Colombia

Asedio en Ituango

El diagnóstico no parece admitir mayores equívocos, siquiera matices: mientras haya cultivos ilícitos en Ituango, Antioquia, será imposible la paz.

Unas 800 personas, habitantes de 12 veredas del sector conocido como Cañón del Inglés, se vieron obligadas a abandonar sus hogares el pasado fin de semana por la disputa que por el control de dicho territorio libran dos grupos armados: el liderado por alias Gonzalito, alineado con el ‘clan del Golfo’, y la disidencia de las ex-Farc comandada por alias Quirico.

Los testimonios de estas víctimas muestran un panorama desolador: deben vivir bajo el yugo del terror impuesto por los ilegales, quienes pretenden controlar cada aspecto de la vida cotidiana, obligándolos incluso a carnetizarse y a sembrar coca para después vendérselas. Ahora sucede, como en tantas otras oportunidades en la historia del país, que no es claro qué grupo ejerce la hegemonía por lo que se desata una confrontación en la que los civiles son carne de cañón. Una historia, repetimos, tristemente conocida.

Es verdad que en este caso la respuesta oficial se ha dado de manera eficaz desde el más alto nivel. Desde la gobernación del departamento se ha dicho que el Ejército ya tiene copado un territorio en el que, además, está ubicado el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación de Santa Lucía, el cual, por orden del presidente Iván Duque, será trasladado próximamente, dado lo complejo del orden público en la región.

Que la Fuerza Pública haga su parte es necesario, pues estamos ante un corredor estratégico del crimen organizado. Pero es claro que si se quiere que una historia como esta no se vuelva a repetir, la solución pasa también por garantizarle a la población que es viable permanecer allí sin el acoso de los criminales. El primer paso puede estar en la implementación, como lo pide la gente, del Plan de Desarrollo con Enfoque Territorial.

EDITORIAL