambas edades estuvo sumida en un infierno.

Fue la segunda de seis hermanos, nació en el barrio Efe Gómez, de la comuna Doce de Octubre, en la capital antioqueña, pero desde los 7 años vivió en Bucaramanga. Cuando regresó a Medellín tenía 13 años y había cursado hasta el grado sexto.

Para entonces, tenía muy claro que las dudas y el descontento que la acompañaron desde muy pequeña debían solucionarse. Por ello, se reconoció a sí misma y se mostró ante los demás como una niña y acogió Alejandra como su nuevo nombre.

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“Desde chiquitica me preguntaba por qué mis gustos eran diferentes a los de los niños. No me gustaba jugar con carros, crecí con una idea y un sentir, como si algo me hablara, de que yo era una niña, no me gustaba esa imagen masculina que tenía. Y, a mis 13 años, tomé la decisión de empezar la transformación hacia una mujer”, cuenta. Era un paso que tenía que dar, aunque sabía que mucha gente que quería se alejaría, otros no la iban a entender y algunos más la iban a discriminar.

No me gustaba jugar con carros, crecí con una idea y un sentir, como si algo me hablara, de que yo era una niña, no me gustaba esa imagen masculina que tenía

Pero la transformación de Alejandra llegó con la salida de su casa materna. Buscó hogares del ICBF y allí comenzó a estudiar. Al mismo tiempo, conoció la vida del centro de la ciudad.

Y consumió sustancias psicoactivas por primera vez. Su estadía en los hogares no era constante, escapaba y podía vivir hasta cinco meses en las calles. Regresaba cuando se veía muy mal.

“Era un ir y venir. Siempre me recibían porque era menor de edad. Al principio, recién llegada al centro me tocó dormir en el suelo en una calle. El consumo de drogas era cada vez mayor y ya no pude salir de ellas”, recuerda. En ese ciclo se convirtió en víctima de explotación sexual, la experiencia que considera la peor que le tocó vivir.

El círculo era más que vicioso. Vivía drogada ante la explotación sexual y el poco dinero que le daban, por el delito que con ella cometían siendo solo una niña, lo invertía en drogas. Sin embargo, conoció a un chico y con él empezaron a pagar una habitación en un hotel del centro. No volvió a dormir en el duro asfalto. Pero su vida estaba destruida.

Alejandra Maya, exhabitante de calle de Medellín

La joven forma parte del equipo de trabajo del presidente del Concejo de Medellín, Luis Bernardo Vélez.

Foto:

Esneyder Gutiérrez

En este momento, según datos de la Secretaría de Inclusión de Medellín, en la ciudad hay 3.381 habitantes de calle y 20.971 personas en contexto de calle, es decir, como Alejandra.

“Me quedaba tres o cuatro días sin dormir, parada en una esquina, consumiendo drogas, me di cuenta de que eso no era vida”, dice con un tono de seguridad, al tiempo que mueve las manos adornadas con unas uñas largas y bien arregladas, hoy, cuando toda su historia de vida en la calle es solo pasado.

Para cuando se dio cuenta de que “eso no era vida” ya tenía 18 años. No era una opción regresar al hogar del ICBF, ya era mayor de edad. Por eso, se dirigió a Centro Día, un lugar creado para brindar atención a los habitantes de calle. Allí le dijeron que ella no clasificaba como una de ellos, pero sí como una persona en contexto y situación de calle. Y le ofrecieron apoyo para iniciar un proceso de resocialización.

“Yo acepté porque en la calle estaba viviendo situaciones de soledad, angustia, depresiones, vulneraciones, no era feliz”, expresa. Alejandra fue aceptada en una de las granjas Somos Gente, espacios en los cuales los ex habitantes de calle no solo cultivan productos diversos, sino que también pueden estudiar, capacitarse en oficios y recibir atención psicosocial. Todo, para que logren sacar adelante un proyecto de vida que les permita alejarse de su pasado.

Alejandra llegó a la granja 3, ubicada en Barbosa, municipio al norte del valle de Aburrá. Acababa de cumplir la mayoría de edad y su deseo era terminar el bachillerato.

Fueron 18 meses durante los cuales estudió, hizo cursos en servicio al cliente, cocina y panadería, confecciones, manejo de residuos sólidos y emprendimiento. Además, recibió apoyo emocional y de trabajo personal para superar la adicción a las drogas.

En las tres granjas productivas Somos Gente lideradas por la Alcaldía de Medellín hay actualmente 181 personas que reciben atención, mientras que en el cuatrienio anterior 377 terminaron su proceso de resocialización allí.

Granja Somos Gente 2

Esta es una de las granjas Somos Gente. Allí se cultivan principalmente lechugas, cebollas y flores. Algunos productos son comercializados en Mercados Campesinos.

Foto:

Jaiver Nieto / Archivo EL TIEMPO

Alejandra se graduó el 27 de noviembre de 2019, pero nunca se imaginó que su primer trabajo sería en el Concejo de Medellín. En diciembre del año pasado, el entonces concejal electo, Luis Bernardo Vélez, visitó la granja y conoció la historia de Alejandra.

Él fue el promotor de estos espacios para exhabitantes de calle, cuando se desempeñó como Secretario de Inclusión Social, Familia y Derechos Humanos, en la administración pasada.

“Un día fue a mirar los procesos, nos conocimos y empezamos a hablar, se impactó con mi historia y hablando le dije que lo que más uno necesitaba era no sentirse solo porque muchas personas terminan el proceso de resocialización pero salen a la calle y, al verse solos, recaen. Después, me ofreció ser secretaria, mandé la papelería y de una acepté”, cuenta Alejandra.

Ahora, en la oficina de Presidencia del Concejo de Medellín hay un escritorio para ella. Del programa de resocialización, ella salió el 2 de enero de este año y, cinco días después, fue su primer día de trabajo. Poco a poco se ha ido adaptando y se siente muy feliz de la positiva acogida que le dieron sus compañeros y el respeto que le profesan.

Alejandra Maya, exhabitante de calle de Medellín

Alejandra tiene 20 años y hace dos comenzó su proceso de resocialización.

Foto:

Esneyder Gutiérrez

De acuerdo con el concejal Vélez, en este caso hay un ejemplo de doble vía. Por un lado, ella demostró que sí se puede culminar la resocialización de forma exitosa y el Concejo probó que es importante apoyar a quienes lo logran para que no desfallezcan en el camino y apostar por el respeto a la diversidad.

“Nosotros creemos que tiene que haber oportunidades para estas personas, como el caso de Alejandra, que egresan de muchos procesos pero no terminan en nada. Es clave que tengamos un final feliz para estas personas, que mejoren el vínculo, la red de protección y que haya una oportunidad real laboral para que sigan mejorando y avanzando en su proyecto de vida”, manifestó Vélez.

Alejandra empezará a vivir con una tía, si bien, cuenta con el apoyo de su madre y su padre en todo este proceso. También espera empezar a estudiar, en el segundo semestre de este año, una técnica que le permita fortalecer los conocimientos que requiere para su trabajo.

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